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OPINIÓN Ay Nicaragua…Carlos Dada El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro atiende hoy citatorios judiciales. Director del semanario Confidencial y del programa televisivo Esta Semana, Carlos Fernando es uno de los periodistas nicaragüenses con mayor prestigio, un intelectual con toda una vida en el centro del mejor periodismo de ese país. Hijo del ex director del diario La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por el régimen somocista, Carlos Fernando dirigió el periódico sandinista Barricada incluso cuando su madre, Violeta Barrios, era presidenta de Nicaragua por el Partido Liberal. Ahora es el presidente Daniel Ortega, el líder sandinista, quien ha enfilado sus baterías contra Chamorro. Increíblemente, aunque oficialmente no se lo han notificado, públicamente lo han acusado de lavado de dinero por recibir fondos de la cooperación internacional en su ONG CINCO (Centro para la Investigación de las Comunicaciones), en un caso más de persecución política que de combate al crimen organizado. Es inconcebible una acusación de este tipo, cuando los fondos que recibe CINCO provienen de organizaciones como Oxfam o la cooperación danesa. Es tan absurda que no deja lugar a dudas de que se trata de un abuso de poder de Ortega y su esposa contra quienes se manifiestan críticos a su administración. Chamorro es, y siempre ha sido, un periodista crítico. Fue así con el gobierno de Arnoldo Alemán que después pactó con Ortega y fue así también con el gobierno de Enrique Bolaños. Me consta. La llegada de Ortega al poder no lo cambió como periodista, y especialmente ahora, cuando el matrimonio que ostenta el poder en Nicaragua comienza a desdibujar la poca institucionalidad que había en ese país, Carlos Fernando se ha comportado como un periodista profesional que está obligado a la denuncia de los atropellos del autoritarismo. Ese, el de la denuncia y la crítica, es uno de los roles primordiales del periodismo como contrapeso al poder en una sociedad democrática. Ahora que está siendo interrogado sin que la Fiscalía le informe aún de qué se le acusa (aunque el Ministerio de Gobernación hizo públicas las acusaciones que después han retomado, con encono, los medios de comunicación afines al gobierno), Chamorro se une a la lista de quienes Ortega ha considerado ya enemigos por oponerse a sus abusos de poder. Entre ellos se encuentran el poeta Ernesto Cardenal; los músicos Mejía Godoy; íconos de la revolución sandinista y hoy opuestos a que sus canciones se utilicen para la propaganda del régimen Daniel/Rosario; la excomandante Dora María Téllez; el exembajador sandinista en España y ex candidato presidencial del Movimiento Renovador Sandinista, Edmundo Jarquín; e incluso su ex vicepresidente tras el triunfo de la revolución, el escritor Sergio Ramírez. Tampoco es CINCO la única ONG acosada por el Gobierno de Ortega. Son 17 organizaciones No gubernamentales las investigadas por la Fiscalía nicaragüense por supuesto lavado de dinero. Poco queda de aquel caudillo revolucionario que prometía esperanzas a los nicaragüenses cuando El Salvador apenas comenzaba su conflicto armado. Poco queda de aquel hombre que simbolizaba, la primera vez que llegó al poder tras derrocar a Somoza, la liberación de un pueblo subyugado por décadas de cruel dictadura. Poco queda de aquel hombre que entró a Managua y que hoy, a la sombra de su esposa convertida en la conciencia nacional, dispone del Estado para aplastar a sus críticos. Ay Nicaragua, nicaragüita. De Alemán a Bolaños y de Bolaños a Ortega. Algún día, ojalá, no te irá tan mal. Decía Gioconda Belli en un poema: “¿Qué sos, Nicaragua, para dolerme tanto?” No conozco muy bien a los medios de comunicación en Nicaragua, pero sí a Carlos Fernando Chamorro. Es un hombre de probada honestidad y conciencia crítica, un periodista de esos que Centroamérica necesita más. Independiente, inteligente y valiente. Y además generoso y solidario. Esto también me consta. Somos muchos los que lo conocemos, y que estamos dispuestos a denunciar, adonde haga falta, este atropello a la libertad de expresión y este acoso a las organizaciones que no se someten a los designios del presidente Ortega y de su esposa Rosario. La democracia, de la que tanto urge el istmo centroamericano, requiere de una conciencia social crítica y exigente. La utilización del aparato de Estado para neutralizarla a través de la intimidación judicial es contraria a esa democracia a la que muchos aspiramos en esta nuestra Centroamérica; entre tantos, hay uno que se llama Carlos Fernando Chamorro y que hoy sufre las consecuencias del periodismo honesto. En esa democracia, el papel de los periodistas no es alabar a los gobernantes, ni obedecer y callar. El papel de los periodistas, y de la sociedad entera, es mantenerse vigilantes de cómo las autoridades hacen uso de los fondos, y de las instituciones, que son de todos los ciudadanos. |
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