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OPINIÓN Razonad sobre lo que queráis,
Julián González Torres* |
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Una sociedad ilustrada, como la pensó el filósofo Immanuel Kant (1724-1804), es aquella en la que los ciudadanos asumen la mayoría de edad, es decir, asumen la ardua faena de pensar por sí mismos, sin la tutela de otros. De ahí que para dicho autor el uso público de la razón es indispensable ya que permite cuestionar el orden socio-político y las ideas que imperan en la sociedad. Pero para Kant el diálogo público debe ser racional, es decir, debe estar bien fundamentado, suficientemente contrastado y lógicamente bien estructurado. En nuestra época valdría la pena recuperar ese ideal kantiano. Sería una forma de combatir la opinión ligera, el fundamentalismo religioso y los insultos que circulan, constantemente, en algunos medios de opinión pública.
Para algunos medios de comunicación insultar a funcionarios públicos es parte importante de sus notas editoriales. Tal es el caso de El Diario de Hoy. Por ejemplo, el editorial de dicho matutino del día 10 de septiembre, del presente año, se refiere a Violeta Menjívar, alcaldesa de San Salvador, como “La Reina de la Basura”. Es sabido que dicha práctica no es nueva en dicho medio, forma parte de su tradición. No obstante, dicha constatación no debería interpretarse en el sentido de “da igual, siempre han escrito así”; por lo tanto, no se puede hacer nada al respecto. Algunas personas manifiestan haber tomado la decisión de no leer más los insultos de dicho periódico. Esto parece sensato, pero sería mejor denunciar públicamente la situación. La construcción de una sociedad democrática ilustrada exige ciudadanos capaces de participar en la esfera de la discusión pública, pero con argumentos cuidadosamente fundamentados y respetuosos de los demás.
Otra forma de insultar a través de lo medios es siendo columnista de opinión. Como el siguiente título de una columna: “Inestable, engreído, ambiguo, cínico y, hoy, farsante”. Este texto se publicó el día 16 de julio del presente año en La Prensa Gráfica. Todos esos calificativos iban dirigidos al candidato presidencial Mauricio Funes. Uno podría pensar que a pesar de que el señor Ivo Príamo Alvarenga —autor de la referida columna— es un acérrimo crítico del presidente Hugo Chávez, en algo se parecen: a los dos les gusta insultar. Por supuesto, es lamentable que un periódico de gran trayectoria acepte publicar ese tipo de artículos. Democracia y libertad de expresión no son sinónimos de “libertad para insultar”. El debate serio y responsable de las ideas se fundamenta en la argumentación científico-filosófica y en el respeto a la persona con la que se está dialogando. Debemos preservar el derecho a la libertad de expresión y a disentir. Pero hay que exigir una participación ciudadana sólida en los razonamientos y ética en el trato hacia los demás.
Finalmente, también los medios reproducen en sus ediciones insultos de ciertos políticos. El día martes 23 de septiembre, del año en curso, El Diario de Hoy publicó una nota periodística en la que un diputado de ARENA califica a Mauricio Funes de “títere”, “monigote” y “payaso”. Cualquier estudiante de lógica sabe que cuando arremetemos contra las personas, no contra sus ideas, caemos en la falacia ad hominem. Pero, ¿conocerán algo de lógica los políticos? No lo sabemos. Por tanto, yendo más allá de dicha disciplina filosófica, ¿qué busca la investigación periodística en este caso? ¿Recopilar y publicar insultos o exigir declaraciones bien sustentadas, opiniones responsables, que en realidad contribuyan al debate de las ideas? Es evidente que se impone lo primero. ¿No es eso una decadencia de la profesión periodística? Lo paradójico —o cómico— del asunto es que esos adjetivos se lanzan contra un periodista que, durante el ejercicio de su profesión, siempre exigió respuestas suficientemente argumentadas a sus entrevistados.
En su libro Filosofar: enseñar y aprender (2007), el profesor Jean Charles Pettier plantea la provocativa idea de convertir el estudio de la filosofía en un derecho del ciudadano. El argumento principal del autor es que los sistemas democráticos tienen como pilar fundamental el valor de la libertad. Y el ejercicio de ésta supone la capacidad racional del sujeto para tomar decisiones. No se puede ser libre si no hay un uso autónomo de la razón. Ser libre es ser racional en el modo de vivir. Por lo tanto, si la reflexión filosófica cultiva la racionalidad crítica y creativa, la enseñanza de la filosofía sería de primordial importancia para educar al ciudadano en la puesta en práctica de su libertad. En pocas palabras, así como la libertad es un derecho, así también el estudio de la filosofía podría convertirse en un derecho, ya que las preguntas filosóficas, al despertar y cultivar la racionalidad del escolar, lo estarían educando para ser libre.
En nuestro contexto salvadoreño tal vez resulte demasiado ilusorio hablar de un derecho a estudiar filosofía. Pero sí valdría la pena re-pensar la enseñanza de la filosofía en bachillerato, ya que una adecuada enseñanza de dicho saber podría generar en nuestros jóvenes condiciones indispensables para construir una sociedad ilustrada. Una sociedad donde la emisión de opiniones públicas —o el uso público de la razón del que habla Kant— se haga de forma razonada, respetuosa y responsable.
De ser así, parafraseando a Kant, tendríamos que insistirles a nuestros educandos: Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero, por favor, no insultéis. En otras palabras, los educaríamos en el uso autónomo y responsable de su razón. Y si no logramos forjar gobernantes sabios —como soñó Platón— al menos tendremos políticos educados. Esto podría ser un buen comienzo para la construcción de una polis abierta e ilustrada.
En conclusión, escribir una columna de opinión para ofender a otra persona en nada contribuye al diálogo racional y democrático. Por otro lado, cuando un medio convierte los improperios de un funcionario en nota periodística no está siendo responsable con su trabajo. Es decir, ha fallado a su función propia como medio de comunicación y a su compromiso ético. Un periódico que insulta y tergiversa la información no debería ser leído. El derecho a la libertad de expresión no debe entenderse como derecho a insultar.
* Catedrático y Coordinador de la Licenciatura en Filosofía, UCA.
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