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OPINIÓN / EL MIRÓN

El aprendizaje de la ciudadanía y la moral de los políticos

Luis Fernando Valero
cartas@elfaro.net
Publicada el 08 de septiembre de 2008 - El Faro
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En los últimos días hemos asistido a un auténtico terremoto político porque varias personalidades políticas han sufrido en su “prestigio”.

Por ejemplo, de la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos,  Sarah Palin, se ha sabido que su hija Bristol está embarazada de cinco meses.

La ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, soltera, acepta que está embarazada de cinco meses y algunos comentarios especulan  quién puede ser el padre. Entre las cábalas van desde  un ex presidente español a varios ministros franceses y diputados.

En Nicaragua, Ernesto Cardenal se ve perseguido por la justicia nicaragüense a sus 83 años por decir lo que piensa del presidente Ortega, del que fue ministro de Cultura y éste a su vez ha sido acusado por Zoilamérica Narváez, hijastra del presidente de Nicaragua que en 1998 ya acusó al mandatario de abuso y violación sexual, y se está a la espera de que  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)  emita el informe final sobre la denuncia.

Podríamos seguir poniendo casos y casos de políticos cuya moral, en su sentido genérico, no ha sido muy ejemplar y sin embargo esto, en algunos países, no se tiene en cuenta y en otros es motivo suficiente para que se le invalide para el más mínimo cargo público.

De todos es conocidos que Edward Kennedy nunca pudo aspirar a ser presidente de Estados Unidos por la tragedia de Chappaquiddick. Gary Hart por una foto de una señorita en sus rodillas tuvo que retirarse de la carrera presidencial.

La cuestión está en si es correcto que la vida “privada” e “íntima” y sobre todo en aspectos sexuales condicione la elección de un político o dicho de otra manera hay derecho a invadir la vida privada íntima de un político hasta niveles intolerables.

¿Es importante saber quién es el padre del hijo de la ministra Rachida?

El que la hija adolescente de Sarah Palin, como otras centenas de hijas adolescentes norteamericanas, estén embarazadas, añade un ápice más a que la señora Palin sea buena o mala vicepresidenta.

Ante esta postura hay dos posiciones claras por parte de algunos analistas. En absoluto se puede invadir la vida privada a niveles íntimos. Otros dicen sí, cuando ellos han hecho gala de una vida personal privada íntima, impoluta para hacer campaña política.

Y aquí nace la cuestión. ¿Qué se diría de un político que es homosexual, ha habido casos, que en su vida pública legisla contra los homosexuales, dentro de una moral religiosa concreta, y luego se le “caza” en una orgía de homosexuales?

¿O qué hay del político que carga contra la prostitución y luego él es un cliente habitual de esos servicios?

Ya no lleguemos a casos como el de la  ministra de Asuntos Exteriores de un país nórdico europeo. El año pasado tuvo que dimitir porque pagó por error, con la tarjeta oficial,  una caja de higiene íntima personal, de menos de tres euros.

El problema es más complejo y nos lleva  a pensar que el aprendizaje de la ciudadanía es difícil y que la democracia que tiene como norma que todos los votos son iguales, a la hora de la verdad, la racionalización de los mismos y la capacidad de análisis no es igual.

Una sociedad democrática implica ineludiblemente la existencia de una educación política democrática y eso incluye el desarrollo de virtudes, si se quiere, capacidades para el ejercicio de la misma.

La libertad es un ejercicio difícil pues significa elegir y ello es sin ninguna duda educable y necesita un aprendizaje ya que las emociones en su más amplio sentido trastocan la elección. Del ojo por ojo de las sociedades antiguas hemos pasado a que nadie debe tomarse la justicia por su mano.

La educación política no significa adoctrinamiento, significa aprendizaje en libertad, de opciones que deben estar sometidas al imperio de la racionalidad, sin que ello quiera decir que los sentimientos y las emociones no deban ser tenidos en cuenta.

Es obvio que en la cultura que podemos decir latina, mediterránea, es más laxa en cuestiones sexuales que la nórdica o sajona. Y es evidente que en algunos países las corruptelas, el compadrazgo, el favoritismo son más aceptados que en otras sociedades.

Cuando se exhibió la película “Apocalypto” de Mel Gibson  hubo países centroamericanos que se sintieron atacados en su esencia nacional por cómo se describía la sociedad de aquella época y parece ser que en verdad, en algunos aspectos de violencia estructural no era falaz el film. Igual que la inquisición española tiene episodios lamentables en su largo desarrollo histórico, negarlos o ignorarlos no es la mejor forma de encontrar la verdad.

Lo mismo ocurre con los políticos actuales, muchos de ellos no son sinceros, en las encuestas de casi todos los países la profesión política no sale en absoluto bien parada en el ranking y cada vez se está observando más una desafección de lo que llamaríamos la ciudadanía hacia los políticos.

El filósofo español Fernando Savater, hablando del papel de la filosofía y la educación, señala: “La filosofía nace con la democracia y representa en el terreno intelectual lo mismo que ella en el político: la autonomía del individuo pensante frente a las veneraciones inapelables establecidas. Quienes por razones espuriamente funcionales tratan de disminuir hoy su peso en la enseñanza, pretenden sin duda también la sumisión al poder incuestionado y no la mera eficacia laboral.”

También no es menos cierto que en la actualidad hay demasiado aparato político en los partidos políticos, hay demasiada burocracia partidaria y poca libertad política y que en demasiados partidos políticos llega arriba no los mejores sino los que desafortunadamente no tienen otra cosa que hacer.

En una reciente encuesta en España se ha señalado que cerca del 18% de los cargos electos en los ayuntamientos y otros estadios políticos no tienen oficio ni beneficio, ello, como es evidente, obliga al  político a amarrarse a la poltrona como alma que se lleva el diablo.

Cuando una campaña política cuesta unos mil millones de dólares y que hay personas que se gastan de su fortuna personal 100 o 200 millones de dólares para llegar a un escaño, esa democracia está tocada del ala, pues no es tampoco justa con el que trabaja honradamente cada día y vive de un salario, está negado de todas las negaciones para llegar a un cargo en esa democracia. Y si le pagan su campaña, ya se sabe que quien paga manda. Por lo tanto la libertad del político queda en entredicho.

Ya no digamos de los políticos que hoy dicen una cosa, mañana dicen la contraria y al día siguiente dicen otra cosa y nunca absolutamente nunca rinden cuentas de sus actuaciones.

O el político que cree que está eximido de justificar sus actuaciones, sus gastos, de cómo gestiona el dinero publico. En este sentido El Faro ya ha tocado el tema en varias ocasiones.

Quizás debamos recordar al sabio español romano Séneca que señaló que la filosofía no es escribir tratados de filosofía ni mucho menos dar lecciones de la misma sino vivir de un modo determinado: con deliberación y conciencia, luchando contra la rutina mimética que todo lo arrastra y nada se pregunta.

A partir de las anécdotas del día, Palin, Rachida, Ortega, etc. preguntémonos qué calidad democrática tenemos y que ética social nos acoge.

 

 

 

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