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OPINIÓN No al voto de los salvadoreños en el exteriorVíctor Meléndez Artiga* Quiero expresar algunas consideraciones acerca del interesante debate sobre el voto de los salvadoreños que habitamos en el exterior. Se trata de un debate, como todos, con argumentos a favor y en contra del ejercicio del voto para los residentes en el extranjero, y expongo ambos, en ese orden, a continuación: 1. Es irrebatible el hecho de que uno de cada cuatro salvadoreños habita fuera de El Salvador. 2. Es también una evidencia estadística el dato de que las remesas que se generan desde el exterior, inciden de manera notable en las cifras económicas salvadoreñas, impactando sobre todo la inyección de circulante para el gasto corriente de la sociedad salvadoreña en su conjunto. 3. Así mismo muchas asociaciones de salvadoreños en el extranjero conservan fuertes vinculaciones con sus propias comunidades de origen, propiciando programas y proyectos de carácter desarrollistas que apoyan el bienestar y el bien ser de las poblaciones beneficiadas. 4. Por otra parte es de fundamental importancia mantener estrechos vínculos entre el Estado Salvadoreño y sus nacionales que radican fuera de sus límites geográficos, propiciando la conservación de las tradiciones, la cultura, y lo que se puede denominar la salvadoreñidad en general. 5. También es atributo ciudadano el conservar los derechos y obligaciones inherentes a los salvadoreños, con independencia de donde residan. Estos derechos están contemplados y normados por las leyes de la nación. Las anteriores consideraciones son hasta cierto sentido verdades absolutas, no obstante a la luz del criterio, del sentido común y de la experiencia, establecemos las siguientes reflexiones: 1. El hecho de que un salvadoreño cambie de domicilio o de país, lo obliga a tributar, a tener obligaciones y a ejercer derechos, en su nuevo domicilio o nueva nación, deslindándose de las que tenía en su anterior sitio de residencia. Si continuara tributando en su anterior patria, le permitiría seguir gozando de los originales beneficios con plenitud. 2. Las remesas que se generan en el exterior y que ingresan a El Salvador, son un subsidio o un préstamo o un donativo, pero por importantes que las mismas sean, no tienen justificación ética para exigir condiciones de intervención y decisiones políticas a cambio. Esto es similar a que un banco por prestar dinero determinara tener el derecho de elegir a las autoridades de una empresa, o que una institución de beneficencia como Cáritas por dar apoyo a una nación también obligara a que se le permitiera votar, o bien que los nacionales de Italia por haber recolectado fondos a favor de El Salvador, pidieran ejercer el voto en esta nación. Visto con rigor analítico, el hecho de que las remesas existan, no determinan en lo mínimo que se tengan derechos creados sobre asuntos políticos para quienes las generan. 3. Es muy posible que existan salvadoreños que sigan con especial atención las propuestas y programas de los partidos políticos, de cara a los procesos electorales, ya que conocen quizás con mucho detalle las condiciones de una comunidad determinada, sin embargo la inmensa generalidad de los que viven en el extranjero, están totalmente ajenos a los debates, a las propuestas, a los programas, a las trayectorias, a las campañas, a las coyunturas, a las fortalezas y a las debilidades de un candidato político que solicita un voto. Además a menos que pueda darse un seguimiento por vía telefónica o electrónica, nunca se estará al día en un proceso electoral, por las limitaciones de recibir en su sitio de residencia a candidatos que promuevan su activismo. La realidad es que votar a ciegas, o votar por dogma, es un voto riesgoso. 4. Resulta también sumamente injusto que pueda darse el caso, que el voto de salvadoreños en el extranjero, puedan inclinar y definir un resultado electoral de una comunidad o de la nación, ya que el buen gobierno o el mal gobierno que de esa elección resulte, afectará a los que si viven en El Salvador, pero no a los que no viven en el país. Sería como imponer desde el extranjero a un gobernante, sojuzgando la voluntad de los que tienen que vivir en El Salvador. 5. Por otra parte, desde el punto logístico y de costos, la celebración de elecciones en el extranjero no es nada sencillo. Sobre todo si se quiere garantizar la transparencia, la limpieza y la oportunidad. Existen miles de dificultades de tipo operativo que hay que resolver para establecer este derecho al voto. México con presupuestos cuantiosos, no ha logrado ni siquiera interesar a empadronarse a una ínfima proporción de la población mexicana que vive en los EU. Estamos de acuerdo que hay derechos que son irrenunciables, pero hay factores en este sensitivo caso del derecho al voto de los salvadoreños en el extranjero, que merece una mayor discusión en base a la realidad, a la justicia y a la pertinencia. Nuestra posición por lo tanto es que el voto no es en realidad justificable y que inclusive puede ser inadecuado para la conquista de la democracia salvadoreña. *El autor es presidente de la Asociación de Salvadoreños en México, ASALMEX. |
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