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OPINIÓN

¿Es el periodismo una especie amenazada?

El autor es Profesor del Programa de Medios y Comunicaciones de la Universidad de Orebro, Suecia y uno de los principales promotores del Periodismo de Paz, un modelo periodístico que provee herramientas para evitar caer en la trampa propagandística y ofrecer una perspectiva más profunda a las audiencias. Es también autor, junto a with Rune Ottosen, del libro Global War – Local Views. Media Images of the Iraq War.

Stig A. Nohrstedt (English version)
cartas@elfaro.net
Publicada el 14 de julio de 2008 - El Faro
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La Guerra Global Contra el Terrorismo (GWOT por sus siglas en inglés) y tópicos medioambientales como el calentamiento global y el cambio climático constituyen parte de lo que parece un cambio histórico a la “sociedad-amenaza” con una cultura del miedo desafiando al periodismo de manera más severa que nunca antes. El manejo de la percepción de amenaza se ha convertido en un elemento central en la política en general, y en la política de identidad en particular. Los tenores de eventos como el 11 de septiembre hacen posible para los gobiernos imponer legislación marcial y un entorno público en el que el miedo permanente se ha convertido en el estado mental predominante. En esta situación el periodismo debe encontrar nuevas maneras de movilizar el apoyo público para ideales democráticos y de promoción de la paz.

Yo diría que la GWOT no es sólo una guerra más –ni siquiera una nueva guerra – sino algo de una magnitud mucho más severa. Se trata de un conflicto global entre los centros de poder dominantes y ricos y las culturas y pueblos dominados, pobres y periféricos. Adicionalmente es un conflicto guiado e incrustado en una emergente cultura trasnacional del miedo. Esto implica un cambio de las representaciones de riesgos en términos de probabilidades, consecuencias imprevisibles e incertidumbre a representaciones de amenazas en términos de certeza y consecuencias negativas predecibles a corto plazo.

Por un lado, la cultura del miedo con su imaginado aumento de amenazas y peligros adopta una necesidad general de conocimiento y comprensión de la precisión de estas percepciones y las condiciones detrás de las propias ansiedades y preocupaciones. Por otro lado, la capacidad del periodismo noticioso de satisfacer esta necesidad creciente para la reflexividad es probablemente menos y menos adecuada por un número de razones que tienen que ver con tendencias globales cruciales. Este desencuentro entre las necesidades de conocimiento y las tendencias mediáticas actuales puede ser descrita de la siguiente manera con respecto a los procesos de globalización, mediaticidad de una cultura del miedo y los cambios del paisaje mediático global.

De acuerdo al académico británico Norman Fairclough, el discurso de la GWOT puede ser entendido por sus relaciones con, por un lado, los cambios en la política internacional posteriores al 11 de septiembre –en particular las políticas internacionales y de seguridad de Estados Unidos– y, por el otro lado, los actuales discursos hegemónicos en el escenario político global, como el neo-liberalismo. Fairclough toma en cuenta tanto la continuidad como el cambio dentro del orden discursivo del globalismo. Identifica cuatro puntos principales que caracterizan el discurso de la GWOT:

  1. Esta es una nueva era que presenta nuevas amenazas, las cuales requieren nuevas respuestas.
  2. Estados Unidos y sus aliados (y de hecho la civilización) enfrentan riesgos y peligros sin precedentes que claman por medidas excepcionales.
  3. Aquellos que presentan estos riesgos y peligros son “las fuerzas del mal”.
  4. Estados Unidos y sus aliados son las “fuerzas del bien” y sus acciones son sustentadas por valores morales.

 

Fairclough critica la validez de todos estos preceptos y argumenta que todos son básicamente falsos o sesgados. La declaración del Presidente Bush de que al final del día del 11 de septiembre “la noche cayó sobre un mundo diferente” simplemente no es cierta, según Fairclough. Ciertamente los ataques fueron “serios actos de terrorismo”, “moralmente indefendibles” y un “asalto indiscriminado contra civiles inocentes”, como lo subraya Fairclough. Pero eso no los convierte inherentemente en “giros de época”: “Este ataque se convirtió en un cambio de época sólo porque fue deliberadamente representado así por políticos y oficiales con poder, en parte a través de su capacidad para moldear la agenda mediática internacional”. Así pues, representar los ataques de esta manera fue una movida de legitimación, que abrió las puertas a medidas políticas radicalmente nuevas. De manera similar argumenta que el segundo punto es “un sobredimensionamiento para azuzar el temor” porque, hablando comparativamente, la amenaza terrorista no es vasta e inmediata para el pueblo estadounidense.

Más bien expresiones como éstas pretenden inducir temor para legitimizar políticas y acciones que de otra manera serían poco potables para la mayoría de los estadounidenses.

Los puntos tercero y cuarto superan los límites de la argumentación racional. Representar a un antagonista como ‘el mal’ legitima todo tipo de medidas extremas. Con “los malos” no se puede debatir, negociar o tratarlos como seres racionales. La única respuesta posible es la guerra.

Y decir que los intereses propios nacionales y los intereses comunes de la comunidad internacional son uno y el mismo es desde luego pura demagogia, con la marca Blair-Bush. En conclusión pues, los cuatro principales puntos pueden todos ser rechazados como inválidos ya sea porque simplemente son incorrectos o exageraciones como representaciones de la realidad actual.

Fairclough también analiza el uso semántico de nociones como el “terrorismo” y  los ‘ataques preventivos’. Él nota, como otros antes que él, que el término “terrorismo” es notoriamente problemático porque ha sido “usado de manera oportunística como una categoría en la que se agarra todo para marcar y condenar una gran variedad de formas del uso de la fuerza mientras excluye a otros que podrían ser calificados como constituyentes de terrorismo”. El primer problema es si se hace una distinción entre terrorismo y resistencia (legal). Segundo, en el mundo real hay acciones violentas perpetradas por estados que califican como “terrorismo de estado”, pero aún así la práctica es excluirlos del uso discursivo del término “terrorismo”.

Es obvio que la estrategia detrás de los ataques del 11 de septiembre fue una estrategia mediática de este tipo de amenaza política. Tanto el momento como los objetivos indican un cálculo cruel de cómo los medios de comunicación serían manipulados para la promoción de la ideología de Al Qaeda.

Cuando se trata de riesgos y amenazas menos extra-ordinarias, como el calentamiento global o la gripe aviar, los efectos mediáticos no son menores. Programas políticos y medidas de protección –individuales o colectivas- serían muy diferentes, si acaso existieran, sin atención mediática. Pero el rol de los medios no puede ser comprendido a cabalidad a menos que se discuta la importancia fundamental del factor miedo para la economía mediática. La explotación de amenazas y riesgos es fundamental para el periodismo de noticias como una institución. Exageraciones y alertas prematuras por tanto pasan por encima de los filtros de calidad todos los días. En relación con la definición del riesgo en la ciencia -por ejemplo el riesgo como la función de probabilidad y consecuencia-, los medios usualmente sólo se concentran en el factor consecuencia. En particular, cuando se trata de situaciones de riesgo de baja probabilidad y alta consecuencia, la lógica mediática tiende hacia el reporteo del peor escenario posible que puede causar problemas considerables en términos de ansiedad, energía emocional y desperdiciar recursos de muchos tipos.

La receptividad de los medios a todo tipo de imágenes de riesgo y amenaza vuelven urgente que éstos desarrollen un alto nivel de reflexión y apertura sobre estos temas como una institución clave para una esfera pública vibrante. Pero en este respecto enfrentamos un déficit aún mayor en el periodismo. La falta de reporteo crítico e investigativo de las estrategias de manejo de percepción de amenaza a las que los medios están expuestos es uno de los principales obstáculos para la ilustración del público sobre política y construcción de opiniones hoy. Raramente se observa a un periodista tratando de escarbar más allá de la superficie de los mensajes que promocionan riesgos y amenazas. El mejor ejemplo es aún el periodo de movimientos anteriores a la Guerra de Iraq de 2003, cuando los medios estadounidenses en general y también muchos medios británicos fallaron en su función fiscalizadora y engañaron a gran parte de sus audiencias para que creyeran en las acusaciones contra el régimen de Sadam Husein de poseer armas de destrucción masiva y tener vínculos con los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Pocos medios se molestaron en publicar una autocrítica cuando fue obvio que los argumentos oficiales para invadir Iraq habían sido manipulados, con las notorias excepciones del New York Times y el Washington Post, que publicaron disculpas más de un año después del inicio de la guerra. Colin Powell, el entonces Secretario de Estado que brindó un discurso de alto perfil ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el que presentó lo que aseguró eran pruebas de la culpa iraquí, más tarde llamó a este evento el momento más oscuro de su carrera. No sería nada fuera de tono para muchos medios de comunicación que expresaran una autocrítica similar. En cualquier caso, los medios de otros países – con diferentes entornos políticos– no tuvieron muchas dificultades en encontrar expertos y comentaristas que cuestionaron la precisión de los alegatos de las administraciones de Bush y Blair y por ende enmarcaron los reportes de la reunión del Consejo de Seguridad de manera más crítica (Nohrstedt 2005).

Un problema especial en conexión con esto son las dificultades de los medios para manejar y escrutar críticamente los procesos trasnacionales de manejo de percepción, que han sido crecientemente importantes debido a la globalización. Es una de las características más específicas de la GWOT que los superpoderes que declararon esta guerra única no reconocen ninguna restricción territorial, temporal, cultural y probablemente ni siquiera judicial en sus operaciones. Consecuentemente las dimensiones trasnacionales del discurso de la GWOT son completamente esenciales para cómo deberíamos entender el impacto de la mediatización en este discurso. Con respecto a las dimensiones trasnacionales de la presentación nacional de los medios masivos es por supuesto más problemático, dado que muchas de las consecuencias políticas, jurídicas y otras son trasnacionales, por ejemplo las medidas de vigilancia de viajeros, transferencias financieras, inmigrantes etc…

Un caso digno de mención son los vuelos de la CIA con sospechosos de terrorismo entre diversos países y continentes. Ya que estas actividades fueron aceptadas por estados nación involucrados tomó algún tiempo para que fueran conocidos por el público. Al parecer sólo cuando algunos periodistas investigativos entraron en contacto con alguna ONG excéntrica cuyos miembros estaban fascinados con la detección de aeronaves sobre el mundo industrial se dio a conocer esta historia. Pero tomó años antes de que estos vuelos aparecieran como noticias. Normalmente, solo cuando algunos políticos nacionales u otras personas de la elite objetan acciones que afectan por ejemplo los derechos humanos y civiles puede esperarse definitivamente que los medios se involucren en alguna investigación sobre la materia.

El panorama global de los medios se ha vuelto más plural y nuevos medios alternativos están desafiando a los medios tradicionales. No sólo Al Jazeera y otros canales árabes están compitiendo con los medios occidentales dominantes el mercado global de noticias 24/7. En particular el surgimiento del internet y las diferentes formas de tráfico de información, comunicación y debates han llevado a especulaciones y esperanzas de una esfera pública más global y deliberativa. La conclusión parece ser esta: El llamado mercado de ideas ha crecido a una gran velocidad, con nuevos “mercados” de competencia donde la dominación está desafiada por nuevos actores, al mismo tiempo que anteriores historias exitosas son continuamente copiadas y modificadas con resultados inciertos. Pero es difícil hacer pronósticos más detallados.

Medios online como El Faro son muy importantes, pero su alcance e impacto son aún limitados a ciertos eventos como cuando las fotos de las torturas de la prisión de Abu Ghraib fueron publicadas alrededor del mundo. La investigación llega a concluir que el reporteo de noticias online de conflictos en los medios masivos no difiere mucho de los patrones en versiones televisivas o impresas. Si miramos a formas más únicas de información basada en la internet, como cuartos de chat y blogs, aún permanece la pregunta de hasta qué punto son medios alternativos en comparación con la prensa, radio y televisión tradicionales en su representación de conflictos violentos. Oliver Boyd-Barrett, por ejemplo, sostiene que las fuentes informativas alternativas online como los blogs pueden ser importantes como medios contra-hegemónicos, aunque sus roles son algo contradictorios e inciertos. Por un lado “reenmarcan” la información publicada primero en los medios masivos y de esa manera le otorgan nuevos significados y eliminan su estatus y legitimidad. Pero por otro lado la información de los blogs es tan dependiente de los medios masivos como fuentes de información que estos sitios alternativos de noticias online pueden contribuir a la posición dominante de aquellos. Y la guerra de información que ha estado llevándose a cabo en los medios masivos tradicionales ha tomado lugar también, en la GWOT, en el Internet con actividades terroristas y antiterroristas batallando electrónicamente. Multiplicidad de  información y fuentes así como franjas de tiempo reducidas como elementos definitorios en la comunicación de internet en páginas web y cuartos de chat también parecen gradualmente afectar a los medios masivos tradicionales con la consecuencia de que la función de guardián está disminuyendo – la velocidad se vuelve más importante que la calidad y precisión de la información.

El periodismo de paz ha sido sugerido como un programa periodístico alternativo. Se relaciona con voces disidentes en oposición a la ingenuidad del periodismo de guerra tradicional y acrítico y a la investigación de paz y resolución de conflictos. Como un credo profesional el periodismo de paz ha desarrollado contraestrategias y una agenda alternativa. Las ideas básicas son escapar de la trampa de propaganda de guerra que construye simbólicamente los conflictos armados como situaciones polarizadas, blanco y negro y de ganar o perder. Sin embargo, precisamente esta manera de retratar y narrar son el alimento primordial de la profesión periodística, y no será fácilmente reemplazada. Si los medios tradicionales son incapaces de aportar perspectivas y voces alternativas el peligro es que esos segmentos de la aldea global que se sienten desesperadamente marginados se volcarán al terror para hacer una diferencia en la agenda mediática.

La perspectiva del periodismo de paz asume un punto de partida ético y moral, reconociendo el hecho de que los medios juegan un rol en la guerra propagandística, intencional o inintencionalmente. El periodismo de paz puede hacer una elección conciente para identificar opciones alternativas para el lector/televidente ofreciendo una perspectiva de solución-orientada, personas-orientada y verdad-orientada. Esto significa concentrarse en las posibilidades para la paz que las partes en conflicto tienen interés en ocultar. El periodismo de paz es personas-orientado en el sentido en que se concentra en las víctimas (a menudo bajas civiles) y por tanto le da voz a los sin voz. Es también verdad-orientado en el sentido en que revela mentiras en las partes y se concentra en la propaganda como un medio de continuar la guerra.

En su libro Peace Journalism (2005), Jake Lynch y Annabel McGoldrick han desarrollado más allá el modelo de periodismo de paz y lo han convertido en una herramienta útil para los periodistas. Ellos mismos han puesto en práctica este modelo en medios como SKY y la BBC. Ofrecen un modelo analítico en forma de técnicas sobre cómo practicar el periodismo de paz, demostrado con ejemplos de su propia práctica periodística. Argumentan que la opción del periodismo de paz acepta que todas las guerras tienen lugar en una atmósfera de propaganda en la cual las partes ofrecen la confrontación como la única vía. Apuntando en dirección de una solución pacífica, los periodistas pueden ofrecer a la audiencia una perspectiva más amplia en un determinado conflicto usando “análisis de conflicto y transformación para  actualizar los conceptos de balance, justicia y precisión en el reporteo”. Ellos ven el potencial del periodismo de paz como la provisión de un mapa de ruta “que sigue las conexiones entre periodistas, sus fuentes, la historia que están cubriendo y las consecuencias de su periodismo” en lo que llaman la “ética de la intervención periodística”. En suma, su ambición es despertar “conciencia de la no-violencia y creatividad en el trabajo práctico del diario editar y reportear”.

En mis propias investigaciones con Rune Ottosen sugerimos que la discusión posterior del periodismo de paz (PJ) como una perspectiva profesional alternativa debe tratar las siguientes complicaciones:

  1. Ya que es correcto declarar que la GWOT tiene mucho mayor alcance que toda guerra previa, el periodismo de paz parece quedarse corto de muchas maneras. Se dirige a situaciones de violencia militar y cómo son reporteadas; por ejemplo, es muy orientada al contenido, en lugar de concentrarse en los procesos de movilizaciones y polarización, incluyendo la construcción de políticas de amenaza, que eventualmente pueden llevar a violencia abierta. Ya que tanto el terrorismo como el antiterrorismo están nutriendo una cultura del miedo tanto afuera como en casa, puede ser más adecuado explorar el rol de los medios para este tipo de actividades culturales y sensatas que tienden a crear un giro desde la Sociedad de la Amenaza.

 

  1. Nuestras reflexiones, en suma, indican que los medios por sí mismos en muy poca medida, o en ninguna, son capaces de resistir las estrategias de las políticas de la amenaza. Las principales razones son: 1) La estrecha perspectiva nacionalista de los medios masivos; 2) El foco fáctico y eventual que subestima el reporteo a profundidad y analítico y 3) La falta de auto reflexiones periodísticas cuando se trata de material visual provisto –de una forma u otra- por las partes en conflicto. Parece que la lógica de los medios de muchas maneras provee los mecanismos a través de los cuales las políticas de la amenaza pueden ser fácilmente promovidas.
  1. Las actividades de resolución de conflictos y los seminarios y cursos ofrecidos por ONGs o escuelas de periodismo son ciertamente muy importantes para la resistencia contra la proliferación de la política de la amenaza. Pero nos parece que están demasiado centradas en los medios de comunicación y que algo equivalente al Instituto de Estocolmo de Investigaciones sobre la Paz o el Instituto Noruego de Investigaciones para la Paz es necesario en el sector de los medios para contrarrestar las facetas cada vez más amenazantes del orden discursivo de la GWOT. En combinación con un sistema de alerta temprana basado en Naciones Unidas para nuevas olas mediáticas de políticas de amenaza tales como reformas institucionales podrían convertir la marea en una cultura del miedo inundando a los medios informativos hoy. En relación a la política de Naciones Unidas para la democratización concentrada en elecciones y reformas legales en países autoritarios, tal instituto de monitoreo de medios podría ser una pieza faltante para los intentos de apoyo a la democracia y los derechos humanos.

 

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