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OPINIÓN

Sobre cartas, frijoles y banderas

Julián González Torres
cartas@elfaro.net
Publicada el 30 de junio de 2008 - El Faro
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¿Qué haría el fiscal general de la república si, ¡de pronto!, apareciera una carta en su escritorio en la que seis ex-patrulleros civiles afirmaran estar dispuestos a comprobar antiguos vínculos entre el candidato presidencial de ARENA y los escuadrones de la muerte? ¿Qué haríamos si los “frijoles negros” también empezaran a subir de precio? ¿Y si desaparecieran las banderas izadas en las plazas públicas, pero los salvadoreños “de a pie” pudiésemos caminar en la aceras,  seguros y contentos? Tres preguntas para tres personas: Félix Garrid Safie, Yolanda de Gavidia y Norman Quijano. ¿A qué obedecen estas interrogantes? A mi interés en señalar que la gravedad de los problemas sociales, económicos y políticos del país no está siendo atendida con seriedad y responsabilidad. En otras palabras: por razones ideológicas, diversas autoridades del estado no encaran con la responsabilidad debida muchos problemas que nos están agobiando. Veamos tres ejemplos.

En primer lugar, resulta que ahora ha llegado a manos del fiscal Félix Garrid una carta en la que un grupo de ex-guerrilleros manifiesta estar en capacidad de comprobar los supuestos vínculos del FMLN con las FARC. Frente a diversos medios de comunicación, el funcionario sostuvo que “mal haría” la fiscalía en hacerse de oídos sordos ante tal documento. A mi modo de ver, “mal” ya hizo, como profesional y funcionario del estado, al permitir que la supuesta misiva trascendiera al ámbito público debido a la relevancia que él mismo le ha dado. Pensemos por un momento en la misión de la Fiscalía General de la República: «Defender, representar y tutelar los intereses de la Sociedad y del Estado Salvadoreño, actuando con seriedad, eficiencia y responsabilidad; conforme los principios de legalidad, justicia, seguridad e imparcialidad.» Luego reparemos en algunos casos que aún están irresueltos. Y hagámonos preguntas como las siguientes: ¿Qué pasó con la banda “Los Perrones”? ¿Y la investigación sobre los diputados asesinados en Guatemala? ¿Y la carta que Rosa Marina Manzanares enviara al propio Safie? ¿Y las súplicas de justicia de la madre de Katia Miranda? Estos casos, entre otros, deberían ser prioridad para la investigación fiscal.

Concederle resonancia pública a una carta que, ¡de pronto!, aparece en la fiscalía en nada contribuye a esa «seriedad» que requiere el trabajo fiscal, a la «responsabilidad» que tiene frente a la sociedad salvadoreña, a la investigación atinada y pertinente que permita hacer «justicia» a muchos casos que aún están en la impunidad. Y, por supuesto, poco o nada contribuye a esa «imparcialidad» que pavonea la misión de la institución estatal.

En segundo lugar, reflexionando en torno a la tremenda subida de precio de muchos productos de la canasta básica, la ministra de economía, Yolanda de Gaviria, ha indicado que una medida de solución importante podría ser que los salvadoreños empiecen a cambiar de hábitos alimenticios. Ella ponía de ejemplo el consumo de frijoles. Argumentaba que el “frijol rojo” es el que ha subido de precio, mientras que el “frijol negro” ha mantenido un precio mucho más bajo. Por lo tanto, sugería que comenzáramos a consumir más “frijol negro” que rojo. No es la primera vez que aconseja algo así. En otra ocasión proponía que redujéramos el consumo de pan. Sin dejar de lado las buenas intenciones de nuestra ministra, sugiero que nos preguntemos: ¿Estaríamos atendiendo la médula del problema al proponer que repensemos nuestros hábitos alimenticios? Mi sospecha es que no.

Supongamos que, efectivamente, decidimos cambiar los sabrosos “frijoles rojos” por los “frijoles negros” —hecho que, por otro lado, agradaría muchísimo a cierto editorialista de un periódico matutino—, pero ¿qué vamos a hacer cuando continúen subiendo de precio la leche, el arroz, la azúcar, los huevos, los tomates, etc.? Parece que en un escenario así sería irrisoria la idea de cambiar de hábitos culinarios. Pero hay otra razón, quizá más iluminadora, por la que creo que no se está abordando con suficiente seriedad el alto costo de la canasta básica. Me refiero a la tan temida “regulación de precios”. El principal argumento que la ministra ha esgrimido ante la propuesta de regular los precios de los granos, por ejemplo, es que eso atentaría contra el “libre mercado”. El razonamiento es éste: El libre mercado prohíbe la regulación de precios. El salvador tiene una economía de libre mercado. Por lo tanto, la conclusión es que no debemos regular precios. La pregunta, entonces, es ésta: ¿Qué es más importante, el “libre mercado” o la vida humana? Si al regular los precios de la canasta básica aseguraremos la vida de aquellos que no pueden asumir los altos precios, ¿por qué no hacerlo? Si el revuelo provocado por el fiscal general en torno a la carta mencionad parece que responde a la campaña mediática de ARENA en contra del FMLN; los razonamientos de la ministra de economía parece que están a favor del “libre mercado”, y no a favor de asegurar que todos tengamos en la mesa arroz y frijoles.

Finalmente, en tercer lugar, en algunos medios de comunicación hemos empezado a ver y a escuchar ciertas quejas porque la alcaldía de San Salvador retiró una bandera de El Salvador de una plaza pública. Al final de dicha denuncia se dice que Norman Quijano es el alcalde que necesita la capital. Esto porque el retiro de la bandera pone en evidencia el poco amor hacia la patria por parte de Violeta Menjívar. Ciertamente, Quijano no es ningún funcionario público. Pero al formar parte de esa “queja ciudadana” muestra, una vez más, lo poco serio y lo burdamente ideológico que se puede ser ante un fenómeno o problema. ¿A qué quiero llegar? Al siguiente ejemplo: ¿Qué es más importante para mí como ciudadano: poder disponer de las aceras —para no tener que caminar en la calle— o ver una bandera izada en una plaza? Definitiva e indiscutiblemente, lo primero. Como ciudadano común y corriente que transito por el centro de San Salvador, ahora disfruto caminar por las aceras del Palacio Nacional y del Teatro Nacional —¡ya quisiera también caminar sobre la acera en algunas calles de Antiguo Cuscatlán!—. Que haya o no haya banderas nacionales en las plazas, eso no me importa (como a la mayoría de capitalinos, me parece). Sí me importa asegurar mi vida cuando transito por las calles de cualquier ciudad. Está claro que esa “queja ciudadana” no es más que otra fatua campaña mediática en contra de la gestión edilicia de San Salvador.

Uno se desvive públicamente por una insignificante carta; la ministra aconseja que sería mejor cambiar los “frijoles rojos” por los “negros”, antes que atentar contra el mercado; y el otro sueña con izar banderas de El Salvador en las plazas. Con esas ideas y esas conductas difícilmente se podrá administrar con seriedad y auténtico compromiso humano eso que los romanos llamaron la res pública.


Catedrático y Coordinador de la Licenciatura en Filosofía, UCA.

 

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