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OPINIÓN A la busca del milagro: la candidatura
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Si las encuestas y algunos analistas están en lo cierto, para buena parte de la población ARENA es un partido desgastado, falto de ideas e incapaz de resolver los problemas que más aquejan a la población. Por si fuera poco, el ejecutivo colabora poco para demostrar que pueden estar equivocadas. Si existieron, las “medidas creativas” desaparecieron hace rato. Problemas graves como el alto costo de los combustibles, el transporte público o la delincuencia no son enfrentados o simplemente se recurre a paliativos intrascendentes e impopulares, el ejemplo palmario de lo último es el aumento al subsidio al transporte público. El manejo mediático del ejecutivo no está en función del gobierno, ni del candidato presidencial; está en función del presidente Saca que parece obsesionado con recuperar sus perdidos índices de popularidad.
Este contexto obliga a ARENA a tomar medidas serias. No es la primera vez que este partido arranca un proceso electoral en malas condiciones y ha sido capaz de remontarlas. No es que se “reinvente”, simplemente se adecua. Pero a diferencia de otras elecciones, esta vez el FMLN ha sido capaz de resolver el problema de la candidatura como nunca lo había hecho. No solo no se dividió, sino que escogió a un candidato que le suma votos; por lo tanto, los retos para ARENA son mayores.
Hay razones de sobra para que los areneros estén preocupados, asustados. Si quieren darle un giro a la campaña tendrán que ser extremadamente audaces, abiertos y dejar el dogmatismo a un lado. Y una de las posibilidades para enfrentar en mejores condiciones al Frente está en la vicepresidencia. Paradojas de nuestra realidad: en el FMLN, el candidato a la presidencia suma votos, y el vicepresidente garantiza la ortodoxia. En ARENA, el candidato a presidente garantiza la ortodoxia (y para algunos la continuidad) y ¾ obligados por las circunstancias ¾ el candidato o candidata a la vicepresidencia deberá sumar votos y además, suplir las competencias y habilidades que puedan hacer falta en el equipo.
Por lo tanto, las recientes noticias sobre los acercamientos de Rodrigo Ávila con Arturo Zablah no deben extrañar tanto. A lo sumo puede verse como una muestra del pragmatismo arenero, y de una cierta apertura hacia personas y sectores menos ortodoxos y de pensamiento más amplio. En todo caso es válido preguntarse ¾ a condición de no olvidar que estamos en un plano puramente hipotético ¾ cuáles son las necesidades de cada uno de los involucrados y las posibles ganancias en juego.
Arturo Zablah lanzó su propuesta “Alianza para al cambio” hace meses, la negoció con los partidos y sectores que parecían naturalmente propensos a retomarla y no tuvo éxito, a pesar de que era una excelente oportunidad para hacer los cambios que el país necesita. La propuesta estaba, faltó el vehículo para moverla, que por desgracia debe ser un partido o una alianza de partidos. Digamos que si Zablah realmente quiere seguir en el esfuerzo necesita de un partido con un potencial ganador suficiente.
ARENA necesita un candidato a vicepresidente que lo saque del bache en que se encuentra, es decir, sumar votos. Y si lo de construir “una nueva derecha” y “un país más justo” es cierto y no solo un lema propagandístico, es claro que ARENA necesitará no solo de Zablah, sino de muchos más hombres y mujeres con visión política, competencias y reconocimiento suficiente para remozar al partido y desplazar a la actual dirigencia y cuerpo de funcionarios, que hay que decirlo, son los que han llevado al partido a la situación en que se encuentra.
Arturo Zablah le puede aportar mucho a ARENA, pero ese aporte no se expresaría tanto en sumar votos, sino en ideas y propuestas. Y por ahora lo que urge a los tricolores es ganar las elecciones. En el caso de fuera posible un entendimiento entre Zablah y ARENA y que además triunfaran en las elecciones, es lógico preguntarse cuál sería el espacio de maniobra de Zablah. Para que sus propuestas fueran efectivas, Zablah deberá tener más capacidad de incidencia y más libertad de acción que cualquier vicepresidente hasta la fecha. Es más, por primera vez tendríamos un vicepresidente con un perfil y espacio de acción mucho más alto que el presidente mismo.
Este escenario ofrece altos riesgos a todos los actores involucrados. Zablah arriesgaría su capital político, y por qué no decirlo su proyecto, hipotecándolo a un partido con el que ya ha tenido serias diferencias, y que cuando ha tenido que escoger entre un funcionario competente y los intereses y dogmas del partido no ha dudado en optar por lo segundo. Pero hasta hoy, Zablah no ha encontrado un partido dispuesto a acompañarlo para que realice sus propuestas, que no las del partido.
ARENA arriesga más. El costo de incorporar a un hombre no dócil, con criterio propio y, cosa insólita, en capacidad de poner condiciones para acompañarlos. Pero es Ávila quien se aventura al extremo; tendría que vencer los recelos de los más ortodoxos de su partido, de los que se han beneficiado en la actual administración, y además, se arriesgaría a llevar un vicepresidente que fácilmente podría eclipsarlo. Los riesgos son altos, pero las ganancias tentadoras.
* Universidad de El Salvador
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