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Un modelo de periodismo de calidad

El autor es periodista estadounidense y ha trabajado en diversos medios en ese país, entre ellos el St. Louis Post-Dispatch y el San Jose Mercury News. Actualmente es el director de desarrollo y ejecución de los programas de entrenamiento del Centro Internacional para Periodistas en Washington. Ha vivido en Nicaragua, brindando asesorías a periodistas locales como parte del Programa Internacional Knight. Butler tiene un posgrado en Español y Periodismo de la Universidad de Missouri.

Patrick Butler
cartas@elfaro.net
Publicada el 23 de junio de 2008 - El Faro - English version
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Cuando se fundó El Faro, en 1998, ninguno de nosotros pudo haber previsto cuán radicalmente diferente sería el mundo del periodismo ahora que celebramos el décimo aniversario de ese extraordinario medio. Y mientras esperamos la segunda década de existencia de El Faro, no tenemos ni idea de cómo se verá el periodismo en 2018.

Sólo puedo tener esperanzas de que continuaremos apreciando el tipo de periodismo de alta calidad y sustantivo que El Faro nos ha dado en sus primeros diez años, sin importar la plataforma en la cual se expresa ese periodismo.

Admiro desde hace mucho a El Faro, no sólo por la calidad de su trabajo sino también porque este sitio innovativo ha sobrevivido y prosperado no en Estados Unidos o España o siquiera Argentina, lugares en los que la penetración de Internet es mayor y la tradición del periodismo independiente es más profunda.  El Faro ha prosperado en El Salvador, un país cuya población ha deseado durante mucho tiempo una fuente creíble de información independiente. A pesar de que el número de personas que pueden tener acceso a El Faro en El Salvador es mucho menor que en cualquiera de los países previamente mencionados, el impacto de El Faro es mucho mayor que el número de páginas vistas en su propio país.

Así como en otros países del mundo en donde los medios tradicionales no son completamente libres (El Salvador ocupa el puesto 91 de 195 países en la encuesta anual de libertad de prensa de Freedom House), cuando un sitio web independiente como El Faro publica una historia importante, el impacto se multiplica por otros medios.

En diciembre del año pasado, cuando hablé en un panel sobre periodismo digital en la prestigiosa Feria del Lbro en Guadalajara, México, El Faro fue uno de los primeros ejemplos que cité como modelo de cómo se podría ver el periodismo de alta calidad en el futuro. Me referí a él como un modelo distinto de negocios para el periodismo – apoyado en su infancia por donantes interesados en un periodismo que pueda marcar una diferencia, pero luchando por la autosostenibilidad financiera.

ProPublica fue otro de los ejemplos que cité – apoyada por donantes que quieren asegurarse de que el buen periodismo investigativo continúe realizándose en Estados Unidos aún en momentos en que se ha convertido en una de las primeras víctimas del alarmante recorte en las organizaciones informativas tradicionales.

Aunque ProPublica tiene múltiples veces más recursos que El 
Faro, son hermanos espirituales y heraldos de lo que el periodismo puede ser en el futuro. ( Y El Faro, obviamente, es más antiguo que ProPublica, que busca cumplir su primer aniversario y no su décimo.)

He citado a El Faro en otros contextos también. Mi organización, el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ por sus siglas en inglés), trabaja para ayudar a mejorar el estado del periodismo en países alrededor del mundo creyendo que los medios independientes y vigorosos, en cualquier plataforma, ayudan a que la gente obtenga la información que necesita para tomar mejores decisiones sobre sus vidas en todos los terrenos, de la gobernabilidad al sistema de salud o asuntos financieros. Eso sorprende a muchas personas, que notan que la penetración de Internet en la mayor parte de los países en los que trabajamos (como El Salvador, Kenya, Azerbaiján o Indonesia) aún es relativamente baja. De hecho, en muchos de los países del “mundo en vías de desarrollo” la circulación de los periódicos tradicionales está incrementándose rápidamente, aún en momentos en que se desploma en Estados Unidos u otros países “desarrollados”.

Pero como en el caso de El Faro, frecuentemente es en los medios digitales de un país donde se está haciendo el trabajo más importante. Muchos de los mejores ejemplos provienen de países cuyos medios son mucho menos libres que en El Salvador.

En Egipto, por ejemplo, algunos blogueros como Wael Abbas han dado a conocer importantes historias sobre los abusos policiales contra gente inocente o fraudes electorales que la mayor parte de los principales medios de comunicación  no tocarían – hasta que son tan conocidos en el Internet que los medios tradicionales ya no pueden ignorarlos.

En China, innumerables historias sobre corrupción son dadas a conocer en el internet, y esas noticias tienen ahora un impacto de dimensiones que nunca habrían sido posibles cuando la única fuente de información de un ciudadano chino eran los medios controlados por el Estado. En el pasado, el mundo permanecía a oscuras sobre devastadores terremotos en China, con el ocultamiento durante años, y aún décadas, de información importante que pudo haber salvado vidas en futuros desastres.

Pero en el más reciente y trágico terremoto cerca de Chengdu, el resultado fue distinto. El gobierno ordenó a los periodistas mantenerse fuera del área, pero fue un intento vano por controlar la información. Debido al internet, el genio está fuera de la botella y nadie puede meterlo de vuelta. Encabezados por medios online, los periodistas han desafiado a gobiernos y reportado importantes historias sobre deficientes construcciones de escuelas permitidas por autoridades corruptas. La consignación de estas historias –inimaginable antes del internet- ya está causando una gran agitación, con el resultado de que menos personas morirán en el próximo terremoto.

Tan depresivas como son las noticias sobre la industria periodística en Estados Unidos y otros países, ejemplos como estos me llenan de esperanzas. Creo que podemos encontrar una salida a esta espiral descendiente.
 
Soy optimista sobre que, mientras el declive en la calidad de noticias en medios tradicionales se vuelve más claro, la sociedad se dará cuenta de lo que está haciendo falta, y juntos buscaremos soluciones. Algunas de estas soluciones podrían verse muy parecidas a El Faro.

 

Aún me impresiona que los visionarios fundadores de El Faro concibieran esta idea hace diez años. Aquél era un tiempo en el que pocos de nosotros teníamos alguna sospecha de cómo se vería el periodismo ahora. Pero en El Salvador  -un país que la mayoría de la gente en Estados Unidos o Europa no podría localizar en un mapa o decir mucho de él- se lanzó un experimento crucial. Me satisface mucho que el experimento haya sido tal éxito; un éxito que tiene implicaciones para todos nosotros, alrededor del mundo.

Saludo a El Faro en su décimo aniversario. Estoy orgulloso de que el Centro Internacional para Periodistas ha jugado un pequeño papel, asesorándolos a través de las Becas Internacionales de Periodismo Knight. Aspiro a que continuemos trabajando juntos en su segunda década, un periodo en el que espero, y creo, que veremos su modelo replicado en muchos más lugares alrededor del mundo.

 

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