Hace unos días tuve una plática tensa con mi mamá. Hablamos de política -también nos pone tensos la religión. Mi mamá lee detenidamente los periódicos y tiene miedo. También tiene 73 años y ha vivido mucho, en lugares y momentos críticos, si no peligrosos. Mi mamá sabe de miedos. Es una mujer que ha sabido lidiar con todos ellos; es una mujer valiente que lee los periódicos y siente miedo.
En nuestra conversación tensa de hace algunos días, mi mamá me preguntaba sobre Mauricio Funes y también sobre Rodrigo Ávila, sobre ambos con miedo, y me repetía lo que dicen los periódicos, que se la han pasado haciendo eco del maniqueísmo de nuestros políticos: Que si gana la izquierda iniciará una especie de armagedón económico, de persecución e ignominia. Que si gana la derecha tal cual está, la amenaza es el continuismo de las fórmulas fallidas. Leído así, gane quien gane, el futuro da miedo.
Los periódicos y noticieros están novelando y no se quieren dar cuenta. No se trata de ocultar las diversas versiones, se trata de no privilegiar, como se está haciendo, las versiones partidistas. Se trata de investigar y escuchar atentamente. Se trata de no trasladar la versión oficial tal cual nos llega, así sea a través de la prensa extranjera más prestigiosa, que prestigio no es sinónimo de infalibilidad –cuando el periódico El País, de España, dijo que la ayuda para los terremotos del 2001 estaba siendo mal administrada, al gobierno y a la prensa local no le pareció tan prestigioso, y, en cambio, a la oposición sí metía las manos en el fuego.
Se trata de razonar junto a los especialistas, abordar con detenimiento las predicciones de uno y otro lado, y examinar si tienen un sustento aparte del electoral. Se trata de mermar el entusiasmo de los dueños de medios por quienes quieren que sean electos, de evitar la paranoia. Se trata de construir escenarios reales y no calculados con intereses. Se trata de acercarse al periodismo ideal, al que ofrece conocimiento y sustenta el criterio.
El miedo es una mala opción política, porque infundir miedo se convierte en agresión. La gente se vuelve contra los que le hacen sentir miedo.
Mi mamá no merece vivir con miedo. Nadie merece vivir con miedo, y yo me resisto a creer que en este momento dar esperanza no cabe en la agenda de los medios. Mi mamá busca en los periódicos algo en qué creer, y lo que les ha creído es que debe tener miedo. Algo tiene que andar mal.
*El autor es poeta, periodista y publicista salvadoreño.