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OPINIÓN / EL MIRÓN La virginidad es cuestión de EstadoLuis Fernando Valerocartas@elfaro.net Publicada el 09 de junio de 2008 - El Faro Italo Calvino en su famosa obra “Las ciudades invisibles” señala que Marco Polo habla de ciudades en donde sus ciudadanos dicen cosas y describen cosas que según ellos suceden en sus ciudades pero que el observador visitante no las ve de la misma forma. Algo así está ocurriendo con el concepto de virginidad y su correlato con la realidad matrimonial y jurídica. El Tribunal de Gran Instancia de Lille, ciudad industrial al norte de Francia, país de la Revolución Francesa, origen de los derechos ciudadanos actuales ha anulado el matrimonio de un ciudadano, de religión musulmana, por sentirse éste engañado. Su esposa le dijo que era virgen y él “comprobó” la noche de autos de miel que no era tal. Sobra decir que tal decisión jurídica ha levantado en el país europeo y aledaños una tormenta social, jurídica de tal suerte que la Ministra de Justicia francesa Rachida Dati, de origen marroquí, ha pedido a la fiscalía pública la presentación de un recurso. El tema podría parecer baladí pero detrás de él subyacen demasiadas cosas para que no nos lo tomemos como de crónica rosa. El problema no es la virginidad en sí, concepto de por más ambiguo y escurridizo, sobre todo cuando sólo se aplica a la mujer y no al hombre y el derecho que tiene éste de exigir virginidad a su esposa siendo que él, generalmente, ha corrido más que un semental en un maratón erótico, el problema que subyace es que si en esta Europa multicultural, multirracial y laica las cuestiones religiosas y los cánones dogmáticos o de costumbre de algunas religiones van a condicionar la vida civil. No olvidemos que aun colea con el recién atentado de la embajada danesa en Paquistán la polémica de las caricaturas de Mahoma y la libertad de expresión, de información y de prensa. El tribunal francés ha dado la razón al marido engañado, ingeniero de 30 años, casado con su “esposa” de 25 años y enfermera de profesión por haber contraído matrimonio “bajo la influencia de un error objetivo” y que tal error le había sido “determinante en el consentimiento”. Parece ser que el ingeniero en cuestión preguntó a su esposa si era virgen, ella dijo que sí y al “notar que no” el día de autos de miel, ella aceptó que no había dicho la verdad. Las diligencias no dicen si ella le preguntó lo mismo a él y si él es virgen también. Creemos que la cuestión es más seria de lo que parece. Acá no se cuestiona el valor de la virginidad que algunas religiones defienden con esmero y calor, acá lo que se pregunta es si a estas alturas de la civilización, en donde ese valor de la virginidad socialmente ha sido modificado, el marido futuro tiene derecho a preguntar tal cosa unilateralmente y que dentro de esas religiones tan defensoras de la virginidad femenina no sean tan estrictos en defenderla también en los varones. Ya que entonces hay un machismo digno de mejor causa y una infravaloración y un sometimiento de la mujer al hombre. Puso como precedente un caso de 1862 (nada menos) en el que una novia consiguió la anulación de su matrimonio luego de enterarse que el novio era un ex convicto. Y que el problema es que la decisión del tribunal "no es en ningún caso una disposición inspirada en la moral, sino por la mentira". Ya que el artículo 180 del Código Civil francés afirma que: “Si hallan error sobre la persona o sobre sus cualidades esenciales, el otro puede pedir la nulidad”. Tenemos la impresión de que el marido susodicho ve poco cine y que esto del sexo en un país europeo, él es originario de Fez, Marruecos, no lo tiene muy integrado.
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