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EDITORIAL El último año de SacaEl Farocartas@elfaro.net Publicada el 02 de junio de 2008 - El Faro El mandatario salvadoreño inició su último año en el gobierno hablando de Dios y agradeciendo a quienes oran por él. Un discurso coherente con las acciones de las últimas semanas que lo han llevado a las iglesias y a cultos evangélicos. Pero si la estrategia tiene por objetivo afianzar el voto religioso en 2009, más tendrá que hacer el presidente para enfrentar el año más difícil de su mandato, en sus niveles más bajos de popularidad y con la amenaza de cerrar su paso por el Ejecutivo entregando la banda presidencial a la oposición. Enfrente tiene que conducir al país a través de una crisis económica, con crecientes demandas sociales; una grave situación de inseguridad pública y poco margen para continuar jugando el doble rol de líder del gobierno y líder de su partido. Cuando Saca inició su campaña electoral, hace poco menos de cinco años, la mayor parte de la población pedía un cambio de gobierno. Él y su partido tuvieron la habilidad de presentarse como una alternancia, como un cambio con la misma bandera, con respecto al entonces gobernante Francisco Flores. Ahora, las encuestas reflejan que una proporción aún mayor de la población quiere un cambio, pero el presidente es él. En estos momentos, nada le conviene más al país (y a su partido) que el Presidente se desligue por fin de sus compromisos partidarios y se dedique exclusivamente a tratar de rescatar la imagen de su mandato llevando las riendas del gobierno en un momento crítico. Para ello necesitará recuperar el liderazgo nacional con que entró al gobierno, aplicando medidas sensatas para paliar la crisis y apelando al diálogo de todas las fuerzas políticas y sectores sociales más allá del discurso. Urgen medidas económicas para amortiguar la crisis, como urge también poner ya en marcha una verdadera estrategia de seguridad pública y rescatar la institucionalidad perdida durante su mandato en áreas clave como la Fiscalía, el Ministerio de Seguridad, el Tribunal Supremo Electoral o la Corte de Cuentas (lamentablemente, en algunas de estas instituciones ya es tarde para corregir los errores); enviar claramente el mensaje de que ya no tendremos leyes redactadas a la medida de nadie y transparentar la función pública. El mayor reto de 2009 no es ganar la elección, sino garantizar la gobernabilidad del país antes, durante y después del evento electoral. Ojalá el presidente escuche a la gente más sensata que tiene a su alrededor y no se deje tentar por aventuras políticas. De este año puede depender su legado y, si hace las cosas bien, la nación se lo reconocerá. |
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