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OPINIÓN

El Faro: uno y sus circunstancias

Carlos Clará*
cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de mayo de 2008 - El Faro
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Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo.
Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote

Al escribir sobre los 10 años de El Faro me es inevitable citar a Ortega y Gasset. Las cosas no existen por sí solas y no pueden comprenderse al separar el yo del mundo que lo rodea, ese mundo inmediato que, para nuestro caso, se llama El Salvador. El Faro, entonces, es el yo. Para criticar, admirar, destruir o construirlo no se puede sino tratar de comprenderlo por medio de sus circunstancias, y a esas hay que salvarlas para salvarse.

Eso es lo que han comprendido las cabezas que dirigen el proyecto y, si hay en todo esto algo mejor, es que también lo han comprendido la mayoría de los que han escrito desde sus entrañas. ¿Qué ven y escriben los menos, que no ven los más? ¿Cuántas personas se necesitan para hacer bien las cosas? ¿Cuáles y cuántos recursos se necesitan para construir un nombre y una voz para los demás? ¿Qué se necesita para informar? Simplemente la voluntad de hacerlo, abrir los ojos y escribir.

¿Cómo entender la existencia y el éxito de un periódico web en El Salvador que logra sobrevivir 10 años y amenaza con gozar, quién sabe hasta cuándo, de buena salud? Es el único sobreviviente y el más joven de los tres proyectos hermanos independientes que dejaron huella de los años noventa (el semanario Primera Plana y la revista Tendencias), pero cuenta con la ventaja de que los altos costos de producción-impresión no se comen el esfuerzo. Eso se debe a que la gente que dirige El Faro entendió al dios web, y ello les ha permitido, en gran medida, seguir adelante sin las presiones habituales de los posibles detractores de siempre y los que de alguna manera ayudaron al derrumbe de sus hermanos mayores. Lanzar un proyecto web de esta envergadura, a solo 7 años de haberse popularizado en el mundo la web, tiene grandes méritos y lo digo en el lugar donde nace: El Salvador, un lugar que no goza de los mejores niveles de lectura en América Latina y donde la brecha tecnológica es aún profunda. ¿No es eso ser visionario, sostenerlo y rebasarse? Nacer y denodarse por “esa” circunstancia que se llama nación y que queremos construir. Salvar y salvarse.

La publicidad no es una limitante del espacio. Eso es grandioso. No hay periódico con tal estridencia, y la estridencia tiene su precio. ¿Puede El Faro solo con el peso? Decía una reciente película infantil que “lo nuevo necesita de amigos”, y los amigos de El Faro son los ciudadanos, nosotros, los que todos los lunes disparamos la pregunta de siempre a nuestros amigos o compañeros de trabajo: ¿Ya leíste El Faro?

El Faro es, hoy por hoy, el nuevo patrimonio textual –y virtual– del periodismo independiente en el país y hay que reconocerlo. Voz ciudadana es la que sostiene a la propuesta lanzada hace diez años, patrimonio ciudadano de la mejor postura. Porque eso son los miembros, los órganos que lo componen y lo armonizan. Porque es solo cuestión de espíritu, de saber que todos los profesionales que lo hacen posible van a diario a cada encuentro con sus circunstancias, sabiendo que uno es su compromiso con la verdad, con el derecho de los ciudadanos a quienes se deben en el ejercicio de su profesión. Diez años han hecho que el esfuerzo evolucione y que sus lectores lo agradezcamos; también los lectores evolucionamos, es un reto.

Para cerrar cito de nuevo a Ortega y Gasset, ese gran filósofo español:

“...es falso decir que en la vida ‘deciden las circunstancias’. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”

Por el carácter de cada uno de los que han hecho y hacen El Faro, todos los lunes seguiremos preguntando: ¿Ya leíste El Faro?

*El autor es poeta y director de la editorial Índole

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