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OPINIÓN / ESO NO SE DICE ¿Y si un gay salvadoreño se casa
Omar Baños |
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El Estado de California en Estados Unidos reconoce ya el matrimonio entre personas del mismo sexo. Massachussets era el único estado en la nación que había legalizado los matrimonios gay. El 15 de mayo, la Corte Suprema de California derogó la ley que prohibía los matrimonios entre personas del mismo sexo. Hace unos años los votantes ratificaron una ley que prohibía el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero desde entonces se entabló una demanda que finalmente tuvo resolución la semana pasada.
Aunque otros países han demostrado ser más progresistas que Estados Unidos (España, Canadá, por ejemplo) en cuanto a los derechos civiles de las personas homosexuales, esta victoria ha sido un enorme logro en la equidad de derechos para personas de la diversidad sexual en California. Algunos dicen que el resto del país sigue a California. En este caso no lo creo. Al menos no por ahora.
Mientras que los californianos gay, lesbianas, bisexuales y transgénero han celebrado esta victoria en las Cortes, queda pendiente una larga y ardua batalla a nivel nacional. Los grupos conservadores ya se pronunciaron en contra de esta decisión y han prometido dar la batalla. Seguramente será uno de los temas espinosos de las elecciones presidenciales del mes de noviembre. Tanto el Senador Barack Obama (demócrata) como el Senador John McCain (republicano) han dicho que no apoyan una enmienda constitucional para especificar que el matrimonio es solamente entre un hombre y una mujer. No obstante, tampoco apoyan la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.
Por otra parte, los estados están tomando sus propios pasos. El 6 de mayo una Corte en Nueva York dio un veredicto un poco enredado en cuanto al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo. En el caso de Martínez contra el Condado de Monroe de Nueva York, la Corte decidió que el Estado de Nueva York debe reconocer las uniones civiles y matrimonios entre personas del mismo sexo que se hayan realizado de forma legal en otras jurisdicciones (otros estados o países). Sin embargo, el Estado de Nueva York no otorga licencias de matrimonio para personas del mismo sexo. Lo que esta decisión de la Corte hace es reconocer matrimonios gay que se han realizado fuera del Estado.
Un poco confuso, ¿cierto? Por ejemplo, en el caso de Martínez contra el Condado de Monroe, Patricia Martínez se casó con Lisa Ann Golden en Canadá y le pidió a su empleador, el Monroe Community College, que incluyera a Lisa en su seguro médico. Generalmente el Monroe Community College ofrece este seguro a los cónyuges de sus empleados. Pero en el caso de Martínez, el Colegio dijo que no reconocía el matrimonio efectuado en Canadá. Para hacer la historia breve, la Corte dijo que el Monroe Community College tenía que reconocer el matrimonio de Martínez y Golden efectuado en Canadá y que debería de dar a Martínez y su cónyuge los beneficios que ofrece a todos los cónyuges de sus empleados.
En otras palabras, los neoyorquinos gay, lesbianas, bisexuales y transgénero no se pueden casar con una persona del mismo sexo en Nueva York, pero sí pueden casarse en otro Estado o país donde los matrimonios gay son legales y luego volver a Nueva York donde se les reconocerá el matrimonio.
Los aspectos legales y de jurisprudencia en esta decisión de la Corte se pueden encontrar al hacer una búsqueda en Google. Al final de cuentas la decisión por ahora es tal cual de complicada que es suficiente decir que ha habido un raro y enredado avance para la diversidad sexual en la gran manzana.
En cuanto a California, veremos cuántos homosexuales y lesbianas se ponen la soga del matrimonio, cómo cambian las dinámicas familiares y sociales de la diversidad sexual y si al fin y al cabo “afecta” a los matrimonios heterosexuales. Esta última es más un sarcasmo porque no me cabe en la cabeza cómo el matrimonio de fulanito con menganito puede afectar el matrimonio de doña Juana y don Pepe. Pero tal es el miedo y la ignorancia que se crean monstruos de nubes.
Entre tantas cosas que me pasan por la cabeza con esta noticia, hay dos que me crean más ruido. La primera es que hoy más que nunca los salvadoreños nos vemos más estrechamente vinculados con esto del matrimonio gay. Después de todo las malas lenguas dicen que hay entre 600 mil a 2 millones de salvadoreños viviendo en Los Angeles. Cualquiera que sea el número real, somos bastantes, tomando en consideración el tamaño de la población de El Salvador.
¿Cuántos salvadoreños gay y lesbianas que viven en California se casarán como manda la ley? Imagínese, quizá usted en un par de meses diga que su hermano, su tío o su primo que vive en los “unite esteits” está casado con un hombre, o que su hermana, tía, o prima está casada con una mujer. ¿Lo compartirán con los amigos, o será uno de esos secretos irremediablemente vergonzosos que se lo llevarán a la tumba? ¿Reconocerá estos matrimonios la República de El Salvador?
El otro asunto que me crea ruido es ver cómo y cuándo llegará el momento en que un inmigrante que vive ilegalmente en California se case con un alguien del mismo sexo que tiene ciudadanía y demande a las oficinas de migración por no reconocer el matrimonio gay. Porque a todo esto el matrimonio gay legal en California solamente tiene validez en el estado. El gobierno federal no lo reconoce y los servicios de migración están dentro del gobierno federal.
Por ahora las nuevas llegaron dos días antes del Día Internacional Contra la Homofobia (17 de mayo). Quizá sea un buen augurio.
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