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OPINIÓN Tenemos Una DeudaAlberto Valiente Thoresencartas@elfaro.net Publicada el 26 de mayo de 2008 - El Faro Como ciudadanos de una república que experimentó una guerra civil irracional y cruel, pero que afortunadamente y con ayuda de la comunidad internacional tuvo la oportunidad de encontrar el camino del diálogo y la negociación, tenemos una deuda. Con la humanidad, pero sobre todo con todos los que murieron injustamente en esa guerra con el objetivo de obtener la paz. Esta no es una deuda pecuniaria, por la que se pagan divisas e intereses. Se trata de una deuda ética, basada en la lógica de la no-violencia, la cual resulta en la razón de la construcción, la vida y la esperanza. En lugar de la razón de la destrucción, la muerte y el fatalismo. Un componente fundamental de esta lógica es la noción de la resolución de sólidas actitudes que fomentan la contradicción, el conflicto y la violencia. El sustantivo resolución está relacionado al nombre común solución. Este concepto tiene muchas aplicaciones interesantes. En el álgebra, la solución de una ecuación resulta de quebrantar las sólidas formas iniciales de una ecuación, en otras más fluidas, que nos llevan a encontrar los valores de las variables que participan en la ecuación dependiendo del sistema en el que operan. En la química, una solución es una combinación de moléculas o átomos de sustancias diferentes. A través de este dinámico proceso de mezcla surge siempre algo nuevo. En la cultura popular, una solución también suele referirse al desenlace positivo de un problema o controversia. Un concepto que también nos recuerda a deshacer algo atado, estático y fijo. En la transición a los Acuerdos de Paz de 1992 en El Salvador fue fundamental resolver el conflicto intratable entre el Gobierno de El Salvador (GOES) y el FMLN. Estas dos variables formaban parte de una ecuación que representaba la realidad política salvadoreña y que resultaba en guerra civil. Esta ecuación de guerra se había solidificado en las mentes de los actores políticos y evitaba el flujo a la paz. La solución de esta ecuación resultó al encontrar los valores del FMLN y el GOES para un sistema político salvadoreño más civilizado. Esto solo fue posible al reconocer que debía haber más ecuaciones a tomar en cuenta en el sistema político salvadoreño. Algunas de estas ecuaciones alternativas combinaron al FMLN y el GOES de una de una manera innovadora, equivalente a más democracia y reconstrucción, algo que implicó ayuda y reconocimiento por parte del resto de la humanidad. Estas ecuaciones se fueron postulando a través de la serie de acuerdos que resultaron en Los Acuerdos de Chapultepec, el cual representa el desenlace de años de confrontación política violenta. A primera vista, en la ecuación de guerra civil, el Gobierno de El Salvador era un gobierno fascista, terrorista, represivo, corrupto, que reclutaba forzosamente a gente pobre, apoyaba a fuerzas paramilitares ilegales y luchaba por mantener el control del Estado salvadoreño. El FMLN era una organización comunista, terrorista, que secuestraba a empresarios, reclutaba campesinos, cobraba impuestos ilegales, asesinaba a alcaldes inocentes y luchaba por obtener el control del Estado salvadoreño. Una manera sencilla de formular la ecuación sería: FMLN, más GOES equivale a guerra civil en El Salvador. Afortunadamente, esta era nada más la forma simplista de una ecuación en un sistema que debía admitir más complejidad para cambiar y la guerra civil fue tan solo transitoria. Para las mentes más astutas, fue posible combinar esta ecuación con otras, postulando formulaciones diferentes, usando las mismas variables o elementos. En este proceso de solución, el valor del FMLN para el sistema resultó ser el de funcionar como un partido político legítimo de izquierda, que opera en un sistema democrático electoral, apegado a la constitución política salvadoreña y demás leyes. Por su parte, el valor del GOES resultó ser el de un gobierno republicano, apegado a la constitución política salvadoreña, con balance de poderes, que debe proteger derechos humanos, permite oposición política y que defiende el Estado de Derecho. Los mismos elementos, combinados de una manera diferente, proporcionaron la solución. Esta solución ha tenido a la no-violencia como objetivo final. Por ello se basa en un discurso de paz, que se opone a las rígidas actitudes que solidifican argumentos que resultan en violencia. Fue posible encontrar esta solución tan sólo cuando terminó la Guerra Fría en el contexto global, a pesar de que la Guerra Civil en El Salvador trataba más de problemas locales que internacionales. En nuestros días, la única súper-potencia mundial restante ha invitado a participar en una nueva guerra internacional, llamada la Guerra Contra el Terrorismo. Y una vez más, el discurso de guerra se reproduce en El Salvador, para analizar problemas locales, que poco o nada tienen que ver con la realidad salvadoreña. En esta guerra, la estrategia de los gobiernos participantes es irónicamente fomentar el terror en sus poblaciones, para combatir al terrorismo. Una vez las poblaciones están aterrorizadas sobre la posibilidad de ser atacados por terroristas, los gobiernos pueden hacer prácticamente lo que quieren, con poca o ninguna oposición, supuestamente para ser más efectivos en esta guerra. Por ejemplo, iniciando guerras en territorios extranjeros, reduciendo los derechos ciudadanos, ganando elecciones, torturando, privatizando empresas estatales, reduciendo los impuestos a los más ricos, no haciendo pública información pública, manteniendo índices de violencia altos, siendo inefectivos en la reducción de pobreza, etcétera. Es por ello que el experimentado periodista australiano John Pilger no considera a esta guerra la Guerra Contra el Terrorismo, sino la Guerra Contra la Democracia. Y va más allá. La considera una reformulación de lo que durante la Guerra Fría se llamó la Guerra Contra el Comunismo. Ambas guerras acaban otorgando mayor poder a los gobernantes de los Estados participantes y a sus clientes. Por no mencionar los paralelos de estas guerras a la vieja y poco efectiva Guerra Contra las Drogas. El discurso de guerra contra el terrorismo / comunismo, favorece rígidas actitudes que solidifican argumentos que resultan en violencia. En este sistema lógico, hay solamente una ecuación y esta resulta siempre en la guerra. Estados democrático-liberales, más opositores (islamistas ó marxistas) equivalen a guerra, y hay dos opciones, o estás con los unos o con los otros, pero nunca en medio o afuera. Como no hay otras opciones para combinar las variables y sus equivalentes, no es posible encontrar los valores de las variables participantes para un sistema basado en un discurso de paz. Los islamistas/marxistas son siempre terroristas; el Estado democrático, es siempre un Estado democrático; los buenos, buenos y los malos, malos. Desafortunadamente, la simpleza de este sistema lo hace fácil de transmitir a través de propaganda política, hasta el punto en que las grandes mayorías lo creen el reflejo de una realidad mucho más compleja. Es este mismo discurso de guerra que lleva a periodistas, políticos y especialistas en El Salvador a ver unidimensionalmente a las FARC solo como una organización narcoterrorista, al mismo tiempo que se preocupan por dudosamente documentados vínculos entre las FARC y el FMLN. La primera, una organización tipificada como terrorista en la nueva Guerra Contra el Terrorismo y ambas, organizaciones tipificadas como terroristas en la vieja Guerra Contra el Comunismo. Visiones que cierran espacios para la negociación. Pero de acuerdo a la lógica de este unidimensional sistema de guerra, nadie y absolutamente nadie debe cuestionar el hecho de que el gobierno deomcrático-liberal de El Salvador (con representantes del partido ARENA en la presidencia) sea la única variable en la política salvadoreña que de hecho ha roto con la aversión oficial a la guerra, que tanto le costó a miles de salvadoreños. Desde 2003, el gobierno arenero involucró a El Salvador en una guerra en tierras internacionales. El Salvador es el único país latinoamericano que aún tiene tropas en Iraq, participando en una ocupación ilegítima y contribuyendo a generar miles de muertos, entre los cuales encontramos salvadoreños, iraquíes, estadounidenses y de otras nacionalidades. Sin ovlidar los miles de damnificados, refugiados, trastornados mentales y heridos. Pero, ¿cuántos periódicos salvadoreños publican las fotos de iraquíes pisando la bandera de El Salvador? De igual forma, esta lógica en donde los Estados liberales-democráticos son los buenos que van al cielo, debe encubrir el muy probable involucramiento del Gobierno de Álvaro Uribe con grupos paramilitares. Pero, ¿cuántos periodistas salvadoreños cuestionan la extradición de líderes paramilitares a Estados Unidos para ser juzgados por crímenes de narcotráfico y no por otros crímenes en Colombia que podrían incriminar al Gobierno de Colombia? ¿Cuántos cuestionan la alegación de que las computadoras de las FARC sobrevivieron un bombardeo, mientras las de los paramilitares colombianos desaparecen misteriosamente bajo custodia de la fiscalía colombiana? ¿Cuántos cuestionan el probable involucramiento de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana en el traspaso de fondos a grupos armados opositores en Cuba? ¿O la protección que el gobierno estadounidense y que el gobierno salvadoreño le han brindado a Luis Posada Carriles, acusado de actos de terrorismo en el hemisferio americano? En abril de 2006, el presidente de El Salvador, Antonio Saca, fue condecorado en Colombia por su homólogo Álvaro Uribe Vélez, con la Orden de San Carlos en el Grado de Gran Collar. En su discurso de aceptación, el Presidente Saca dijo que El Salvador no puede olvidar que, desde el principio de la Guerra Civil Salvadoreña, Colombia ayudó mucho a facilitar espacios para la negociación en El Salvador. Dejó claro que El Salvador tiene un compromiso con el pueblo colombiano, intercambiando conocimientos y experiencias, que pueden ser fundamentales para la resolución pacífica de la Guerra Civil Colombiana. El Presidente Saca añadió: “Ambos países hemos buscado la paz, como condición indispensable para el desarrollo y bienestar de nuestros pueblos. El apoyo a la solución a los conflictos por la vía del diálogo político y la negociación es un objetivo compartido y constituye uno de los fundamentos básicos de nuestra relación”. Pero ¿Acaso se le ha olvidado esto a él y su partido? ¿Será que no entienden lo que los salvadoreños hemos aprendido en carne propia? ¿O le mintió el Presidente Saca al Presidente Uribe? Al punto que aunque ARENA lo niegue, están utilizando el conflicto colombiano con intereses electorales, retomando irresponsablemente el viejo discurso de guerra, para desviar la campaña política salvadoreña de las cuestiones que realmente importan. Le hago una invitación a los medios de comunicación salvadoreños: No gastemos más energía, tinta, saliva y papel para fomentar el discurso de guerra en nuestro país y el mundo. La historia es nuestra escuela. Y a estas alturas, ya deberíamos haber aprendido a saber cuándo es necesario solucionar, flexibilizar para hacer fluir el discurso de paz y tratar los asuntos importantes. Tenemos una deuda con todos los que se sacrificaron por la paz en El Salvador, ya sean de la derecha o la izquierda. Tenemos una deuda con los que mueren, víctimas de la epidemia de violencia. Tenemos una deuda con los que están sufriendo guerra, con todos los refugiados, los que están lejos de sus familias, los que caminan en los desiertos en busca de un mejor futuro y las futuras generaciones que sufrirán las consecuencias de las políticas catastróficas del pasado. Porque como al poeta Dante Alighieri, la historia nos regaló un viaje a los infiernos de la guerra. Este desagradable viaje nos ha enseñado cosas valiosas. Ahora, necesitamos de buenos comunicadores que nos guíen y contribuyan a mantenernos en los paraísos de la paz. Pero para obtenerlos, tenemos que pagar nuestra deuda ética con la humanidad. |
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