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OPINIÓN Libre mercado … pero no tantoGiovanni Berticartas@elfaro.net Publicada el 26 de mayo de 2008 - El Faro La entrada de la empresa Albapetróleos al mercado nacional de combustibles ha generado toda clase de reacciones y comentarios. Desde la derecha, se le acusa de ser una iniciativa encubierta para financiar la campaña del FMLN, de ser poco transparente en el manejo de sus finanzas y de estar endeudando a las municipalidades socias más allá de sus capacidades de pago. Desde la izquierda, se le utiliza como bandera para demostrar la incapacidad gubernamental de encontrar soluciones creativas ante la escalada incontenible de los precios del petróleo, y se le vende al público como la muestra más visible de las ventajas de ser amigos de Hugo Chávez. En un país como el nuestro, donde hasta el fútbol y las tortillas adquieren tintes políticos, no es extraño que esto suceda a menos de un año del proceso electoral. Es una lástima, pero no es extraño. Pero para los que semana a semana nos vemos frente a precios del combustible cada vez más altos, el debate político en torno a este tema nos tiene sin cuidado. El hecho importante es que hoy, a diferencia de algunos meses atrás, tenemos la opción de encontrar diesel más barato y aliviar un poco nuestros ya golpeados bolsillos. Desde el punto de vista del consumidor – ese que las consignas a favor del libre mercado ponen como gran ganador del sistema – Albapetróleos resulta una alternativa atractiva y beneficiosa. No es una cuestión política, es simplemente la lógica de la economía familiar. Desde los inicios de la crisis del petróleo, se empezaron a escuchar las voces de quienes aseguran que la única forma de afrontar este problema es por medio de la intervención del Estado y el control de precios. Como reacción inmediata, las empresas petroleras comenzaron una campaña en defensa del libre mercado, nos dijeron que la competencia favorecía a los consumidores, nos vendieron la idea que en nuestro país la gasolina era la más barata de Centro América gracias a las bondades del mercado abierto y sin intromisiones. Hubo debate, se hicieron estudios y se mostraron cifras, pero ninguno convenció al contrario. Hoy por hoy, las cosas siguen igual. El mercado de combustibles es libre y sin regulaciones. Es precisamente ese mercado libre y abierto el que ha dado cabida a un nuevo participante. Albapetróleos incursionó en el mercado con una estrategia basada en fundamentalmente en precios más bajos. Es una estrategia típica en cualquier industria. Las nuevas empresas suelen entrar con precios menores que la competencia. Les sirve para ganar clientes y posicionarse en la mente de los consumidores. Lo hacen las gasolineras de igual forma que los negocios de comida rápida. Sucede aquí, como sucede en China y en Estados Unidos. No es nada a lo que no estemos acostumbrados. Para Albapetróleos la estrategia ha sido exitosa. En menos de seis meses ya alcanzó una participación del 15% en el mercado del diesel y apuesta por seguir creciendo en el corto plazo. El libre mercado está funcionado. Que bueno por ellos, pero sobre todo, que bueno por nosotros. Por eso llaman la atención las últimas declaraciones de ASAPETROL (la gremial que reúne a las cuatro grandes empresas petroleras que operan en El Salvador), que en evidente contradicción con su discurso tradicional, hoy pone el grito en el cielo frente a la amenaza de quiebra de algunas gasolineras, argumentando que la competencia generada por Albapetróleos está sacando del negocio a muchos de sus clientes. Es lógico, son las leyes de la oferta y la demanda. Los que venden más barato tienen más clientes. Los que operan libremente son más eficientes. Eso nos repitieron las petroleras hasta la saciedad, ese fue el mensaje que nos hicieron comprar. El país sólo está siguiendo sus sugerencias.
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