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OPINIÓN / EL MIRÓN Cuando la educación se convierte
Luis Fernando Valero |
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Este escribidor tuvo la suerte de estar en París en la impresionante manifestación que se desarrolló en esa ciudad contra las medidas que el gobierno0 de Sarkozy prepara contra los docentes.
Según la policía fueron más de 25 mil, según los manifestantes fueron 50 mil, en toda Francia ese día más de 250 mil personas se movilizaron en defensa de la Educación que ha hecho famosa a Francia, una educación igualitaria, libre y fraterna en donde todos los ciudadanos, estudiantes, eran iguales y aquel que destacaba conseguía becas para seguir estudiando, hay numerosos ejemplos en la realidad diaria francesa, esa realidad se ha acabado o se está acabando o quieren que acabe.
La educación tristemente se ha convertido en una mercancía. Ya la Educación Superior desde 1996 está regulada por la Organización Mundial del Comercio, a petición de los Estados Unidos de Norteamérica y es un bien regulado como vender patatas o comprar coca cola.
Europa está agitada con el tema de la educación, cada vez más a la educación se le están detrayendo recursos y ello en una sociedad del conocimiento en donde la educación es la sangre del sistema económico, es la muerte.
Sarkozy se inauguró con una carta a los educadores que en líneas generales era aceptable, pero el presidente de Francia está perdiendo fuelle a marchas forzadas y toda su preocupación es regular la educación como si fuera un producto que tiene las mismas características que cualquier otro y en donde los “inputs”, factores de entrada, pudieran determinase con calidad paritaria, al igual que la sustancia de una bebida o la calidad de una tela o de un metal.
No se puede medir la calidad ni la “productividad” de un profesor por el número de alumnos que aprueba, ni que los alumnos que suspenden son culpa del profesor. Hay demasiadas variables, en el proceso educativo, para que se pueda decir el profesor que suspende mucho, es porque no sabe enseñar, o porque no sabe motivar, porque no sabe hacer que sus alumnos se preocupen por atender.
La educación se ha convertido en esta sociedad del conocimiento en un acceso imprescindible para un trabajo de calidad. Las famosas revueltas de hace dos años en Francia pusieron el dedo en la llaga de que los franceses inmigrantes con sus hijos, ya franceses, se quejaban de que no tenían igualdad de condiciones en sus estudios y su acceso a la formación profesional y a la universidad. Había una objetiva discriminación.
Los manifestantes del 15 de mayo afirmaban que una educación adecuada sirve para dar identidad, autonomía, y fomenta la ciudadanía democrática y la cohesión democrática, pero ello debe ser en locales adecuados no saturados de alumnos en donde la tutorización no sea una mera palabra pero ello solo se consigue con recursos y con leyes y equipos multidisciplinares.
Sarkozy ha optado por no reponer a los miles de maestros que se jubilan cada año. El desequilibrio presupuestario de su gobierno lo quiere equilibrar ajustando los funcionarios públicos, y es evidente que la educación tiene un gran número de ellos.
Ha prometido pagar más a los profesores si trabajan más pero ello es una trampa que podría traducirse en pan para hoy y hambre para mañana.
En toda la Unión Europea, la educación está siendo muy cuestionada, por ejemplo en el Reino Unido donde el programa que llevó al gobierno a Blair, decía que su plan era “educación, educación y educación”, no ha cumplido las expectativas, y lo mismo se puede decir de Italia, sumida en el caos político y con un nivel de xenofobia preocupante o en España que se llevan cinco leyes de reforma educativa sin lograr que haya un modelo adecuado e integrado a escala nacional y en donde cada vez se rebajan más los niveles de calidad para que el alumno pueda pasar curso, tal es el caso de que ahora con cuatro asignaturas suspendidas el alumno puede matricularse de unas y de otras a fin de hacerle pasillos cómodos.
Y la ministra ha señalado que suspender a un alumno es invitarle a que salga del sistema educativo. Con declaraciones como ésta la cultura del esfuerzo y del estudio no se fomenta en absoluto.
La precariedad laboral se ha apoderado, en toda Europa, de la educación en donde cada vez más hay profesores a tiempo parcial e interinos que no ven su estabilidad laboral y ello repercute, obviamente, en su calidad docente, así como que sus salarios no están equiparados a otras profesiones en donde con iguales titulaciones sus emolumentos son mucho más altos.
Los sindicatos franceses repartían entre otros documentos una carta a los padres de sus alumnos en los que le decían que no están de acuerdo con las reducciones escolares de:
La supresión de horas de repaso. De que no se podía tolerar que el tiempo de dedicación a los que estaban más atrasados no se diera en el tiempo obligatorio. La no puesta en marcha de programas de adaptación. La no dedicación de atención a las escuelas maternales. Quitar los tiempos de recuperación en las vacaciones escolares. Etc.
En una sociedad en donde los padres trabajan los dos, la escuela se convierte en un elemento de integración social y no puede ser el saco en donde se aumentan responsabilidades y deberes sin ir acompañados de recursos profesionales sociales y económicos. No puede ser la educación como dicen los franceses “un cul de sac”. Un saco sin fondo o un saco donde todo se deposita.
No corren buenos tiempos para la educación en Europa y mucho nos tememos que en el mundo. Y una vez más la educación será el abismo que separe a uno de otros y de nuevo se observa que en este siglo XXI algunas conquistas que estaban conseguidas se pierden. Contra esto es que se manifestaron en Francia el 15 de mayo miles de personas.
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