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OPINIÓN Manías de un guerrillero consumadoFederico Hernández Aguilar*cartas@elfaro.net Publicada el 26 de mayo de 2008 - El Faro El consumado guerrillero, Manuel M., despertó un día de tantos con la mano izquierda desenfundada. Cuando quiso ponerla de nuevo en el estuche —ese que por seguridad se había cosido a la cintura—, sintió cómo el percutor de su pulgar se accionaba y por el dedo índice prorrumpía, haciéndole saltar la uña, una bala. Desgraciadamente, cuando el consumado guerrillero, Manuel M., intentó reaccionar, el disparo ya había perforado el bajo vientre de la joven secuestrada que esa noche había elegido para su solaz. Indignado más que apenado, el consumado guerrillero, Manuel M., no tuvo otro remedio que llamar a la tropa que cuidaba su tienda, confesar que de nuevo había tenido pesadillas en el sueño, y que si no querían que terminara matando a todas las jóvenes secuestradas —garantías inequívocas de futuros canjes con el gobierno y el ejército—, debían poner a su disposición un mecanismo que impidiera, por un lado, que sus movimientos involuntarios accionaran el pulgar y, por otro, que la mano izquierda le quedara atorada a la funda de la cintura en caso de necesitarla. Nos informan, sin embargo, que el consumado guerrillero, Manuel M., no pudo jamás encontrar el ingenioso mecanismo que necesitaba. Terminó volándose los sesos accidentalmente, mientras lavaba sus dientes en un lujoso hotel de Nueva York, donde se producía la última ronda de negociaciones con el gobierno al que por tantos años había combatido. *Escritor
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