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OPINIÓN “Un fantasma recorre la UES,
Carlos Gregorio López Bernal |
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El 11 de febrero de este año, el periódico digital El Faro informó que fuentes confidenciales le habían revelado que el rector de la Universidad de El Salvador, Ing. Rufino Quezada había solicitado al presidente Saca un refuerzo presupuestario para la UES. Este contestó que no tenía recursos para un refuerzo, pero señaló que aún estaba abierta la posibilidad de inyectar fondos a la UES con el préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que ya antes había sido rechazado por los órganos colegiados de dirección de la Universidad.
El Faro intentó conversar con el rector y otras autoridades de la UES para confirmar la información y conocer más detalles, pero nadie quiso hablar del tema. Una fuente de Casa Presidencial confirmó los acercamientos y además advirtió que a solicitud del rector se estableció un pacto de silencio para “no alborotar el panal”. Y es que en el año 2006 el señor Quezada dirigió una radical y obstinada campaña en contra del Proyecto de Fortalecimiento Académico, propuesto por la Dra. María Isabel Rodríguez; campaña que dividió a la comunidad universitaria y en la cual la intransigencia, la ideología y los intereses políticos, anularon las posibilidades de entendimiento.
La campaña de oposición al préstamo del BID no favoreció el debate, las prolongadas discusiones en el Consejo Superior Universitario (CSU) y la Asamblea General Universitaria (AGU) fueron diálogos de sordos, porque Quezada y sus seguidores nunca aceptaron examinar el proyecto ecuánimemente. En un ambiente de progresiva confrontación y polarización recurrieron a la intimidación por medio de tomas de edificios, “paros técnicos” y otras acciones, con el único fin de bloquear el proyecto.
En repetidas ocasiones Quezada insistió en que el problema no era el proyecto en sí mismo, sino el BID: “El proyecto no ha sido rechazado, lo que hemos dicho es que el financiamiento no es el adecuado, el problema es el BID, que tiene antecedentes de privatización de servicios a escala latinoamericana”. (LPG, 20-05-2206) No hubo manera de hacerlo cambiar de opinión y descalificó a cualquier persona que planteara otra posibilidad, incluyendo a Román Mayorga Quiroz, ex rector de la UCA y funcionario del BID en Venezuela. El 20 de abril de 2006 Quezada dijo al Diario de Hoy: “No sabemos qué ha hecho durante tanto tiempo Mayorga Quiroz. Además de eso, hay mucha gente que antes pensaba de un modo y hoy piensa de otro. Entonces, no podemos confiarnos de ninguna persona que nos prometa que el BID ahora no quiere privatizar. Yo me preguntaría: Si tanto es el interés del BID en ayudar ¿por qué no da este dinero en concepto de donación y no de préstamo?”
Al final la AGU no aprobó el préstamo. Si bien es cierto que se acordó que los decanos elaboraran un nuevo proyecto, ninguno retomó la propuesta, en parte por el costo político que conllevaba abrir un tema tan candente, pero también porque elaborarlo exigía formar un equipo dispuesto a trabajar arduamente y que tuviera claridad sobre los objetivos a perseguir.
Unos meses después Quezada se convirtió en candidato a la rectoría, llevando como capital político su oposición al BID y la “defensa” de la autonomía de la UES. A falta de un plan de trabajo tomó como bandera la lucha contra la privatización. En las declaraciones que el entonces candidato a rector dio al “Servicio informativo ecuménico y popular”, y reproducidas en el sitio http://www.simpatizantesfmln.org, el 11-09-2007, insistía: “No podemos permitir que las fuerzas del neoliberalismo y la privatización continúen dirigiendo los destinos de nuestra Universidad y nos conduzcan a un proyecto BID como pretendieron hacerlo y fueron derrotados el año pasado”
El objetivo de este artículo no es cuestionar la pertinencia del proyecto que el rector pretende echar a andar, sino poner en evidencia la flagrante contradicción en que ha caído y cuestionar las razones de fondo que determinaron su contumaz y poco edificante oposición a la anterior administración. El señor Quezada insistió hasta la saciedad que el BID siempre ha promovido la privatización y era una amenaza contra la autonomía universitaria.
El escenario que hoy se abre evidencia un cambio profundo. Vale la pena preguntarse ¿Quién ha cambiado: la UES, el BID o el señor Quezada? Es claro que la UES sigue necesitando más recursos; lo que no tiene es una propuesta de desarrollo académico, pues no puede calificarse como tal el proyecto que el rector presentó al CSU y que se comentará más adelante. ¿Qué ha pasado con el BID? Nada, sigue como tal; en ningún momento ha abjurado de su línea de trabajo, ni lo hará. Entonces, la respuesta es obvia, quien cambió es el señor Quezada y lo menos que debe hacer es explicar a la comunidad universitaria las razones de esa mudanza.
¿Será que ya se dio cuenta que gobernar no es lo mismo que hacer oposición?; ¿o será que sus principios ideológicos no eran tan firmes y puros como pregonaba y ha sido seducido por el “instrumento del imperio”?, o será que nunca se tomó en serio el tema y simplemente se valió de él para bloquear el trabajo de la Dra. Rodríguez y construir una plataforma para asaltar la rectoría? Estas y otras preguntas se hace la comunidad universitaria, y él único que puede y debe contestarlas es el rector.
Al hablar sobre la reciente toma de edificios, realizadas supuestamente por estudiantes y sindicalistas, el señor Quezada afirmó que estos “grupúsculos” habían actuado dejándose llevar por rumores. Parte de esos rumores serían justamente las “conversaciones” con el BID para eventualmente negociar un nuevo préstamo.
Aclaremos: rumores no son, tampoco fantasmas. El pasado 7 de mayo, el decanato de la Facultad de Ciencias y Humanidades convocó a docentes y trabajadores administrativos a una asamblea con el fin de informar sobre las gestiones que las autoridades de la Universidad de El Salvador realizan en busca de un refuerzo presupuestario. Aunque el decano hizo curiosos malabares lingüísticos para presentar el tema de la manera menos arriesgada posible ¾ por ejemplo insistir en que se estaba conversando, pero no negociando¾, al final quedó claro que se está en tratos con el BID, y con un banco se habla de dinero, de préstamos.
Es más, el rector ya entregó al CSU, un documento titulado “Programa de Desarrollo de la Universidad Pública: Universidad de El Salvador”, bastante difícil de entender por cierto, y que se reduce a tres puntos que se enuncian como: Seguridad alimentaria, para el cual se solicitan 5 millones de dólares; Sistema de aseguramiento de la calidad en la Universidad de El Salvador, 32.4 millones y, lo más importante para algunos, Gestión de recursos para la aplicación del Reglamento general del escalafón, 9.5 millones, para un total de $46.9 millones. Es decir, Quezada se opuso de manera absoluta e intransigente al anterior préstamo (25.0 millones), que estaba claramente orientado a la calidad académica: centros de excelencia, becas estudiantiles, investigación científica, formación docentes y mejoramiento de la administración, y hoy presenta otro que sería financiado por la misma institución que antes satanizó, y por un monto mucho mayor, y que adolece de una incoherencia digna de un estudio más detenido.
Parafraseando al rector; “el panal se alborotó”, pero no por rumores. Y aunque el documento en cuestión se cuida de no nombrar al BID, es meridianamente claro que el famoso banco está de por medio. En el apartado de “riesgos internos” se considera como tales, la “No aceptación por parte de sectores: estudiantes, académicos y administrativos”, y lo más sugerente: “Prejuicio por parte de miembros de la comunidad universitaria (sic) que se está retomando el proyecto anterior”.
Entonces, hay dos cuestiones claras: Primera, es claro que la posición del ingeniero Quezada respecto al BID ha dado un giro de ciento ochenta grados. Si lo hubiera hecho a título puramente personal no tendría sentido discutirlo en este espacio; está en su pleno derecho. Es más como él mismo dijo refiriéndose a Mayorga Quiróz: “hay mucha gente que antes pensaba de un modo y hoy piensa de otro”. Pero no es lo mismo la opinión, los prejuicios o los intereses de una persona cualquiera que los de un rector de universidad, especialmente si se trata de la única universidad pública del país. El problema es más grave, porque este funcionario llegó al poder por haberse opuesto a un proyecto, del cual no desvirtuó el componente académico, sino la fuente de financiamiento. El señor Quezada debe explicarle a la UES y al país por qué hace dos años se opuso al “proyecto BID” con todos los medios que consideró oportunos, aunque no fueran lícitos, y hoy está en tratos con la misma institución.
Segunda cuestión que debe ser aclarada. Las tomas de edificios de los días pasados no se basaron en “rumores”, el Decano de Ciencias y Humanidades convocó a una asamblea para informar sobre las “conversaciones” ¾ lo cual está muy bien ¾, e insistió en que no se estaba negociando, lo cual es difícil de creer, el BID no es una institución que gaste su tiempo en simples conversaciones. El proceso está tan avanzado que ya circuló el proyecto que el rector presentó al CSU, al cual urgió aprobarlo antes de que finalice el mes de junio.
Al rector le urge la aprobación del préstamo. A la Universidad de El Salvador le urge que el tema se ponga a discusión. Mientras más posponga el rector hablar directa y claramente de este problema, más desconfianza e incertidumbre habrá en la comunidad universitaria.
De una cosa puede estar seguro el ingeniero Quezada: su pasada campaña en contra del proyecto presentado por la Dra. Rodríguez fue un éxito; tanto despotricó en contra del BID, tanto habló de privatización y atentados contra la autonomía universitaria que llegó a la rectoría con una victoria inobjetable. Hoy podría ser víctima de su éxito, las “pintas” al interior de la UES son una advertencia de lo que podría seguir, y con las pintas es difícil debatir, el rector lo sabe por experiencia.
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