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OPINIÓN El Faro y los retos del periodismoJim Bettinger*cartas@elfaro.net Publicada el 19 de mayo de 2008 - El Faro - English version Si consideramos los logros de El Faro, en ocasión de su décimo aniversario, sólo podemos ser optimistas hacia el futuro. Que una publicación como esta no solo haya sobrevivido, sino prosperado, es evidencia de que la promesa del periodismo online se mantiene. Los últimos diez años han sido trascendentales para el periodismo y su efecto sobre la democracia. Cuando El Faro fue fundado, la política en Estados Unidos estaba estancada en los escándalos de Clinton, y a muchos periodistas reflexivos en este país les preocupaba ver que su trabajo estaba siendo degradado. Apenas el año anterior, 1997, se formó un grupo autodenominado el Comité de Periodistas Preocupados (Committee of Concerned Journalists). El grupo inició una evaluación de dos años sobre cómo el periodismo estaba siendo practicado y cómo debía practicarse. De ahí surgieron nueve principios centrales, con un décimo agregado el año pasado:
Estos principios se explican más detalladamente en el libro “The Elements of Journalism: What Newspeople Should Know and the Public Should Expect,” que ha sido traducido a 23 idiomas. La introducción está disponible en línea aquí: http://journalism.org/node/72, y explica mejor de lo que yo puedo en estas pocas palabras los principios a los que todos podemos esperar que los periodistas se adhieran. (¿No es maravilloso poder leer la frase “está disponible en línea aquí”? Hace diez años, no mucha gente imaginaba cuánto se extendería esto. Ahora, muchos de nosotros simplemente asumimos que cualquier artículo significativo estará disponible con un click del mouse, y nos sorprende si no lo está.) Mientras muchos de nosotros batallábamos con estos asuntos de desconfianza pública, de reportar rumores no verificados, de consentir los más bajos denominadores comunes, de valores periodísticos abaratados, el suelo estaba cambiando bajo nuestros pies. Ahora parece muy familiar, cuando tanta gente obtiene muchas de sus noticias del internet en vez de los periódicos, de la televisión o la radio. Pero en 1998 era difícil prever cuánto y cuán rápido cambiaría el periodismo. Consideren el paisaje periodístico en este 2008. Estoy más familiarizado con la situación en Estados Unidos, pero todo lo que me entero que está sucediendo en América Latina y en otras partes del mundo sugiere que los cambios son globales. Está sucediendo en todas partes, sólo que no al mismo ritmo. (William Gibson, autor de “Neuromancer” y quien acuñó el término “ciberespacio,” ha dicho durante años: “El futuro esta aquí. Sólo que no está distribuido de manera equitativa”). Los desafíos para el periodismo del Siglo XXI son enormes. Las audiencias se han fragmentado de tal manera que en muchos sentidos ya no tenemos una discusión común sobre asuntos importantes en nuestros periódicos o estaciones de televisión o radio. El modelo de negocios que hizo a los medios de comunicación rentables, y por tanto independientes, está bajo serias amenazas, y nadie sabe a ciencia cierta qué lo reemplazará. Los blogueros y otros que no cuentan con un entrenamiento periodístico tradicional han asumido un rol mayor en el discurso político. Y estos retos se dan sobre un marco de crecientes amenazas a la independencia de los medios noticiosos. Estas amenazas son particularmente agudas en América Latina. La Sociedad Interamericana de Prensa cita particularmente la hostilidad del gobierno venezolano hacia los periodistas y periódicos independientes. Pero Venezuela no está sola. La SIP también ha notado ataques dirigidos a socavar la credibilidad de la prensa en Uruguay, Honduras, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Argentina. Incluso, reporta la SIP, “el reciente incremento de empresas mediáticas de propiedad del Estado en la región es una clara muestra de los nuevos esfuerzos desplegados por los diferentes regímenes por controlar la información.” Por eso una publicación como El Faro es tan importante. Es independiente. Mientras los gobiernos y las fuerzas económicas se vuelven más poderosas, a los periodistas les compete proveer un contrapeso. Los periodistas reportan noticias que la gente en el poder no quiere que usted conozca, y frecuentemente esa gente responde, especialmente si cree que los periodistas son débiles o vulnerables. En mi país, Estados Unidos, ha habido muchos casos de alto perfil de periodistas enfrentando prisión por negarse a revelar fuentes confidenciales. Pero cada vez más personas están llegando a la conclusion de que, si el gobierno puede encarcelar a periodistas por esto, ello reducirá su capacidad para reportar información que el gobierno no quiere que el público tenga. Mike Pence, un congresista estadounidense que patrocina una ley de protección federal, lo pone de esta forma: “Como un conservador que cree en un gobierno limitado, creo que el único control en tiempo real del poder del gobierno es la prensa libre e independiente”. El periodismo es divertido, pero es importante. Los periodistas nunca deben olvidar esto y, aún cuando se nieguen a tomarse a sí mismos demasiado en serio, no deben trivializar su llamado. Porque es un llamado, una vocación, y una que continúa siendo vital para las sociedades democráticas. * Periodista estadounidense y director del programa John S. Knight Fellowships de la Universidad de Stanford. |
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