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OPINIÓN Acceda señor PresidenteDaniel Valenciacartas@elfaro.net Publicada el 12 de mayo de 2008 - El Faro Hace cuatro años recuerdo haber visto un video en donde un Antonio Saca con menos años hablaba de las bondades de la libertad de expresión y del acceso a la información. El foro en el que aparecía como un paladín en defensa de estos derechos creo que era uno organizado por la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), donde fungió como Presidente del Comité Permanente de Libertad de Expresión. A ese cargo, Saca llegó gracias al papel que demostró en la presidencia de la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores, ASDER (1997-2001). A juzgar por lo que ahí dijo, él hizo más que un viaje de paseo. Dejó buena impresión. La fecha del video y el lugar del evento no las recuerdo. El material, sin embargo, sirvió para que en la redacción de El Faro reflexionáramos, entrada la noche de un lunes, acerca de nuestro oficio y de cómo conseguir la información. El Salvador en 2004 no garantizaba el cumplimiento del derecho de acceso a información. La semana pasada a mí me tocó hacer algo muy parecido a lo que hizo Saca hace cuatro años. Fui invitado por la Asociación de Derechos Civiles de Argentina y el Trust de la Organización de Estados Americanos a una charla debate sobre el acceso a la información y el papel del periodismo (sobre el tema) en América Latina. Sinceramente, me hubiera gustado contar en la Universidad de Palermo (Buenos Aires) que aquel hombre de medios, dueño de uno de los grupos radiales más importantes del país, ex comentador deportivo, narrador de mundiales, cuando llegó a la presidencia impulsó una ley de acceso a la información. Sin embargo, no podía mentir. Porque desde aquella noche, después de escuchar hablar a Saca en aquel video, el presidente ya era presidente (sí, también del partido); y ya había cambiado de postura sobre el tema. “La mejor ley es la que no existe”, fue la frase que lo hizo famoso en tiempos de campaña. El candidato y el funcionario opacaron al ex comunicador. Hace dos años, en noviembre de 2006, lo busqué a la salida de un evento en un hotel capitalino y le pregunté si estaría a favor o no de una ley de acceso a información antes de finalizar su gestión. Recibí la misma respuesta; adornada, como siempre, con un juego de palabras con los que intenta confundir los términos libertad de expresión, libertad de prensa y acceso a información. La semana pasada, mi compañero Rodrigo Baires le preguntó lo mismo y Antonio Saca repitió lo mismo de lo mismo. Después de enterarme de estas últimas declaraciones creo que todos los salvadoreños deberíamos pedirle que nos aclare una duda: o desconoce las diferencias entre estos tres derechos, o aboga por una política de falta de transparencia desde Casa Presidencial. Porque no es cierto, como él plantea, que una ley de acceso a la información sirva para “regular” el trabajo de los medios de comunicación. No queremos que nos regule ni que trate de confundirse diciendo que hay información porque él garantiza el reparto de la pauta publicitaria. No queremos tampoco una respuesta en la que dice defender, con declaraciones, la libertad de prensa. Queremos acceso a la información pública para todos. Y esta tampoco se garantiza con una política de puertas abiertas a la prensa, que dicho sea de paso, incluye a varios medios del país pero no a El Faro –le recuerdo que tenemos dos años y medio esperando una entrevista-. Lo que se le ha pedido, Presidente, es que construya democracia y regule su trabajo y el de sus ministros y demás empleados del aparato estatal para que se garantice la transparencia. Que lo regule para que la información de la cosa pública sea asequible a todos, no solo a los periodistas. Pasos importantes para crear ciudadanos informados, la principal base de una sociedad democrática y participativa. Por cómo usted actúa, presidente, no construye ni democracia ni transparencia en el país. Si todo está en orden, como usted dice, ¿por qué hay tanto recelo de parte de Casa Presidencial y de su secretario de comunicaciones, Julio Rank, para no dar a conocer el gasto de publicidad de su promocionada gestión? ¿Será acaso el uso de los 23.36 millones de dólares ejecutados en 2007 o los 7.3 millones que tiene presupuestada esta oficina para este año? Hace dos años usted se comprometió a dar esta información y designó a Rank, otro hombre de medios como usted, para que abriera estas cuentas. La semana pasada ratificó su compromiso y depositó en Rank, de nuevo, la responsabilidad de transparentar CASAPRES. Seguimos esperando. Y no sólo nosotros, Presidente, como cree Julio Rank. Usted es el único que puede mandar un mensaje a la Corte Suprema de Justicia para que haga su trabajo y transparente los informes de Probidad de todos los funcionarios del país; para que la Corte de Cuentas fiscalice de verdad el trabajo de todo el Estado y lo informe pública y oportunamente; para que las 262 alcaldías con sus 262 ediles y sus 262 concejos municipales cumplan con un gobierno municipal cristalino y para que la Asamblea Legislativa sea la creadora de un marco regulatorio que permita todo lo anterior. Aún cuando recién nos enteramos de los obstáculos para el acceso a la información que da la Asamblea, del juego electoral con el que su partido le ha cedido de nuevo la Corte de Cuentas al PCN y de cómo la misma Asamblea se receta jugosos gastos para galletas y memorias USB, le aseguro que el reto no es tan difícil como se vislumbra. Basta un poco de su voluntad y del apoyo de la sociedad civil. Imagínese, ya lo lograron México, Argentina y una larga lista de países que abarca casi toda Latinoamérica. En la región centroamericana ocurre lo mismo: en las páginas de la historia están quedando los nombres de aquellos mandatarios que impulsaron a rango constitucional este derecho. Usted podría no aparecer en esas páginas como le sucederá al ex presidente Fidel Castro de Cuba, que censuró todo. Ahorita, está usted a la par de Hugo Chávez, de Venezuela, porque esa ley no existe tampoco en el país suramericano. ¿Adónde quedaron sus vivas declaraciones que lo escuché pronunciar en aquel video? ¿Dejó de creer o está ocultando algo? Si al finalizar su mandato –le queda un año- no aprobará nada, ¿por qué se comprometió, en noviembre de 2006, a erradicar la corrupción en Centroamérica, y firmó un documento en donde se plantea que una de las principales herramientas para conseguir tal fin es “crear marcos regulatorios que garanticen el acceso a la información” en la región? ¿Qué pasó Presidente? ¿Se le olvidó el compromiso? No se imagina lo bien que se siente conocer experiencias de lugares en donde las promesas sí se cumplieron. En México, fíjese, luego de que se aprobó la Ley Federal de Acceso a la Información, se creó un Instituto Federal en donde cinco magistrados discuten con criterios legales si la petición de información del ciudadano “X” procede; y si la institución involucrada debe o no debe dar la información solicitada. Esto pasa cuando las peticiones de información no son respondidas directamente al ciudadano. Bonito, ¿no? Esta ley y este instituto atañen solo al poder Ejecutivo. El poder judicial y el poder legislativo tienen sus propios mecanismos de acción y lo hay también a nivel estatal. En Argentina no hay IFAI pero sí hay organizaciones de la sociedad civil –como la ADC-que apoyan causas de petición de información que han sido denegadas a todos los ciudadanos, periodistas y no periodistas. Eso es fomentar democracia, ¿no cree? Con mayor o menor fruto, también hay dependencias de diferentes instituciones del Estado que en teoría vigilan que las mismas instituciones respondan los pedidos de información. En Argentina la ley es para el Ejecutivo también. No hay leyes en todas las provincias, pero se espera que haya. ¿Y en El Salvador? Se oculta información pública Presidente, y no me diga que no. No me siga a mí y a los 5.7 millones de salvadoreños dentro del territorio con el cuento de que su gobierno es transparente y de que el Estado es transparente. ¿Qué pasó con la investigación del caso ISTA? ¿Su ex secretario jurídico la terminó o no? ¿Qué se concluyó? Por lo menos conocer si Luis Mario Rodríguez hizo o no ese trabajo sería un avance, ya que fue precandidato de su partido y se comprometió a crear una ley de acceso a la información si ganaba la candidatura y luego la presidencia. Pero bueno, no lo eligieron a él. Tiene razón. ¿Qué pasó en el tramo II de la Diego de Holguín? ¿Por qué el estado con fondos del erario público tendrá que indemnizar con miles de dólares a una constructora privada por un error cometido por su ex ministro de obras públicas, su amigo David Gutiérrez? Así como esos dos hay más casos, presidente. En el país parece que la transparencia es depositada dentro de los drenajes de San Salvador, que luego son sellados a fuerza de presión con tapaderas de acero. Y ya vio lo que pasa cuando llueve mucho. Toda la capital se inunda porque el sistema está obsoleto. En este corto tiempo que le queda, Presidente, usted tiene solo dos caminos: apoyar una iniciativa de ley o quedarse de brazos cruzados, ayudando a tapar todos esos agujeros que frenan el desarrollo democrático del país. Pero no se aflija, que por ahí puede tener una salvación. FUSADES está intentando crear una herramienta para que el acceso a la información sea una realidad. Sí, una ley, nada de parches ni de revisiones a la LACAP, como planteó su candidato Rodrigo Ávila. Un anteproyecto de ley. Se lo juro. ¿Se anima? Le prometo que no será difícil y que lo apoyaremos. Igual, sepa que como ha sucedido en la mayoría de países de Latinoamérica en donde se ha aprobado la ley, el marco regulatorio ideal es manoseado en los congresos. Pero aún así lo aplaudiremos. ¿Sabe por qué? Porque la mejor ley no es la que no existe. La mejor ley es la que sí existe y se aplica. Igual si se aprueba, maltratada, humillada, “sin dientes” -como nos gusta decir por acá-, ya será un paso importante tenerla. Y por ahí, más adelante, con el paso del tiempo, la sociedad reclamará reformas que permitan tener una normativa mejor. Fácil. La democracia se construye poco a poco. ¿Y usted? Pasará a la historia. ¿Le atrae? Debería porque en orden de llegada, según las encuestas, ahí Mauricio, Rodrigo o ¿Will? o cualquiera le puede robar la gloria. Si no lo quiere hacer pensando en función de país hágalo pensando en función de su partido. ¿No le gustaría que uno de los ex presidentes de ARENA ostente el título partidario de “presidente de lo social y de la transparencia”? Acceda señor presidente, acceda. |
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