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OPINIÓN / EL MIRÓN Los partidos políticosLuis Fernando Valerocartas@elfaro.net Publicada el 05 de mayo de 2008 - El Faro Los partidos políticos son los instrumentos del ejercicio democrático. Un día sí y otro también, se lee en los periódicos del mundo, desde El Faro al New York Times pasando por El País y terminando en Le Monde que el comportamiento de los partidos políticos deja mucho que desear y además que muchísimos políticos creen que sus países son sus fincas privadas, negándose en muchísimas ocasiones a dar cuentas de sus cargos o de sus actuaciones, o a ofrecer informaciones. Para muestra algunos botones: En el editorial del periódico el ABC de Madrid, España,(2/5/08) se afirma lo siguiente “El fichaje del ex director de la Oficina Económica de Moncloa, David Taguas, como presidente de Seopan, el «lobby» de las grandes constructoras españolas, reaviva la polémica sobre el alcance efectivo de la incompatibilidad de altos cargos de la Administración que automáticamente recalan en el sector privado o asumen actividades vinculadas a su anterior desempeño. Taguas, que alega no estar sujeto a incompatibilidad alguna, está pendiente de un dictamen de la Oficina de Conflictos de Intereses del Ministerio de Administraciones Públicas dada su condición de secretario de Estado y de miembro de Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, encargada de adoptar decisiones vinculantes para Ministerios como Economía, Fomento o Industria”. Ya no digamos la jugada que acaba de hacer Putin en su país, auto nombrándose primer Ministro, él que acaba de salir de Presidente de Rusia. En Estados Unidos se observa con preocupación que la lucha por la nominación entre Obama y Hillary Clinton está llevando al partido Demócrata al suicidio electoral, por descalificarse el uno al otro, y ello le está dando argumentos al candidato republicano McCain. En España la lucha por el liderazgo político en el Partido Popular está haciendo que el principal partido de la oposición, el PP, que acaba de perder las elecciones, deje de hacer su principal papel, que es ser oposición al gobierno. En el Reino Unido el varapalo que acaban de recibir los laboristas ha sido de órdago. Veremos como lo procesan. Y así podíamos ir sumando países y partidos: Francia, Italia... Todo esto que estamos señalando hace que el pueblo, es decir aquel en quien reside la soberanía, acaba pensando que los políticos que controlan los partidos se han convertido en una casta a la que sólo le interesan sus cosas, que se resumen en conservar el poder a toda costa, uniéndose, apoyándose entre ellos, en matrimonios ideológicos de difícil convivencia y que aunque se llevan a matar dadas sus diferencias y ambiciones, pero el coche oficial, las prebendas, los salarios altos, las dietas, los privilegios privan sobre los intereses y las diferencias y siguen aliándose facciones de uno y otro partido y minorías insignificantes que controlan el poder o el gobierno, por un voto que hace la mayoría cualificada, y ellos a seguir viviendo del erario público, es decir, de los impuestos que pagan todos los demás ciudadanos. Ante todo este cúmulo de despropósitos, que no son agoreros ni exageraciones, cabe preguntarse ¿Está agotada la fórmula de los partidos en democracia? En verdad, viendo lo visto, podría pensarse que sí, lo malo es que inventar otro modelo, mucho me temo que a la larga pasaría lo mismo y hay que volver a aquella famosa frase de que la democracia es el sistema menos malo que tenemos y quizás por ello el mejor. Ello no implica que algunas cosas no deberían cambiarse para hacer el sistema más transparente, más limpio, menos destructivo y en donde las pasiones y lo peor del ser humano no aflore con tanta facilidad. Los partidos políticos nacieron con algunos objetivos: ¿Dónde nace el problema? En que los partidos políticos se han convertido en un sistema cerrado burocrático en donde hay que pagar demasiados peajes y la burocracia en muchos de ellos se ha impuesto a la capacidad y a la inteligencia pues en ellos la democracia ha sido desplazada por el servilismo, el culto a la personalidad y los caciquismos de los líderes que se enquistan en el poder y reparten prebendas, en función de la aceptación de su liderazgo, creándose dentro de ellos, los mejor intencionados, les llaman familias, corrientes ideológicas y los peor intencionados mafias y "lobbys" de presión que se convierten en auténticas sectas perversas. En demasiadas ocasiones la lucha por la nominación enfrenta a personas bien cualificadas, que optan por aliarse con mediocres, saltimbanquis, cobardes, que les venden su voto y estos luego si llegan arriba tienen que pagar la factura y así el sistema cada vez se va pudriendo más. Desdichadamente en los partidos políticos hay cada vez más enemigos que sinceros adversarios, con diferentes matices y por ello las luchas son a degüello, con el consiguiente desprestigio para la política, como arte de los posible y la democracia como gobierno del pueblo. Los partidos políticos en estos tiempos en que el trabajo es un bien escaso, en donde los buenos empleos requieren cualificaciones personales significativas, se han convertido en agencias de empleo y trabajo y en donde, por aquello de la burocracia del partido, aquel joven que desde temprana edad entró en el partido y ha recorrido toda la escala, en sus primeros años haciendo lo que le mandaban y conforme se iba haciendo mayor, escalando puestos, la veteranía es un grado, pero sin ninguna otra preparación que el haberse agachado continuamente, al final llega al máximo escalón por acumulación de tiempos, pero es una persona en demasiadas ocasiones pusilánime, rota, que sabe que aquel que se agita o aquel que se mueve no sale en la foto, como dijo un famoso político español de los tiempos de Felipe González. Es evidente que una de las primeras cosas que deben hacer los partidos políticos es abrir sus ventanas y dejar que entre una impresionante corriente de aire fresco, que se lleve de la estancia el aire podrido y viciado que un hermetismo secular mantiene. Hay que abrir las listas y celebrar primarias y confrontación de ideas, con respeto y votaciones claras y limpias, sin control de “aparatchik del partido” y sobre todo, que los partidos impongan una norma férrea: nadie debe estar en un cargo sea del partido o de la política parlamentaria o gubernamental más de dos legislaturas, es decir ocho años, después debe salir, irse a trabajar a la sociedad civil y si quiere al cabe de otros cuatro años volver, si vuelve a los ocho mejor, pues el contacto con la sociedad le habrá oxigenado y por conocerla de cerca sus soluciones serán mas reales y efectivas que si lleva veinte, veinticinco años a la sombra del partido calentando sillas y esperando la ocasión para chupar de la guayaba. |
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