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OPINIÓN / DESDE LA ACADEMIA

Se desinfla la campaña Occidental
contra China

Ricardo Ribera
cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de abril de 2008 - El Faro

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En mi columna de la semana pasada (La campaña por el Tíbet: “no seas tan CNN”) creo haber demostrado que las protestas por la represión china en el Tíbet y llamando al boicot de los Juegos Olímpicos a celebrarse en Beijing en agosto formaban parte de una campaña que no es tan inocente, desinteresada ni espontánea como los medios de comunicación occidentales quieren hacernos creer.

El tema ha despertado el interés de algunos lectores de El Faro que han tenido la cortesía de enviar sus opiniones. Por otra parte hay algunas novedades en la situación que conviene señalar para completar la evaluación del tema.

Las autoridades chinas han anunciado su disposición al diálogo con el Dalai Lama, el cual ha reaccionado favorablemente con la única condición de que cese la que califica como “campaña de difamación” en su contra. Su contraparte también condiciona las conversaciones en tres puntos: que el líder espiritual tibetano cese en el intento de “separar” el Tíbet de China, que no incite a la violencia y que no busque sabotear los Juegos Olímpicos. No hay razón para que dichas condiciones impidan establecer el diálogo, pues el Dalai Lama ha rechazado reiterada y públicamente estos tres aspectos. El tema a discutir debe ser la autonomía del Tíbet, la amplitud y profundidad de la misma, no su independencia.

La opinión de que “los tibetanos son tibetanos, no son chinos” pareciera no tomar en cuenta la postura del propio líder del Tíbet ni la evidencia histórica. Por otro lado, esa misma lógica aplicada a otras regiones del mundo, en vez de solucionar problemas va a crearlos. También podría decirse los catalanes son catalanes, los vascos son vascos, no son españoles; los kurdos son kurdos, no iraquíes o turcos; etc. Es la lógica que la OTAN impuso en los Balcanes para destruir la antigua Yugoslavia, en un amargo drama secesionista (Croacia, Bosnia, Macedonia) que ha culminado con la independencia de Kosovo, que requerirá para sobrevivir de asistencia externa masiva porque simplemente no es viable.

Igual esquema basado en el imperial “divide y vencerás” se le pretende imponer a Bolivia, alentando la segregación de Santa Cruz y otros tres departamentos del país andino. Las alternativas a esa táctica disgregadora, en Bolivia como en China, están en una política descentralizadora y autonómica que negocie el traspaso de ciertas competencias, sin atentar contra la soberanía nacional y la integridad territorial de los Estados.

China tiene derecho a defender su integridad territorial, como lo tiene cualquier otro Estado. No tiene derecho a utilizar represión cruel y desmedida. Pero lo acontecido en Lhasa el 14 de marzo es otra cosa: una campaña de “limpieza étnica” de grupos tibetanos extremistas contra chinos de etnia Han.

La inmigración china en las últimas décadas ha hecho que representen ya casi la mitad de la población en Lhasa. Tienen derecho, como ciudadanos que son, a establecerse en cualquier parte de su país; la restricción a ese derecho seguro levantaría enérgicas protestas en Occidente. Sin embargo hay sospechas fundadas de que la inmigración china al Tíbet responde a una política deliberada del poder central. Hay base para pensar que el tema debe ser tratado en la negociación que se establezca para ver cómo puede regularse y favorecer la integración, sin poner en riesgo la cultura e identidad tibetana. Y sin que la población china establecida en el Tíbet corra riesgo de nuevos ataques contra sus personas, viviendas y negocios.

Se afirma que el régimen chino es represivo y probablemente sea cierto. De hecho, es el país con más penas de muerte ejecutadas en el mundo. Lo sigue en la fatal estadística Estados Unidos. La diferencia es que a Estados Unidos nadie le montó una campaña de boicot a los Juegos Olímpicos cuando los organizó en Atlanta. Noticias de brutalidad policial y de impunidad hay a cada rato en el país “del sueño americano” (estos días absolvieron a los policías neoyorquinos que acribillaron a tiros a tres jóvenes que salían de una fiesta por “sospechar” que estaban armados) pero no surgen por ello las campañas mediáticas por la violación de los derechos humanos en esa nación. China se niega a suscribir el Estatuto de Roma que establece el Tribunal Penal Internacional para juzgar crímenes de lesa humanidad, pero Estados Unidos se niega a ratificarlo y presiona a otros gobiernos a no suscribirlo.

Ciertamente el gobierno chino controla y censura internet. Pero no siempre eso constituye un atentado a la libre expresión. Acaba de retirar páginas web de ciudadanos chinos exaltados contra la campaña occidental por el Tíbet que promovían el boicot a los productos y establecimientos franceses. Una campaña parecida se dio en Estados Unidos, como respuesta a la negativa francesa de apoyar en la ONU la guerra contra Iraq. En ambos casos se decía que el aparato gubernamental estaba detrás de dichas reacciones “espontáneas” de la ciudadanía. Pero ahora el gobierno chino ha optado por frenar el boicot a la cadena Carrefour (de hecho 90% de los productos que vende son de fabricación china) señalada de apoyar financieramente al gobierno tibetano en el exilio. Sarkozy, el presidente francés, fue de los primeros en plantear no asistir a la ceremonia de inauguración de los Juegos, como protesta por la “represión” china en Tíbet. No obstante, ha tenido que suavizar su postura y pedir disculpas por las agresiones al recorrido de la antorcha olímpica en París. La noticia ha tenido mucha menos difusión que cuando se dieron las manifestaciones “free Tíbet”.

Resulta que la persona a quien arrebataron violentamente la llama olímpica, la atleta china Jin Jing, es una deportista discapacitada, en silla de ruedas, a la que le desbarataron el honor de portar la antorcha, víctima de la agresiva conducta de los manifestantes. El gobierno francés, además de las disculpas formales, le ha ofrecido una estadía en París, con todos los gastos pagados, invitación que al parecer ha declinado. Otros gobiernos también han matizado su posición, por ejemplo Ángela Merkel, la presidenta alemana, ha dado declaraciones distanciándose del boicot y deseando que los Juegos Olímpicos se desarrollen de manera pacífica y exitosa.

La actitud que contrasta es la del gobierno norteamericano: se ha emitido por el Departamento de Estado, que dirige Condoleeza Rice, una “recomendación” a los turistas estadounidenses que se abstengan de viajar a China y que si lo hacen “sean precavidos”. Se instruye en la misma que los Juegos Olímpicos pueden ser “un objetivo atractivo para los terroristas” y que hay “un elevado riesgo” en la aglomeración de personas que se tendrá en Beijing. No hace falta ser un lince para interpretar que la recomendación se constituye en otra forma de boicot, esta vez “oficial” y ya no “espontáneo”, a la organización china de las olimpiadas.

En una especie de “revival” de la primera etapa de la guerra fría, ya se habla en los medios de una “estrategia de contención” hacia China por parte de los Estados Unidos. La cual de momento va siendo contestada al “modo chino”, con su línea de “hegemonía suave” y el recurso de la diplomacia.

Se acaba de anunciar para el 6 de mayo la visita oficial del presidente de la República Popular China al Japón, la primera en más de una década. China rompe el cerco con su progresivo acercamiento a India, a Corea del Sur, a Irán, a Rusia. Con su presencia en proyectos e inversiones en los países africanos, con su gradual apertura hacia América Latina. Y es de esperar que lo logre, para bien de los demás países metidos dentro del cerco desde hace demasiado.

 

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