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OPINIÓN La tormenta perfectaGiovanni Berticartas@elfaro.net Publicada el 28 de abril de 2008 - El Faro “Crisis” es la palabra de moda últimamente. Hay crisis en el mundo debido al incremento desmedido en los precios del petróleo y de los alimentos; hay crisis en Estados Unidos debido a las turbulencias financieras derivadas del mal manejo de los créditos hipotecarios; hay crisis en El Salvador debido a la incapacidad institucional para resolver de una vez por todas – con valentía y autoridad – el eterno problema del transporte público; hay crisis en los hogares porque finalmente todas estas situaciones se reflejan en billeteras vacías antes del 30 de cada mes. En días recientes han desfilado en nuestro país una buena cantidad de expertos internacionales tratando de explicar los orígenes, alcances y probables impactos de la crisis externa. Igual labor han desarrollado los expertos nacionales, intentado aterrizar a la realidad salvadoreña las implicaciones de esta difícil situación mundial. Ha sido un ejercicio intelectual importante. Hoy somos más los que conocemos las dimensiones de la problemática que algunos han dado en llamar – con un estilo muy de Hollywood – la tormenta perfecta. Aunque parece no existir un acuerdo generalizado sobre la temporalidad y profundidad de la crisis (para algunos será de corto plazo y de impacto moderado en países como el nuestro; para otros será de largo aliento y con fuertes implicaciones en la economía nacional); lo que sí goza de consenso es la necesidad de diseñar e implementar a la brevedad posible medidas de política pública orientadas a reducir los impactos de la crisis y a proteger a los grupos poblacionales más vulnerables. Es cierto que muchas de las causas de la crisis son ajenas a nosotros. Pero también es cierto que muchas de sus consecuencias se deben a la falta de previsión y a la debilidad de nuestro sistema económico; y esto, aunque duela, sí es responsabilidad nuestra. Seguir escudándonos en que no podemos hacer nada porque todo es culpa de otros equivale a imponerle una camisa de fuerza a nuestra inteligencia y a nuestra creatividad en una coyuntura que exige – precisamente – mentes audaces y decisiones innovadoras. Apelar a la conciencia ciudadana y empresarial para estimular la solidaridad con los más afectados es correcto y hay que hacerlo, pero no hay que olvidar que frente a este oscuro escenario, la mayor responsabilidad recae en los tomadores de decisiones y en los liderazgos nacionales. El gobierno debe desplegar toda su capacidad creativa y ejecutiva para encontrar las mejores soluciones posibles en los peores tiempos imaginables. Es su responsabilidad hacerlo ahora, independientemente de quién llegue en 2009. Queda un año de gestión y eso es mucho tiempo como para quedarse con los brazos cruzados. El esfuerzo no debe limitarse a impulsar acciones dilatorias y superficiales. Medidas paliativas, como el regalo de 10 centavos a los dueños de autobuses, podrán mantener bajo por un tiempo el costo del pasaje, pero no resuelven los problemas del transporte público. Medidas temporales, “hasta junio del 2009”, como se perfilan algunas de la Alianza por la Familia, pueden ayudar a algunos, pero difícilmente sientan las bases de soluciones más permanentes y estructurales. Medidas electoreras, como regalar insumos a los productores agrícolas, pueden generar algunos votos, pero no atacan de raíz los orígenes de la pobreza rural y de inseguridad alimentaria. Si la naturaleza de la crisis es tan compleja como dicen los expertos, las soluciones no pueden ser tradicionales ni conservadoras. Las respuestas deben estar a la altura de los desafíos. En este caso, hacer más de lo mismo, no será de mucha utilidad. La película protagonizada por George Clooney, si bien es inspiradora, no tiene un final feliz. La Tormenta Perfecta termina por hundir la embarcación y acaba con la vida de todos los tripulantes. Esperemos que eso no suceda en nuestra realidad, y rescatemos de esta cinta su principal moraleja: es en momentos difíciles cuando afloran los verdaderos líderes.
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