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OPINIÓN / EL MIRÓN

La locura del biocombustible

Luis Fernando Valero
cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de abril de 2008 - El Faro
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Dado el avance de la biotecnología nadie se podía imaginar que en pleno siglo XXI el hambre hiciera irrupción con la fuerza que lo está haciendo. Ya que entre los objetivos del milenio, los explicamos hace unos meses en El Faro, estaba como objetivo primordial a alcanzar los llamados a cortar, de manera drástica, la penuria, el analfabetismo y la mortandad infantil en los países más pobres.

La  directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, la norteamericana Josette Sheeran, ha señalado que "las familias en países en desarrollo están pasando de hacer tres comidas al día a tan sólo una y están abandonando las dietas diversas para consumir alimentos básicos". Y en otros países con  posibilidades mínimas se están introduciendo las cartillas de racionamiento y en los riquísimos Estados Unidos de Norteamérica las cadenas de supermercados están limitando el número de productos alimenticios que puede comprar cada persona; eso es racionamiento, por más que la palabra extrañe aplicado a un país como EE.UU.

¿Por qué está ocurriendo esto? Hay que remontarse a 1974, cuando Estados Unidos se tambaleaba por el embargo petrolero impuesto por la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

El Congreso preocupado tomó medidas legislativas para promover el etanol a partir del maíz como combustible alternativo. Y el presidente Carter dijo una frase que ilusiona siempre a los norteamericanos, tan patriotas ellos: el esfuerzo de equilibrar las demandas de energía con los recursos internos disponibles sería el "equivalente moral de la guerra".  Y nació la industria del etanol.

Ahora, debido los altos precios del petróleo y de subsidios gubernamentales aún más generosos, el etanol derivado del maíz está de moda. En su más reciente informe sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush ha hecho un llamamiento a su país a producir 35 mil millones de galones de combustible renovable al año para 2017, casi cinco veces el nivel actualmente encargado.

Esto se traduce inmediatamente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, en el caos en numerosos países del tercer mundo pues sus alimentos se verán elevados a unas alzas desmesuradas pues las grandes productoras comprarán cantidades masivas para la industria del etanol que paga mucho mejor y ello eleva el precio.

Arrastrando a su vez el precio a las oleoginosas, girasol, yuca, soja, trigo, cebada, centeno… toda una serie de vegetales esenciales en la cadena alimenticia básica de los países del mundo.

Consecuencias: huelgas, hambruna, levantamientos en Pakistán, Egipto, México, Burkina Faso, Filipinas, Argentina…

Jean Ziegler, enviado de Naciones Unidas para asuntos alimenticios, responsabilizó a Occidente  y manifestó que las organizaciones multilaterales deben poner en evidencia la "locura" de la gente que cree que el hambre es cosa del destino. "El hambre no ha sido cosa del destino desde hace mucho tiempo. Más bien hay un asesinato detrás de cada víctima. Es un silencioso asesinato en masa", debido a la "monopolización de los ricos en la Tierra" y  a la "violencia estructural". "Tenemos una multitud de empresarios, especuladores y bandidos financieros que han convertido en salvaje un mundo de desigualdad y horror".

Según la FAO, 36 países de casi todos los continentes están inmersos en esta crisis alimentaria. En América Latina puede dar al traste el progreso económico de los últimos años. Y nadie está al abrigo de este contagio inflacionario. En China,

por ejemplo, las autoridades han anunciado que los precios de los alimentos han subido un 21% en lo que va del año, es decir casi lo mismo que en el conjunto de 2007.

 El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha propuesto como estrategia "un nuevo pacto para la política alimentaria global" que contempla una ayuda inmediata de emergencia de 500 millones de dólares, de los cuales, dice, se han recaudado la mitad, además de nuevos préstamos, programas de trabajo por alimentos y nuevas plantaciones.

Lo triste de toda esta desgracia es que era predecible que comprando masivamente cereales y productos esenciales de la alimentación básica los precios subirían por la leyes del mercado, y ello se traduciría en más inseguridad alimentaria y por ello es obligado una acción global para proteger a los más pobres de precios en continuo incremento o muy volátiles.

No cabe decir que no se sabía lo que iba a pasar. Pero demasiados miraron para otro lado, para no ver cómo unos pocos ganaban millones fácilmente a costa de muchos.

Hay quien cree que esta inmensa crisis podía convertirse en una oportunidad para corregir definitivamente algunos de los mayores problemas que padece la agricultura en los países menos desarrollados. No hay mal que por bien no venga, si de verdad sirve para eso.

José María Sumpsi, el segundo hombre más poderoso de la FAO, señala en una entrevista de Cristina Delgado, en El País:

Pregunta. ¿Qué hace a esta crisis alimentaria diferente de las anteriores?

Respuesta. La novedad es que han confluido muchos elementos y, sobre todo, una violencia que era desconocida. Hasta ahora, las hambrunas llegaban por catástrofes naturales como las sequías. Ésta viene por el precio de los alimentos, y además será coyuntural.

P. Se señala a los biocombustibles como la causa principal de todos los males...

R. De todo no, pero por supuesto que tienen una parte de responsabilidad. Según estudios de la FAO y de otros organismos internacionales, entre 2006 y 2007 han tenido una contribución a la subida de los precios de entre el 5% y el 10%. Eso se ha juntado con otros factores. Ahora bien, de cara al futuro, si Estados Unidos o la Unión Europea siguen convirtiendo más y más producto agrario en biodiésel o bioalcohol, a medio plazo los biocombustibles se convertirán en el gran problema,

P. Los analistas dicen que las materias primas son el nuevo refugio de muchos inversores escaldados. ¿Eso también influye?

R. Por supuesto. Ante una crisis hipotecaria o financiera hay masas de dinero que van cambiando de producto. Han decidido refugiarse en los alimentos, algo que no pasaba desde hace tres décadas. Saben que las reservas son las más bajas desde hace 30 años, y esto crea una oportunidad de rentabilidad para los próximos años. Estas inversiones han empezado a empujar sus precios hacia arriba.

P. ¿Y cuáles son esas medidas necesarias?

R. Una acción combinada con otras instituciones, porque el problema es tan grave que no puede solucionarlo sólo la FAO. En junio propondremos crear un sistema de reservas internacional, stocks o medidas regulatorias que aseguren un mínimo de reservas mundiales.

P. Entonces, ¿la crisis puede acabar en algo bueno?

R. Ésa es la clave. Con la crisis de alimentos vivimos una situación dramática, pero, a medio plazo, es una gran oportunidad. Puede servir para desarrollar la agricultura en el mundo, mover a las economías avanzadas, para crear estructuras...

P. ¿Hasta cuándo durarán las revueltas populares y las reacciones más virulentas?

R. Hasta las próximas cosechas, en junio. Esperamos que sean buenas, a no ser que haya algún desastre natural, así que cuando llegue la abundancia, aunque los precios no bajen del todo, las reservas se relajarán.

P. ¿Y si la cosecha de 2008 se estropea?

R. Si eso ocurre, el que sepa rezar que rece.

Ya saben, quien quiera que empiece, más vale que la ayuda, sea divina o no, llegue pronto.

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