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Un comienzo desteñido para el Festival de Teatro

René Lovo*
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de abril de 2008 - El Faro
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Salí de la función que hicieran  los amigos argentinos (que inauguraron el esperado festival) con una desencantada emoción, más atrapado en la desilusión que en la satisfacción.  Vale decir que por un momento ( al tener los primeros intercambios con amigos y colegas que salían de la función) me creí desentonado con el ambiente y las breves pláticas de los pequeños grupos que se formaron en el lobby del teatro FEPADE, en donde ya con la cerveza en la mano, iniciados los saludos e intercambio de opiniones, hice mi primer apunte:  Qué literaria y ortodoxa la propuesta.  ¿no te gustó?  Me preguntaron.  No es cuestión de gustos, es cuestión de hechos. 

No cabe ninguna duda de que la temática que plantea la “Omisión de la Familia Coleman” es explosiva y poderosa, pero de qué sirve si física y emocionalmente no está sostenida en el espacio teatral.  Adelante y atrás de mí se durmieron  tres personas, otras dos se salieron y yo estuve a punto de salir a fumar un cigarro.  Una actuación más anecdótica que dramática, con un nivel de juego de parte de los actores (responsabilidad obviamente del director) incapaz de crear ningún campo magnético autónomo del texto.

Por ahí me dijeron que la obra sufre el mal del director que monta las obras que escribe utilizando los actores como pretexto para que sus palabras sean escuchadas con claridad.  Puede ser. Sin embargo yo creo que corresponde más a un problema de concepción de teatro, de la práctica de un teatro que sigue creyendo que las historias y los contenidos son lo más importante. No. El teatro va ser revolucionario por su forma, y todo lo que tenga que decir lo hará a través de ella, no por la presunción de creer que ya todo está condensado en el “texto”, generando entonces que actores y director ejerzan una acción cómoda y desinteresada con el segundo de cada momento que se está jugando en escena.

Los actores ponen la carne en el asador, y esto debe de verse en escena, los registros que maneja el actor deben activarse para promover un juego que deriva en un campo de fuerza único e irrepetible.  Eso es un momento actoral y teatral. Esto no se vio, más bien hizo que aparecieran muchos momentos durante la función que no correspondían a ningún tono dramático, más que a la añoranza de que allí, en escena, se supone que debería estar pasando algo que en realidad no pasaba. Toda la acción posible se le confió al texto y eso tiene que ser discutido.

No es posible que a un festival “que se ha posicionado” como el más importante de la región nos sigan trayendo obras tan conservadoras, que en vez de abrir al público a la poderosa fuerza (emotiva e intelectual) del arte escénico, lo encajonen en ideológicas y reaccionarias formas de crearlo. Naturalmente esto tiene que ver con el ejercicio de la curaduría, si la curaduría está o no, desarrollando un criterio de selección que corresponda a una visión avanzada del teatro, con intereses artísticos y teatrales, o simplemente está aprovechándose de la fuerza de otros curadores de la región (Costa Rica, Panamá, Colombia, etc) que le traen obras de teatro y se las colocan  cerca de sus fronteras para que el festival salvadoreño las traiga al país. 

Habría que reflexionar o investigar sobre cómo se está ejerciendo la curaduría teatral en la región, puesto que de esta depende que los mejores grupos del continente participen en estos círculos o sean marginados por reaccionarias posturas formales, artísticas o en el peor caso ideológicas, las cuales están deteniendo la promoción de un teatro más alternativo y de vanguardia.  Pero independientemente de que el festival salvadoreño se sume a la fuerza festivalera de la región, por contar con un presupuesto nacional ($30 mil me parece que hizo público CONCULTURA que aportó este año) creo como ciudadano, y como artista de teatro, que nos merecemos al menos una inauguración de festival extraordinaria y deslumbrante, no como la que ocurrió, no hoy, sino en todas las pasadas ediciones.

*El autor es director y actor de teatro

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