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OPINIÓN Hugo Chávez y la TeletónCarlos Molina Velásquez*cartas@elfaro.net Publicada el 14 de enero de 2008 - El Faro ¿Qué tienen en común el presidente venezolano y la Teletón? Curiosamente, lo que les une es la forma de las críticas que reciben. Los éxitos en la gestión del primero —trueque de petróleo por médicos, gestiones a favor de los rehenes colombianos— son interpretados, en el mejor de los casos, como “movidas” realizadas para el logro de objetivos inconfesables; en cuanto a los que “se mueven” tras las bambalinas de la Teletón, es frecuente que se les acuse de usar el evento para la evasión de impuestos y la obtención de “ganancias” de algún tipo —imagen, prestigio, etc. ¿Qué nos dicen estas críticas? A mi juicio, son un buen ejemplo de lo que llamo obsesión con los motivos, un factor no despreciable dentro de nuestro lenguaje ético. Cuando pensamos en lo que caracteriza a un hecho correcto, desde un punto de vista ético, ponemos un énfasis, no del todo justificado, en los motivos del agente. En el caso de la reciente liberación de rehenes, en Colombia, no estaríamos evaluando en función de los resultados obtenidos, sino de los “presuntos” objetivos del negociador en cuestión: Chávez. La pregunta que nos hacemos no es ¿cuál es la situación resultante luego de haberse realizado las gestiones?, sino ¿cuáles son los intereses ocultos de Chávez? Creo que las declaraciones del ex presidente Samper son muestra de una evaluación acerca de las consecuencias por encima de las que se hacen sobre los motivos del agente, es decir, pone un mayor énfasis en la primera pregunta que en la segunda. Si con Chávez se han obtenido resultados benéficos —y parece que inéditos—, ¿por qué centrar el discurso en cuestionar sus motivos? Y hay que reconocer que esto puede afirmarse incluso si tenemos razones de peso para la sospecha. Casi inmediatamente después de la liberación de rehenes, Chávez ha pedido que sean excluidas las FARC y el ELN de las listas “made in USA” que especifican cuáles son los grupos terroristas; él se ha referido a estos grupos como “insurgentes” y “gestores de un proyecto político”. No es poca cosa. Se trata, nada más y nada menos, de una afirmación que descalifica radicalmente el discurso del gobierno colombiano y estadounidense (“no se negocia con terroristas”, etc.). A estos últimos no les faltan razones para el enfado. Pero el asunto es que, incluso cuando tenemos algo más que meras sospechas, puede ser aconsejable mantener la postura del presidente Samper. Veamos lo que sucede en el caso de la Teletón. Es recurrente poner el peso de la crítica en “las verdaderas razones” que podrían tener los entes organizadores y los donantes, específicamente, la gran empresa salvadoreña. ¿No es este esquema un traslado de la crítica basada en motivos? Según mi parecer, se trata de eso efectivamente. Pero, aún más, creo que debemos sacar las conclusiones incómodas del caso, es decir, nuestra crítica a los gestores de la Teletón no debe eludir el tema de los motivos pero tampoco debe convertirlo en la base de todos nuestros cuestionamientos. Así como pasa con el argumento de Samper, puede ser mucho más productivo que nos centremos en las consecuencias reales de tal evento, a la hora de evaluarlo. ¿Queremos criticar la Teletón? Muy bien, fijemos nuestra mirada en los resultados obtenidos hasta ahora. Esta sugerencia, estoy seguro, no será recibida de forma demasiado entusiasta por parte de los que objetan el evento cada vez que se realiza. Probablemente, porque se trata de adalides de una “crítica destructiva”, que tiene como premisa estigmatizar la actividad empresarial independientemente de lo que ésta signifique realmente; o puede que la disconformidad provenga de la “crítica informada” que mantenga su posición sobre las sospechas legítimas sobre corrupción, evasión y no sé cuántos más problemas éticos —y legales. Ahora bien, en ambos casos, quisiera sugerir que se repare en la expresión final “hasta ahora”. La he resaltado porque no cumple una mera función estilística sino, más bien, tiene el rol de “enmarcar” la crítica desde una perspectiva social más amplia que la mera recaudación de dinero. Para que nos hagamos una idea de esto último, pensemos en las empresas que han implementado gradualmente políticas de contratación que toman en cuenta, de manera positiva, a las personas con discapacidad. Efectivamente, los niños crecerán y buscarán empleo, con lo que cualquier plan serio de incidencia en sus condiciones de vida tendrá que tomar en cuenta el “factor tiempo”. En otras palabras, debe pasarse del asistencialismo a la responsabilidad social. Una cosa es ayudar a niños que apenas manifiestan claramente sus intereses y otra muy distinta es responder a los intereses de jóvenes y adultos que exigen un “reconocimiento subjetivo”, es decir, que obligan a ser tomados en cuenta como iguales. Creo que estas últimas precisiones mostrarán que no se trata de abandonar la crítica sin más. Más bien, hay que reflexionar acerca de los énfasis que ponemos al hacerla: si es en función de la calificación o descalificación de los motivos de los agentes, o si hemos de centrarnos en las consecuencias. Y ya hemos visto que el desplazamiento de la primera postura hacia la segunda no nos convierte, necesariamente, en defensores improvisados o ingenuos de lo que queremos criticar. Pero hay algo más. Si bien he sostenido la coincidencia entre la manera como evaluamos las iniciativas como la Teletón y las gestiones de Hugo Chávez, vale la pena concluir marcando la desemejanza más notoria. Si bien, en ambos casos, hay razones para desconfiar de los motivos, el énfasis en las consecuencias marca un punto a favor del presidente venezolano, en este momento. Todavía no ha transcurrido mucho tiempo luego de la liberación de los rehenes, así que no sabemos aún cuáles serán los desarrollos de tal evento, aunque hagamos especulaciones. El contraste entre la alegría que rodea los sucesos de estos días y las fracasadas negociaciones del pasado dan a entender que, en lo que respecta meramente a resultados, la balanza se inclina a favor de Chávez. Este no es el caso de la Teletón. Ya ha transcurrido el tiempo suficiente para hacer evaluaciones serias de las consecuencias reales, incluso en el largo plazo. Y acá podría ser que la balanza dé más razones a los críticos. En tal caso, ¿habremos ganado algo? Definitivamente sí. Habremos transformado nuestras críticas en algo más que estigmas y descalificaciones paralizantes. *Doctor en Filosofía y catedrático de la UCA. |
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