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OPINIÓN / LA BUHARDILLA
Fraseario VII
Federico Hernández Aguilar*
cartas@elfaro.net
Publicada el 10 de diciembre de 2007 - El Faro
Si el fin justificara los medios, no habría razón válida para combatir a quienes llegaran al extremo de pensar que, por consiguiente, se pueden usar todos los medios —incluso los más viles— con tal de llegar a un puñado de fines, o, peor todavía, admitir que el fin particular de un individuo justifica la imposición de ciertos medios a todo el mundo.
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Hay que implorar a Dios nunca tener que enfrentar adversarios honestos. Son los más difíciles de vencer. Y es preferible ser honesto, aunque se paguen ciertas facturas, que encarar la honestidad, que no acostumbra perder batallas decisivas.
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Disculparán ustedes que hable de mí, pero soy el mal ejemplo que tengo más a mano.
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Frente al Estado y las políticas culturales, los artistas suelen dividirse en dos clases: los que conocen la naturaleza de los procesos administrativos estatales, y los que se quejan de ellos. Estos últimos suelen dividirse en dos clases: los que se quejan a hurtadillas y los que se quejan con énfasis. Estos últimos también suelen dividirse en dos clases: los que enfáticamente niegan querer que el Estado los mantenga, y los que enfáticamente piden que el Estado los mantenga. Y de estos últimos, claro, existen muchísimas clases.
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¿Siempre hay un mañana? Sin duda… siempre y cuando te atrevas a construir un hoy.
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Cosas muy importantes en la vida están determinadas por la definición que otorguemos a las siguientes palabras: amor, deber, felicidad y libertad. Mucho —y más de lo que pensamos— depende de a qué le llamemos amor, a qué llamemos deber, a qué felicidad y a qué libertad.
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Anular con insultos a un adversario político es la más perfecta de las victorias pírricas.
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Hasta el sol se deja enterrar en el horizonte… ¿Y tú quieres competir, torpe, con esos milagros?
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Jesucristo libera para salvar. Y a ambos lados de la redención, pide Dios que sus criaturas sean herramientas, no fabricantes; testigos, no jueces; universales, no sectarios; audaces, no hostiles; magnánimos, no divisionistas; comprensivos, no claudicantes.
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Los periodistas, al igual que los políticos, pueden dividirse en dos grupos básicos: los que cumplen con su deber y los que deben cumplir.
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Las especias tienen su efecto a base de contrastar sabores. El dolor es un ingrediente para sazonar la vida, y la felicidad imperecedera —imposible, además, en este mundo— es como el gusto eterno por una sola comida.
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En el ejercicio de la función pública, pocas armas son más eficaces que una conciencia tranquila.
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A la pretensión de definir exactamente qué es el amor, muchos jóvenes unen el egoísmo de exigirlo. Es oportuno enseñarles por qué el amor es mucho más profundo de lo que piensan, y por qué es imposible, en consecuencia, demandarlo a cualquiera, demandarlo en todo tiempo y demandarlo de cualquier manera.
*Escritor
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