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OPINIÓN El tío DavidDavid Ortez Quintanarcartas@elfaro.net Publicada el 03 de diciembre de 2007 - El Faro Desde hace más o menos 15 años, cuando tome la decisión de estudiar derecho, recuerdo una expresión lapidaria de mi tío David, médico y socialista hasta el tuétano, quien, al enterarse, me dijo en uno de sus viajes desde Suecia: “Derecho estudian los vendedores de lotería: Los abogados en El Salvador se visten de negro pues son como los zopes que se ponen en fila a la entrada de los juzgados esperando a que llegue la patrulla de la benemérita y cuando llega el pobre cristiano que va adentro no sabe con quien le va mejor, sin con la guardia o con los abogados que se abalanzan como zopilotes.” Un diagnóstico sepulcral de quien a diario trata con la vida y la muerte, que obviamente tome con molestia, pues pensaba que el abogado era poco menos que un filósofo que hacía la praxis de las más altas teorías del pensamiento contemporáneo. Finalmente, luego de una conversación con mis padres, me incline por el derecho o el pando, según contexto. Rememoro esto, en fechas en que se aproxima un nuevo examen de notariado, del cual difiero por su método y forma, pues me parece que nos debe llevar por sobre todas las cosas a una reflexión colectiva sobre la enseñanza y práctica del derecho en el país. Dos cosas he aprendido ya en el peregrinar jurídico: el derecho conlleva justicia y también necesita de eficiencia. Tanto la una como la otra deben estar ligadas, una aplicación de la ley retardada no es ni justa ni eficiente, pero una aplicación o interpretación ágil no necesariamente es justa aunque puede ser eficiente. Las escuelas de derecho en Latinoamérica han estado divorciadas de las realidades de sus entornos sociales, pues estas escuelas deben orientar a la especialización en áreas, al futuro abogado y a la vez, dejar de ser productoras masivas de una industria de futuros desempleados. Los abogados son necesarios en diferentes áreas de la justicia y la economía, la industria siempre y cuando estén correctamente especializados y orientados. En vez de esto, el sub-continente parece ir en contrasentido, pues una inmensa mayoría de los abogados o se han orientado por el derecho de empresa o por el aparato público, generando como resultado saturaciones institucionales excesivas y la pauperización de la profesión, que a no pocos colegas ha llevado a conducir taxis o a legalizar documentos por el precio de un refresco. Que quede claro que no menosprecio al taxista, lo que veo con malos ojos es que un profesional no pueda ejercer aquello para lo cual estudió. Si, apreciado lector, la devaluación profesional de la cual todos somos responsables es un hecho: bien sea por expandir o difundir ideas estereotipadas, como que todos los abogados ganan mucho dinero o que las empresas siempre necesitan abogados. Esto pudiera ser cierto en otro contexto, pero si el mercado enfrenta falencias de competitividad, ¿cómo no van a tener estas falencias los abogados? Pero, lo más grave, no son los estereotipos... eso se resolvería con una legislación que prohíba mentir. Lo que si hace un gran daño es las universidades y las instituciones educativas que no orientan profesionalmente a los futuros estudiantes universitarios. Miles de veces he escuchado: “A mi no me gustan los números, pensar mucho. Por eso escogí ser abogado". Por expresiones como esta, además de ofenderme, considero que los exámenes de admisión o de fin de estudios, como la PAES, deben ser modificados por el Estado para que el estudiante tenga una idea mas clara acerca de su inclinación profesional. Una mala decisión en esa etapa de la vida tiene consecuencias para los contribuyentes, en el caso de las universidades públicas, para nuestros padres, en la economía familiar, y sobre todo nuestra vida propia. El Estado es constitucionalmente responsable, cuando sobre la base de las expectativas sociales de la educación, ejerce su papel regulatorio. Si después de esta perspectiva y de los filtros el aspirante de abogado decide continuar, las universidades deben ser responsables, junto a la administración pública, de brindar las herramientas básicas para el mejor ejercicio profesional. Inglés, Informática, Finanzas y Estadística son disciplinas necesarias para el abogado. Pero, quizás mas importante aun, los abogados deben ser personas de mente abierta, y con una visión amplia del mundo diverso en que vivimos. ¿De qué sirve que la Universidad de El Salvador o las universidades privadas tengan un plan de estudios basado en el de las universidades argentinas y norteamericanas, si no tiene el medio la plataforma adecuada para implementarlo? ¿Cómo puede un juzgador, por ejemplo, determinar la existencia de un ilícito de administración fraudulenta sin tener referencias de los principios generales de contabilidad aplicables a delitos complejos como los de cuello blanco? Para un adecuado desempeño se requiere, además de coraje, mucha brillantez. ¿Por qué, en los casos más sencillos, siempre se tiene que recurrir a actuarios para determinar el lucro cesante? Una sólida base en estadística y matemática de parte del juez eliminaría esta necesidad, especialmente en un país en donde no hay más de 10 actuarios. Tremendo, pero así es. Este contexto nos lleva a situaciones frustrantes como el desempleo o efectuar labores no deseadas. También nos lleva a frustrantes situaciones como el examen de notariado que comenté al inicio, en el cual los responsables no solo son los candidatos a notarios, sino los examinadores y educadores jurídicos a lo largo de su formación, quienes imparten un método de análisis jurídico basado solo en la exégesis literal de la norma y que inclina a las personas solo a estudiar legislación notarial, cuando la clave del notariado es abrir el pensamiento jurídico e integrarlo con las demás ramas del derecho. Como decía uno de mis profesores, "es el derecho de las formas". De hecho, el notariado es una de las profesiones más antiguas de la humanidad y no la que muchos de ustedes se imaginaban. Los escribas de Egipto ya registraban las leyes del faraón y sus propiedades. El notariado no es ninguna novedad jurídica; en el sistema anglosajón es un proceso muy sencillo donde el notario puede ser cualquier ciudadano; los hay también más sofisticados como aquel que se ejerce por jurisdicciones, con facultades registrales, como en Chile, o con un sistema de oposiciones, como en México. La Corte Suprema puede decidir sobre el futuro de este tema. Cada año leo y escucho lo mismo: este examen notarial es el último. Creo que es válido modificar las reglas del juego si éstas no funcionan o colapsan ante la situación actual, (por ejemplo un Magíster en Notariado validado por la CSJ que sea académicamente exigente). Pero, lo que no es válido es golpear las ilusiones de los jóvenes que ingresan al estudio de esta carrera pensando que van a ser el nuevo Hans Kelsen, o las de los candidatos a notario, algunos de los cuales año con año se someten a este examen ritual “para ver si esta vez lo pasan”. ¿Por qué en Estados Unidos, donde hay millones de abogados, el sistema legal si funciona? Sencillo: es eficiente, tal vez no justo, pero es eficiente. No copiemos, aprendamos lo bueno. Eso es ser responsables legalmente. Si al cabo de la reflexión alguien que me lee está convencido que el derecho es su inclinación, le doy la bienvenida a un mundo donde se vive, se lucha, se sufre y se goza, pero ante todo se piensa. Si volviera a tener que elegir una profesión, sería esta nuevamente por ser un aprendizaje permanente y fascinante, pero sin llegar al punto de un colega que hace unos años me dijo que el deseaba que su hija estudiara lo que quisiera y, además, Derecho. Este es el mundo donde muchas veces somos vilipendiados y en el que cada centuria surge un notable como Galindo Pohl o Kelsen. A mis colegas que son candidatos a notarios les deseo la mejor de las suertes pues todos son mis compañeros de escudería aunque estemos en diferentes ámbitos; en mi caso, lejos del país. A mi tío David, le digo: “Querido tío, tienes razón en que el mundo legal es más crudo y vil que la medicina, pero lo mío son las leyes para hacer lo que decía Alfonso Quijano: Desfacer entuertos y enderezar agravios". |
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