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EDITORIAL Colom y CentroaméricaEl Farocartas@elfaro.net Publicada el 05 de noviembre de 2007 - El Faro El presidente electo de Guatemala enfrentará uno de los periodos más difíciles de la historia contemporánea de ese país. Tendrá primero que convencer a los ciudadanos, de los cuales más de la mitad no vieron razones para ir a votar el domingo pasado. La esperanza que no fue capaz de generar en su campaña tendrá que inspirarla desde un gobierno que tendrá que hacer frente al narcotráfico, a las mafias incrustadas en los aparatos del Estado y a la delincuencia organizada en pandillas y células de asaltantes y secuestradores. Tendrá también que hacer frente a una buena dosis de anarquía, sobre todo en el interior del país, donde la gente desde hace años se ha tomado la justicia en sus manos dada la ineficiencia de las autoridades. Aunado a esto, tendrá una complicada situación política interna, con la oposición fortalecida en el Congreso (aunque su partido tendrá la mayoría de curules, es insuficiente para lograr la aprobación de sus iniciativas). Pero el primer anuncio de puestos en su gabinete es muy interesante. El nombramiento de Haroldo Rodas, uno de los más fervientes integracionistas de Centroamérica, deja ver las intenciones de Colom de ejercer un papel importante en la agenda regional. Centroamérica, que hace menos de una década era gobernada por presidentes de derecha (con excepción de Costa Rica), tiene ahora a la izquierda gobernando en Honduras, Nicaragua, Panamá y ahora también Guatemala. Es un viraje político que pone a la región, y a El Salvador, en una perspectiva totalmente distinta. Si bien Colom parece lejos de concluir alianzas como las fraguadas por el presidente nicaragüense con Venezuela e Irán, ni los coqueteos de Zelaya en Honduras con los gobernantes de izquierda sudamericanos, su triunfo confirma la tendencia de la última década en una Latinoamérica que ha rechazado la continuidad de gobiernos asociados a las corrientes de libre mercado que fueron incapaces de generar beneficios en la mayoría de la población. Aún es temprano para medir las consecuencias del viraje pendular, pero es también incorrecto meter a todas las izquierdas latinoamericanas en el mismo saco. Las diferencias entre los gobiernos de Chile y Venezuela, o de Bolivia y Argentina, o de Brasil y Nicaragua, reflejan también que dentro de la izquierda latinoamericana hay distintos proyectos políticos, regionales y nacionales. Después de enero veremos a qué tipo de izquierda pertenece Colom, y cómo aprovecha el actual panorama político regional para hacer frente a sus problemas nacionales, en los que tendrá poco margen de maniobra. Pero si su primera apuesta es por la integración del istmo, es una buena noticia. |
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