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OPINIÓN / EL MIRÓN Querer tapar el sol con un dedoLuis Fernando Valerocartas@elfaro.net Publicada el 15 de octubre de 2007 - El Faro En Europa, el país que está a la cabeza en consumo de coca es España. En el mundo, el país que más se gasta en ir contra la droga es Estados Unidos de Norteamérica y, sin embargo, sigue siendo el mayor receptor de droga del mundo. Así mismo, EE.UU. ha intervenido en numerosos países afirmando que sus planes iban a acabar con las plantaciones y ahí siguen Colombia, Bolivia, Brasil, Ecuador, Tailandia y Afganistán produciendo droga a mansalva. El caso de Afganistán es el más flagrante pues se hizo una guerra, entre otras cosas, para lograr cortar el suministro de dinero al terrorismo y, en estos momentos, Afganistán, después de todo lo que se ha hecho, está produciendo más droga que antes de la guerra. Todo ello, a qué lleva, a tener que aceptar que la ilegalización de la droga es una batalla perdida, que con esas políticas de mantener la ilegalidad de la droga se está condenado al más absoluto fracaso. Esta política tiene fallos de concepción: tratar el mercado de la droga como ilegal y a los consumidores como enfermos, lleva a un callejón sin salida. Cambiemos los términos de una parte del binomio: los consumidores en vez de enfermos son pacientes. Hagamos que puedan comprar su “medicina” en máximas condiciones y sin explotación, nocturnidad y alevosía. Desde 1933 con la famosa ley seca de los EE.UU. se demostró que la prohibición lo único que hacía era que el negocio fuera más atractivo y se fomentaba el consumo por “la aventura” de lo prohibido y de paso, se engordaban las cuentas corrientes de las empresas que están al margen de la ley, al igual que ahora con las drogas o la prostitución. A pesar de las múltiples campañas y de los recursos empleados no se ha podido convertir los campos dedicados a las plantaciones de droga en campos para una agricultura sostenible de los campesinos que se han adherido a dichos planes. Éstos han sido un fracaso a la larga. Hay que ir pensando que con el proceso evolutivo de la humanidad, la globalización, la sociedad mundializada, la información y la generalización de un mercado de costes cada vez, más competitivos, el mercado de la droga no puede seguir con patrones de conducta que no corresponden a la realidad del mundo de hoy. La solución no es la prohibición, la solución es el convencimiento y el quitar riesgo al consumo, controlando el mercado en calidad y en precios para aquellos que legalmente lo quieran y pueden hacerlo. Argumentos sobre la maldad de las drogas ya se saben y se sabe que eso argumentos son ficticios y políticamente correctos. No hay droga más adictiva, peligrosa y mortal que la nicotina y en cambio es legal. La legalidad es una decisión política, que como es obvio está sujeta al interés de los países, al igual que la pena de muerte son decisiones políticas que obedecen a culturas, criterios, tradiciones, valores que están instalados y que no se cambian, muchas veces, por inercias o porque el proceso evolutivo de cambiar el concepto no ha calado todavía en las sociedades. Desgraciadamente los poderes fácticos no les interesa educar en un proceso evolutivo en ese sentido. Ya hay países como Reino Unido Canadá, Alemania, Países Bajos, Suiza y España que dan a sus pacientes drogadictos sustitutivos de la cocaína y de la heroína, la metadona y otros antídotos, incluso “heroína farmacéutica”. Amén, de jeringuillas, salas en donde se pueden inyectar con condiciones higiénicas, etc. Es decir, que si se quiere, se puede. La solución es reducir la oferta, controlar la calidad y controlar el mercado con lo cual se sacan las mafias del negocio y con ello hasta los agricultores saldrían ganando. Los datos del fracaso de la represión son escandalosos: de 50,000 presos por el problema de las drogas en 1980 se ha llegado en la actualidad a 500,000 en el mundo llamado occidental. La ONU señala una cifra de 400,000 millones de dólares el mercado mundial de drogas ilegales. Quizás sea este “éxito” parte del problema para que no haya solución como es el impresionante poder de corrupción a todos los niveles de los carteles de la droga en el mundo entero. Lo que se gasta EE.UU. en represión se señala en 100,000 millones de dólares al año. Hay que aceptar, así lo dicen las estadísticas, que el consumo de drogas ha pasado de la marginalidad a un hecho social, que no se observa como reprobable y son muchos los jóvenes que se “colocan” con las más diferentes sustancias como un hecho social más de diversión. Por ello, por salud pública es que la droga debe tener un control de calidad farmacéutico. Los argumentos de índole moral están supeditados a las creencias, pero dada la realidad del mundo de hoy, ya son muchos políticos, jueces, formadores de opinión que sostienen la necesidad de un cambio en el tratamiento de las drogas ya que cada vez más la edad de consumo de drogas baja y cada vez más, socialmente, el hecho se extiende. No son las drogas ahora parte del consumo de una minoría muy elitista o de una marginalidad muy escasa, han entrado en el mundo del mercado como consumo, como un producto, una cosa más. La erradicación de las drogas como plaga no es una batalla perdida pero lo que no se puede seguir manteniendo es una lucha con arnas y criterios que no corresponden con los tiempos. Hoy las guerras no se hacen con arcabuces, y flechas. La guerra con las drogas hoy requiere un tratamiento que hasta hoy no se ha intentado y es la legalización y la unión de todos los gobiernos, los que las producen y las que las consumen en un planteamiento común de racionalización. |
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