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EDITORIAL

Un Nobel Incómodo

El Faro
cartas@elfaro.net
Publicada el 15 de octubre de 2007 - El Faro
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El Premio Nobel de la Paz otorgado al ex vicepresidente estadounidense Al Gore y al panel de Científicos de la ONU sobre Calentamiento Global ha llevado al primer lugar de la agenda mundial las responsabilidades humanas en el cambio climático que afecta al planeta.

Ha caído como balde de agua fría en algunos países desarrollados, principalmente Estados Unidos, cuyo presidente George W. Bush se retiró del protocolo de Kyoto firmado por el propio Gore cuando era vicepresidente.

Gore, quien a pesar de ganar el voto popular perdió las elecciones presidenciales de 2000 cuando la Corte Suprema de Justicia decidió otorgarle la presidencia a Bush hijo, ha sido el más visible vocero de lo que llama la “emergencia planetaria” ante el calentamiento global, y lo ha hecho aprovechando los medios de comunicación estadounidenses pero sin lograr un cambio en la actual administración.

Ganó un Oscar al mejor documental por su película “Una verdad incómoda”, en la que alerta de los graves peligros del calentamiento global, y un premio Emmy por una serie de televisión sobre el mismo tema. Ahora, el principál galardón mundial, el Premio Nobel de la Paz, ha colocado el problema en la mesa de todas las agendas públicas de los países desarrollados. En Estados Unidos provocó que todos los medios de comunicación comenzaran a cuestionar si Gore correrá como candidato en las presidenciales de 2008, a lo que el nuevo Nobel respondió que el calentamiento global no es un tema político.

A pesar del enorme prestigio mundial del que goza, y a pesar de que muchos estadounidenses y habitantes del resto del planeta se preguntan qué sería de Estados Unidos si la Corte de ese país hubiera respetado el voto popular y lo hubiera declarado presidente, Gore hace bien en no buscar réditos políticos del Nobel que acaba de ganar.

El calentamiento global está llevando al planeta a una seria crisis de sequías, cambios climáticos, inundaciones y descongelamiento de los polos.  Y el grupo de científicos de Naciones Unidas, que se autodeclara un panel de “mínimos” (es decir que presenta conclusiones más conservadoras y que son difícilmente rebatibles) ha dejado claro que el calentamiento global es producto de actividad humana y no de fenómenos naturales como ocurrió en otras eras.

Los primeros obligados a reducir sus emisiones de carbono y a tomar medidas concretas para evitar un mayor deterioro en el planeta son aquellos que más producen los llamados gases verdes, los países industrializados. Es por ello que el Nobel de la Paz cae este año como una bofetada a las políticas de Bush y las responsabilidades de la mayor potencia mundial. Su retiro del Protocolo de Kyoto y su falta de políticas para evitar la producción de gases verdes favoreciendo al sector industrial norteamericano y la exploración de petróleo en Alaska son en gran medida responsables de la falta de frenos al calentamiento global.

El fin de semana pasado, uno de los principales periódicos del mundo, el New York Times, lamentaba que Bush fuera incapaz de ejercer un liderazgo mundial en materia de calentamaiento global, habida cuenta de que ningún otro país del mundo es capaz en estos momentos de abanderar una causa tan urgente como esta.

Hace casi un mes, en una deplorable intervención durante la reunión de Naciones Unidas sobre calentamiento global, el mandatario estadounidense volvió a rechazar la necesidad de imponer límites a las emisiones de gases.  En esa misma cumbre, el presidente salvadoreño, Antonio Saca, aseguró que El Salvador está haciendo su trabajo para reducir el calentamiento global y pidió a las grandes potencias alcanzar un acuerdo.

El Salvador está lejos de ser uno de los principales causantes del calentamiento global, pero el mandatario salvadoreño hizo bien en hablar de la gravedad del problema y señalar a las principales potencias como las llamadas a dar pasos urgentes.

El problema en nuestro país no alcanza dimensiones globales, y más que la emisión de gases es un problema ambiental, debido a la deforestación, la falta de protección de áreas naturales y las irregularidades que se han dado en ese rubro, además de un Ministerio de Medio Ambiente sin el poder ni los recursos suficientes para hacer un trabajo digno. Ahí está, en El Salvador, el verdadero reto del presidente y del gobierno.

En lo otro, en el calentamiento global, lo mejor que puede hacer Saca es aprovechar su “amistad y cercanía” con Bush, de la que se ufana, para exigirle que tome medidas para evitar que su país afecte el destino de toda la humanidad; o mejor aún, comenzar a forjar una amistad con alguien de mucho mayor prestigio y responsabilidad mundial, como Al Gore.

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