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OPINIÓN De comunistas come niños y oligarcas asesinosLuis Bonilla Ortiz* Estamos ya dentro de una nueva campaña electoral. Se anuncian candidatos y estrategias, y como era de esperarse surgen los primeros ataques y confrontaciones. Es apenas el comienzo de un intenso camino que va a desembocar en las elecciones de 2009 y cuyas repercusiones podrían tener un alcance aún mayor. La campaña como tal apenas comienza a perfilarse y podría dibujarse de dos formas: una, un tanto utópica, en la que empecemos a ver debate, propuestas, diálogo, activismo... En pocas palabras, una campaña de calidad. La otra, lamentablemente la clásica: insultos, peleas, hostigamiento y todos los componentes de las campañas poco éticas y profesionales que hemos vivido desde los acuerdos de paz. Este es el panorama y, aunque es difícil de creer, los que decidimos qué campaña queremos somos los votantes. Muchas veces nos quejamos sobre las campañas electorales diciendo que no son de altura, que hace falta más profesionalismo y la conclusión general es que estas campañas, de ARENA y el FMLN, sólo sirven para polarizar aún más a la sociedad. ¡Error! Las campañas de ARENA y el FMLN no polarizan a la sociedad, simplemente son el reflejo de una sociedad que ya está polarizada. Si comparamos el mecanismo electoral con el funcionamiento del mercado nos damos cuenta de que siempre son los consumidores los que mandan. Los partidos, como vendedores interesados en que les demos nuestro voto, efectúan estrategias de mercado para responder a la forma en que han estudiado que nosotros estaremos más tentados a consumirlos; en este caso, a votar por ellos. Las estrategias de los partidos políticos son mucho más elaboradas y profundas de lo que creemos. Desde estudios estadísticos hasta contrataciones de estrategas políticos extranjeros, diseñan sus campañas electorales con el único objetivo de ganar más votos y lastimosamente han descubierto que la mejor forma de hacerlo es con las campañas de bajo nivel que ya hemos visto. Es decir, se han dado cuenta de que somos una sociedad polarizada e intolerante a distintas ideologías y sobre esa base han diseñado la campaña electoral “al gusto del cliente”. Cuántas personas conocemos que poseen una “ideología fuerte” y son intolerantes al “otro partido” y a sus respectivos simpatizantes, y esto pasa en la calle, unos gritando “guerrinches” y otros manchando “ricos hijos de …”; en las discusiones entre amigos; y aunque parezca increíble hasta en el mundo universitario, donde podemos encontrar a un profesor de Entorno Económico Mundial asegurando durante su clase que los delincuentes de este país han aprendido sus valores de dos empresarios salvadoreños, los cuales fueron identificados con nombre y apellido y a otro de Realidad Empresarial Nacional asegurando que la llegada al FMLN al poder significará que en cinco años el país esté a las puertas del comunismo soviético. La realidad es así y las campañas electorales son sólo el reflejo de la realidad. Claro ejemplo de esto son los esfuerzos fracasados de los partidos de centro de mejorar la calidad de las campañas y la poco apoyada “Concertación Democrática Nacional”. En estos momentos estamos iniciando un nuevo camino y es decisión de nosotros como sociedad civil elegir qué camino tomar, si queremos un salto de calidad o queremos más de lo mismo. Pero un salto de calidad requiere de inversión, sobre todo en educación y cultura política. La sociedad civil tiene que organizarse y exigir a los partidos políticos qué tipo de campaña quiere; las universidades tienen que invertir en los debates de altura dentro de la sociedad civil; tenemos que enriquecer el diálogo y la concertación; debemos de interiorizar el valor de la tolerancia. Si la sociedad civil se muestra concertadora, crítica y abierta al diálogo, los partidos políticos, sobre todo ARENA y el FMLN, se verán forzados a rediseñar sus estrategias electorales y plantear acciones que demuestren a los votantes que estos son el reflejo de sus nuevas inquietudes. Sólo así tendremos una campaña electoral de mayor nivel. De lo contrario, nosotros mismos estamos condenándonos a vivir de nuevo un año más de insultos, desprestigio y falta de ética que lo único que nos deja es desesperanza para el futuro político del país. Si queremos que las cosas cambien, tenemos que cambiar nosotros. De esta manera estaremos un paso más adelante hacia el desarrollo político de nuestra democracia y podremos divisar un futuro más esperanzador en los próximos períodos gubernamentales. Todo depende de nosotros, porque como dicen por ahí: “Los pueblos tienen las campañas electorales que se merecen”. * Estudiantes Universitario, 4to Año de Economía |
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