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Elogio del libro, de la lectura y de la locura

Manlio Argueta*
cartas@elfaro.net
Publicada el 08 de octubre de 2007 - El Faro
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LOS LIBROS PUEDEN SER UNA INSENSATEZ. Una de las obras máximas de la sátira y la ironía moral, es El Elogio de la Locura, de Erasmo de Roterdam, filósofo, humanista y teólogo holandés (1466-1536). Sostiene el sabio Erasmo que el hombre insensato, el tonto, el necio, es más feliz que el hombre sabio, debido a que el hombre, por su condición natural, no está preparado para comprender todo lo que le rodea. El sabio lo intentará, pero al no conseguirlo, no será feliz, mientras que el estúpido o el bobo, pese al rechazo recibido por los sabios, será más feliz.

En su sátira de carácter moral, Erasmo elogia la locura, vista como insensatez, no la dominada por la soberbia, sino de la del hombre común y corriente que disfruta de las cosas mundanas, y que reacciona casi con inocencia a los estímulos del medio. Por eso a los reyes les gusta más pasar el tiempo con los bufones que con los sabios, dice el humanista de Holanda. Por la locura, el hombre reconoce la miseria que le rodea, y conociéndola identifica sus flaquezas, sus errores y su verdadera incapacidad de razonar correctamente.
La locura analiza y juzga a la razón. Ninguna puede sobrevivir sin la otra. "La sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida", reitera  Erasmo de Rotterdam. La locura denuncia y critica.
El término locura, igual a insensatez o terquedad, que es lo que elogia el filósofo holandés se mantuvo hasta finales del siglo XIX para calificar un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas.
Ya en el siglo XX y aterrizando a nuestras humildes tierras de pocos insensatos, quizás por eso el pensamiento escrito carece de poco aprecio, conocí a Oscar Arias Sánchez cuando era un joven diputado que recién había regresado de estudiar un doctorado en Inglaterra, ciencias políticas. El mito sobre Arias Sánchez es que desde niño estudió para Presidente. Ese mito, a finales de la década del 70, hizo varias visitas a mi casa, un medio cuchitril, pero digno, en la Calle la Cruz, entre la Universidad de Costa Rica y la carretera a Sabanilla.  

No eran visitas sociales, sino de trabajo, pues quería apresurarme en mi labor como editor freelancer de su libro Los Grupos de Presión en Costa Rica, su tesis doctoral en Ciencias Políticas. Esta obra fue el primer paso para aspirar a la presidencia de la república. Tenía que salir antes de noviembre de no sé qué año, para que entrara a competir en los premios anuales de arte. Tenaz y visionario en su propósito, su participación en el premio correspondiente al mejor libro de ensayo del año, le abría las puertas para presidente de la Asamblea, y de ahí saltar a la presidente de la República. Así pasó, ganó el premio en libro de ensayo. Años más tarde obtuvo el Premio Nóbel de la Paz, lo cual incidió para llegar a un segundo período presidencial. Dejo a un lado sus problemas con el TLC.

Explico: En Costa Rica se dan siete premios de artes cada año, (dos de teatro, novela, poesía, ensayo, y misceláneo y el Magón) por el equivalente a unos cuatro mil dólares cada uno, excepto el Nacional Magón, que, además de los 4 mil dólares, otorga una pensión vitalicia al artista por su obra en la vida.
EL VACÍO DE LIBROS EN LA UNIVERSIDAD. No cabe duda que publicar libros es una insensatez, una bobería, una locura, pero es propio de las tareas estratégicas de una universidad. Por esa razón me preguntaba por qué nuestra Universidad de El Salvador no publicó libros en la última década. Pueden ser tres motivos, las primeras dos son explicables; aunque nunca justificables. La tercera es un misterio por resolver:
1-Falta de presupuesto –aunque en los últimos años se obtuvo uno de los mayores presupuesto para la UES. Se habla de 50 millones más en el 2006; si me equivoco de año, agradezco la enmiende de algún historiador.
2-Problemas de personal. Recuerdo que se dieron en la rectoría del Dr. Fabio Castillo, allá por 1994. Recién regresado de Costa Rica, acepté el cargo ad honores por unos pocos meses como director de la Editorial Universitaria. Porque su Director, periodista muy capaz, por cierto, tuvo problemas laborales, pues aun prevalecía el prejuicio en contra de los que habían estado fuera del país y él había estado en México. Yo también fui un hermano ausente, recién llegado al país, con la ventaja de conocer a la mayoría de trabajadores con quienes ya había trabajado desde el 72. Y la gente no olvida. Los trabajadores suspendieron la huelga casi permanente. Me retiré una vez resueltos los problemas, pues tenía otras funciones dentro de la Universidad. Debo decir que ahí comenzó la decadencia de una Editorial Universitaria que no es editorial y que nadie hace para que lo sea. Esto debe cambiar como visión del siglo XXI.
3-Falta de interés o de visión sobre la importancia de divulgar la obra literaria, humanística o científica. Para mí sigue siendo un misterio los vacíos de publicaciones dentro de nuestra Alma Mater. El libro educa, el libro divulga, el libro recrea, el libro es fuente de formación humana y espiritual. El libro hace crecer y transformar a la persona.
Bastante se ha dicho sobre la lectura, sobre la necesidad de fomentarla para hacer ciudadanos más participativos, más integrados al desarrollo de su sociedad. Nunca es malo reiterarlo para que se escuche.

Mucho conocemos de los esfuerzos de organismos nacionales e internacionales para llevar el libro a los rincones de cada país. Como la mejor manera de reforzar el alfabetismo y no dejar que se revierta en analfabetismo funcional por falta de actividad lectora.

Suficiente se ha hablado de la necesidad de iniciar el hábito lector desde que el niño se encuentra en el seno materno, y reforzar ese hábito desde la tierna infancia y la parvularia. Pero si el padre y en el profesional, no se forman como lectores ¿qué hijos lectores vamos a tener?

Producir y divulgar un libro nos da más facilidades para ir más allá de la enseñanza formal. Nos pone a “leer” las señales de la naturaleza, de nuestro entorno social, de nuestro pasado y presente y nos hace más partícipes en los hechos culturales. Nos da grandes ventajas para avizorar el futuro. 

Estamos sabedores que no sólo desde el sistema educativo se debe crear el amor y la actitud hacia el libro y a la lectura, sino que se debe reiterar el papel de la familia. Hay un principio general que dice que en una familia donde los padres leen, los niños resultarán lectores por imitación o por influjo indirecto. En vez de juguetes violentos, démosle libros al infante. Que crezca asociando la lectura a sus juegos y sus recreaciones.

LEER EN EL AULA, EN LA CALLE, EN EL SERVICIO SANITARIO. Y no solo eso; se debe leer lo que sea: periódicos, anuncios publicitarios, monitores de computadoras, hasta información digital. Porque la tecnología nos abre paso a otras formas novedosas que el niño y el joven están abiertos a recibir con mayor acercamiento, ya sea en la escuela, en la casa o en la comunidad. Esta realidad no la podemos obviar. Sumándose a esas tareas estará un padre, un maestro, una bibliotecaria que ha ofrecido al niño o al joven al disfrute de la lectura. 

La tecnología no afecta la lectura, por el contrario multiplica las formas de llegar a la información o a los textos científicos o recreativos. Libro con soporte en papel, o libro digital, ambos coexistirán por muchas décadas más. Ese no es el problema. Todas las formas en que se expresa la palabra escrita son pilares fundamentales para crear el hábito lector.

Está claro que leemos para recrearnos. Pero también para reforzar la educación formal, para sumar instrucción e información. Leemos por interés en conocer más allá de lo que aprendemos en las aulas. La lectura es medio de conocimiento y de esparcimiento sano. Se puede obligar a la lectura toda vez que se pretenda convertirlo en necesidad.

Hace más de 2500 años, los persas y los mesopotamios (Irán e Irak respectivamente) nos dieron la escritura y la lectura, nos legaron la palabra y los signos grabados en piedra para llevarlos a manera de lápidas a sus palacios o sus centros ceremoniales o sus mausoleos. El mensaje escrito en la piedra, de ahí viene el concepto de literatura que quiere decir grabado en piedra. Son famosas las inscripciones de los reyes Darío, y Jerjes (reyes de Persia, cuatro y cinco siglos a.d.C) anunciando su poder en caracteres de escritura, esculpidas en las montañas de piedra, por lo cual se considera el primer vestigio de la publicidad. Pese a los miles de años, y las guerras, aun hay vestigios en los museos de esas lecturas primigenias.

Entre nosotros también, antes del descubrimiento de América, nuestros antepasados amerindios ya escribían poemas y memorias de sus pueblos en códices hechos de la corteza de los árboles de amate (del náhuat amatl).

De esa manera, la lectura y el libro pertenecen a la humanidad y han permitido el desarrollo desde la edad de piedra hasta la época del humanismo y la ilustración, pasando después al período tecnológico del chip y del microchip que vienen a innovar las formas pero no el contenido de la palabra escrita. Leer también en los monitores.

Por otro lado, la lectura nos da insumos importantes para despertar la imaginación, punto de partida de la invención humanística y tecnológica. La lectura, produce a la vez ampliación de conceptos, palabras, sonidos, imágenes. Repercute para tener personalidades futuras educadas para resolver problemas ciudadanos y de Nación.

Leer nos hace sensibles, honestos, transparentes y, arriesguemos a decirlo, honrados. Porque al leer la mente se abre más a crear que a derribar o destruir, formas de deshonrar. Muchos de esos valores están fuera de uso diario desde que nos asoló el conflicto bélico, y para ciertos sectores pueden parecer conceptos de locura o de insensatez o bobería. No importa, hay que iniciar desde las locuras de una formación lectora.

LEER NOS HACE MÁS CULTOS Y MENOS VIOLENTOS. Es difícil encontrar a un patán, o un depredador o vándalo que sea lector. Si se cultiva la lectura dentro de todos los ámbitos de la educación (familia, casa, centros educativos) tendremos una fuente apreciable contra la violencia, violencia que hace nos perder valor como país y rebaja la auto estima nacional. Una sociedad lectora, que lea en los buses, en los paseos, en la cama, es una sociedad que fortalece los valores de la identidad.

Leer, además no hace ricos, económicamente hablando, porque una sociedad  imaginativa en sus líderes, no sólo el barniz que da un título universitario, atraerá más oportunidades de trabajo, más conciencia y visión hacia el beneficio social. Leer, del latin “legere”, quiere decir captar, tomar, desentrañar, averiguar, encontrar respuestas.

Leer nos hace también más democráticos, porque al contar con más posibilidades de ofrecer ideas, participamos proponiendo; contamos con más claros conceptos para aportar críticamente, para reconstruir lo ruin y la ruina del pasado. Nos permite adueñarnos con propiedad y mayor conciencia del sentimiento de país, y con ello contar con más mística para hacer de la recuperación patria un problema de todos.

Treinta años de conflicto bélico produjeron destrucción en nuestros centros urbanos y en los sentimientos, dejaron lisiadas las emociones, que se puede recuperar con el cultivo humanístico en el marco de valores nacionales.

No olvidemos que la lectura no sólo instruye informando sino que educa, es una especie de maestro invisible, una amigabilidad que da insumos para la reflexión constructiva, para el mejor análisis y para contar con mejores decisiones, en búsqueda de apropiadas respuestas y soluciones. Y si a ello se agrega –como ya dijimos- que la lectura distrae, entretiene, podemos concluir que el libro y la lectura son los mejores amigos de la felicidad perdida.

LA LECTURA COMO MEDIO DE CONOCIMIENTO. ¿Quién por ejemplo no ha tratado de seleccionar la mejor novela, el mejor libro de cuentos o poemas, para recrearse y salir más informado sobre un país o región. Guerra y la Paz, de Tolstoi, es el un cuadro panorámico para conocer la invasión napoleónica a Rusia en el siglo XIX. Los Miserables de Víctor Hugo, la mejor manera de conocer un mural de la historia francesa en ese mismo siglo. Nos deleitarnos a la vez que conocemos las fuentes de nuestro idioma con El Quijote de la Mancha. Y Fedor Dostoiewski (1821-1881) ha dado tantos aportes a la sicología desde sus novelas, como los dio Sigmund Freud (1856-1939) con su trabajo científico.

Leer entonces nos permite conocer más un país y una región y desarrolla el sentido del gusto cuando seleccionamos la lectura, y nos da a conocer valores estéticos, a la vez que permite mayor inserción social y presencia de la personalidad en el círculo donde nos movemos diariamente.

Por eso, cuando cultivamos el hábito lector, además del goce de leer, estamos cultivando la curiosidad por conocer; y esto, debe convertirse en conducta y forma de vivir, como alimentarse, como descansar y dormir, como emocionarse y hacer el amor.

Cultivar el goce de leer debe ser la meta de nuestros sueños, partiendo desde la familia, siguiendo por la escuela y culminando con la biblioteca.

Existe un lema bastante duro sobre la lectura pero que puede ser una realidad: “”Si no lees, calla, porque se nota”.

También se lee para descubrirnos lo que somos, de donde venimos y hacia donde queremos ir. Para sentirnos orgullosos de nuestros países. En esa aventura nos acompañan nuestros educadores y humanistas.

Y algo más. Después de leer un libro, ya no somos los mismos, el marco de referencia cerebral se renueva, se “enloquece”, siguiendo la idea de Erasmo de Roterdam. Evita que el desarrollo humano se paralice.

Publicar libros es hacer patria y contribuir en la mejoría de este universo de astros e infinito que nos tiene escondidas tantas sorpresas tecnológicas, humanísticas y científicas en la medida que se educa y forma a las generaciones presentes y futuras. A cubrir entonces todos los vacíos que retrasan el desarrollo.

*Poeta y novelista. Director de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Presidente de la Fundación Innovaciones Educativas Centroamericanas (FIECA).

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