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OPINIÓN Todos para UNO y UNO para todosAlberto Valiente Thoresencartas@elfaro.net Publicada el 08 de octubre de 2007 - El Faro Recientemente se ha hablado mucho sobre el inicio de la campaña electoral en El Salvador. A mi modo de ver las cosas, la campaña electoral no acaba de comenzar, simplemente continúa, pero ha incrementado su intensidad, al existir candidatos y (posibles) pre-candidatos más concretos. Como bien lo demuestra el presidente constitucional de la república y el presidente del COENA, Antonio Saca, al hacer comentarios sobre sus propias funciones inconstitucionales como doble presidente: "para mí, hacer gobierno es estar en campaña". La clase política salvadoreña suele tener problemas distinguiendo entre las funciones de servicio público y campaña política. Esto no sería un problema tan grave, si esta campaña se hiciera más con relación a temas de interés nacional y menos con relación a etiquetas ideológicas y egos, que están desconectados de los problemas a los que hay que darle atención. Gracias a la ayuda de gran parte de los medios de comunicación, el nivel de muchas discusiones en las campañas electorales salvadoreñas está caracterizado por la generalidad, suele ser polarizado y está principalmente enfocado en protagonismos individuales. Recordemos la entrevista televisiva a Arturo Zablah en canal doce, por William Meléndez, reconocido periodista en el país. Durante ciertas partes de esta buena entrevista en términos generales, William Meléndez parecía estar más preocupado por preguntarle al Sr. Zablah si sería candidato presidencial y en dos ocasiones ¿pero entonces usted, es de izquierda o derecha? Ante las respuestas inteligentes del Sr. Zablah a favor de matizar más y no sobre simplificar situaciones complicadas, Meléndez respondió algo así como: bueno, pero en nuestro país o se es de izquierda o se es de derecha, y con uno de esos tendrá que ser candidato. En otras palabras, le dijo: no haga las cosas difíciles Sr. Zablah. Mostrando un desconcertante nacionalismo anti-intelectual. Probablemente iba detrás del encabezado tipo tabloide: "Zablah se declara izquierdista / derechista" o "Zablah coquetea con el FMLN / ARENA". Es quizá normal hacer esta pregunta en El Salvador, pero tomando en cuenta las respuestas de Zablah, hubiera sido más interesante que en lugar de preguntarle cómo se adapta a la realidad política salvadoreña, se le preguntara cómo los partidos políticos pueden cambiar positivamente. Actitudes anti-intelectuales y normalizadoras como estas, rebajan el nivel de discusión, presionan a los partidos políticos a etiquetarse y ponerle cara a su discurso con un candidato. El perfil público de este candidato, y cómo los medios y políticos lo califican ideológicamente, definirá el terreno en el cuál se hará la campaña política. Esto concentra los esfuerzos de los partidos casi exclusivamente en relaciones públicas (eufemismo contemporáneo de la palabra propaganda), en vez de investigación, programas de gobierno, planes y proyectos concretos. Pero como bien dice el dicho, antes de correr, hay que aprender a caminar. Y parece que en muchas ocasiones, la campaña política en El Salvador quiere pasar de gatear a romper el récord de cien metros planos. De evaluar encuestas de opinión pública, a presentar el mejor candidato que traerá cambio y resolverá los problemas nacionales. Además de los medios de comunicación, la culpa también es de los partidos políticos, quienes tienen cierto espacio para maniobrar y no someterse a estas presiones. Por ejemplo, ARENA ha mostrado un poco más de prudencia y ha pospuesto la elección de pre-candidatos. No obstante, tal prudencia puede responder al mayor espacio de maniobra que le otorga su posición de poder privilegiada y al deseo de tomar decisiones estratégicas tomando en cuenta los candidatos del FMLN. No es necesariamente una muestra de que ARENA le da más importancia a la investigación o la elaboración y evaluación de proyectos innovadores y viables. Pero en este contexto desesperanzador hay una excepción prominente. Desde hace varios años, la Alianza por el Cambio, un grupo liderado por el ex ministro de economía, Arturo Zablah, ha venido trabajando con una evaluación crítica de los gobiernos en El Salvador y sugiriendo propuestas realistas. A este proyecto lo ha caracterizado una prudencia auténtica y ante el desconcierto de los medios de comunicación y sus contrincantes, no ha tenido apuros de encontrar candidatos presidenciales. Mejor aún, este es un proyecto que busca concertación básica y cooperación con otros actores políticos para resolver indiscutibles problemas nacionales. Este es un proyecto de oposición, relativamente libre de etiquetas ideológicas, polarización y enfoque en personalidades. Es un plan esperanzador. Como bien han sugerido muchos analistas, en el contexto salvadoreño actual, si un proyecto de oposición no cuenta con la participación del principal partido de oposición (el FMLN), sus posibilidades de éxito son marginales. Por esta razón fue desafortunado que la Comisión Política del FMLN no considerara miembros de este proyecto para su fórmula presidencial y que propusiera al Consejo Nacional del FMLN candidatos por su propia cuenta. Esto ha hecho más difícil la participación de otros importantes partidos de oposición (como el FDR, CD y el PDC) en una fuerte coalición opositora. Sin embargo, como canta Jorge Drexler en la canción "Al otro lado del río": "no todo está perdido" y dice en otra canción "todo se transforma". No es incomprensible que la Comisión Política del FMLN haya hecho la propuesta de candidatos ahora, y que haya elegido a los candidatos que eligió. En el contexto de campaña permanente promovida por ARENA, el aparato propagandístico de gobierno y la presión de los medios de comunicación, hay razones de peso para actuar rápido y con tiempo. La propuesta de Mauricio Funes como candidato presidencial del FMLN, responde a su nivel de popularidad en El Salvador y a su imagen de integridad como profesional y persona dedicada a la resolución de problemas nacionales. Por otro lado, la propuesta de una persona externa a las estructuras partidarias del FMLN como candidato presidencial, obliga a los dirigentes de este partido a compensar, incluyendo como candidato a un antiguo miembro de la organización que le da más credibilidad a la fórmula en las bases del partido. Tomando en cuenta estos argumentos que demuestran cierto nivel de pragmatismo en la Comisión Política del FMLN, es ahora que los otros partidos de oposición tienen la oportunidad de demostrarle al FMLN que tienen esa actitud pragmática de la que suelen jactarse y que usan para criticar al FMLN. Siendo pragmáticos, y si lo importante es el cambio político positivo en El Salvador, en vez de la ambición partidaria por todo el poder; deben llegar a otro tipo de acuerdos con el FMLN. Es natural que este partido, que es el más grande en la oposición, haya tomado la delantera en la toma de decisiones. Además, Mauricio Funes es prácticamente un candidato independiente de oposición. Bien podría haber sido candidato del FDR o el CD. Pero escogió al partido que le da más posibilidades de ser presidente. De igual manera, los partidos más pequeños que no tienen oportunidad de ganar solos todo el poder, deben escoger cooperar con el partido que les dé más oportunidades de implementar sus proyectos. Esto implica sacrificar aspiraciones presidenciales y conformarse con el gabinete, que puede ser una posición muy influyente. Lo importante es estar en el Ejecutivo. El experimentado político salvadoreño Abraham Rodríguez lo dijo en una entrevista en este periódico: En un país de actitudes conservadoras como El Salvador, la única manera que la oposición gana la presidencia es con un tipo de Unión Nacional Opositora (UNO). Esta unión debe incluir a todas o la mayoría de las fuerzas de oposición. La experiencia ha demostrado este postulado en el siglo pasado y no hay razones para pensar que en el siglo XXI sería diferente. El FMLN necesita del buen trabajo de la Alianza por el Cambio de Arturo Zablah, y esta alianza y los partidos de oposición pequeños, necesitan del poder del FMLN. Las buenas ideas necesitan del realismo y viceversa. La política no es como un partido de fútbol. No es necesariamente un juego de gana-pierde. Puede ser gana-gana para todos. Para lograr una mayor democratización, alternancia y cambios necesarios en el sistema político de El Salvador, que la oposición política demuestre que puede concertar. Todos para UNO y UNO para todos.
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