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En el centenario de El libro del Trópico de Arturo Ambrogi

Ricardo Roque Baldovinos
cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de mayo de 2007 - El Faro
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Es difícil darse cuenta de que este año se cumple el primer centenario de la publicación de El libro del Trópico, hito fundamental y fundacional de la literatura de El Salvador. Difícil porque en su última edición, la de 2000 aparecida bajo el sello de la Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, hay una breve “nota editorial” donde se desmiente la afirmación del prólogo de la versión de 1955 (casi seguramente de pluma de Ricardo Trigueros de León), según la cual esta obra salió a la luz en 1907. De acuerdo al informado redactor de esta lacónica y anónima noticia, la fecha de la primera edición sería 1915.

Confieso que la temeridad de corregirle la plana de forma tan lapidaria a un editor cuidadoso como Trigueros de León siempre me disgustó. Pero me extrañó todavía más descubrir que las primeras entregas de El libro del trópico se habían incluido en números de la Revista Quincena ya en 1903. Al examinar este periódico literario, noté que entre 1903 y 1907 se habían publicado veinte relatos o prosas poéticas de esa obra de Ambrogi. ¿Se habría tardado ocho años en reunirlas en libro?

El misterio se resolvió de la forma más inimaginable: con una simple búsqueda por internet en el catálogo de la Biblioteca Florentino Idoate, de la UCA. Allí aparecía entre otras versiones, la indicada por Trigueros de León, de 1907, impresa en San Salvador por Samuel Dawson. Me dirigí entonces a la sección de Colecciones Especiales, donde se guarda cuidadosamente la Biblioteca de don Víctor Jérez, antiguo rector de la Universidad Nacional y gran amigo de Ambrogi, y encontré el cuerpo del delito, en perfecto estado, y autógrafo, para reclamar con mayor contundencia su existencia negada. Y a medida que fui pasando mis ojos en este ejemplar, el misterio se me reveló como mucho más que un simple problema de fechas. Porque al fin y al cabo, alguien se podría preguntar qué más da que el mentado libro se haya publicado en 1907 o 1915.

La mayor sorpresa fue descubrir que El libro del trópico de 1907 es en verdad otro libro. Coinciden algunos de los relatos, otros fueron suprimidos; pero, sobre todo, salta a la vista que en la versión de 1915, la obra fue reescrita de manera concienzuda y sistemática, hasta volver algunos relatos irreconocibles. Ese es el caso de “La sinfonía de la tormenta”, obertura telúrica de la primera edición, que se modera en “La tormenta” en la segunda, y pasa a un ocupar un lugar mucho menos destacado en la mitad del índice. También cambia de lugar el relato de cierre “La velación de San Jerónimo” y es reescrita de manera sustancial, al punto que el formato de crónica con un narrador protagonista, es decir partícipe activo de la acción, se transforma en un cuadro de costumbres, con un narrador mucho más distante y objetivo.

Notorio es en este caso que se haya eliminado el párrafo de cierre, que es la clausura del libro en la editio princeps:

“Cuando ya en la cama quisimos leer, para conciliar el sueño, algunas páginas de nuestros morbosos libros, tuvimos que arrojarles sin poder darnos cuenta de una sola línea leída. La fiesta apenas entrevista, llenaba nuestra cabeza de ideas raras y de extravagantes propósitos. Los principales motivos de la alegría campesina se interponían, cobrando relieve tentador, entre la página del libro y nuestros ojos” (p. 103).

Que los recuerdos de “un espectáculo de costumbres nacionales” (p. 95), lo lleven a cerrar las páginas de “nuestros morbosos libros” no sólo es una alusión desdeñosa al “decadentismo” modernista que el propio Ambrogi había cultivado pocos años antes. Es también una suerte de manifiesto literario nacionalista. El autor confesaba una inflexión en su credo estético. Llamativo es que este colofón se elimine en la edición de 1915 y que “La velación de San Jerónimo” se mande también a la mitad del índice. Ambrogi estaba inconforme con el efecto de conjunto.

En general, el orden de los relatos varía sustancialmente en cada una de las versiones de 1907, 1915 y la de 1918, la que sirviera de base a la edición de 1955 preparada por Trigueros de León. Pero la más notable diferencia de la edición original radica en el estilo. Estamos ante una escritura más telúrica, estentórea, de períodos largos, cercana a la afamada grandilocuencia modernista. La versión siguiente atempera la música, trata de hacer las descripciones más precisas, más frías.

En lo personal, confieso que prefiero ese primer Ambrogi, más jovial, más entusiasta ante su descubrimiento, que el Ambrogi maduro, nostálgico, cínico y con una fascinación por el campo donde se termina por traslucir su racismo impenitente. Particularmente odioso, admito, me resulta el cuento “Bruno” con que se abre la versión de 1918, y que se incluye por primera vez, donde cincela unos campesinos brutos, afásicos y predestinados a la barbarie. Son pocos los lectores contemporáneos que logran pasar esta barrera para descubrir las verdaderas joyas que le siguen. Tal vez sólo por ello, valdría la pena una edición de esta primera versión en el centenario de su publicación.

Pero estoy convencido de que hay otras razones. La primera edición de El libro del Trópico es un eslabón importantísimo para entender la relación entre el modernismo y la literatura llamada vernácula o nacional, en algo que podríamos llamar “la invención del campesino”. Allí se revela Ambrogi en su laboratorio de escritura que habría de marcar profundamente la literatura salvadoreña.

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