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OPINIÓN

Carta de un hereje a Rodolfo Parker

Carlos Martínez
cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de mayo de 2007 - El Faro
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Hola diputado Parker:

Decía un señor portugués que ganó un Nóbel de literatura en 1998, que el derecho más sagrado de la humanidad es el derecho a la herejía, o sea, el derecho a disentir, a elegir otra cosa, a decir que no. Yo le he escrito ahora para declararme hereje.

Verá, yo quería escribirle una carta audaz, llena de ironías, pasarme de listo. Pero no puedo, Rodolfo, no puedo escribir con disimulo lo que pienso, porque entonces usted tendría razón cuando sugirió a sus colegas, tan irresponsables o tan ignorantes como usted, que aprobaran una ley para prohibirnos disentir y expresar en público nuestro disenso. 

Fue usted el audaz, fue usted el que se pasó de listo, cuando, de forma velada, hizo una ley que nos amenazara con cárcel a los que no compartimos una manera de pensar que usted considera LA manera.

Soy ateo, Rodolfo, es decir: yo creo que Jesús no es Dios, que su madre no lo engendró por acción divina, nunca resucitó de entre los muertos, que los textos bíblicos no pueden ser tomados como verdad histórica y –esto le sonará a una bomba- yo creo que Dios no existe, que no ha existido y que nunca va a existir. Fíjese qué distintas son nuestras creencias. ¿Pero sabe qué es lo que realmente nos separa? que yo no creo que usted deba ir preso por expresarlas en público.

Usted le dijo a un reportero de La Prensa Gráfica, que si esta ley hubiera estado en vigor en el siglo XVI, “A (Martín) Lutero lo habrían metido preso por cuestionar dogmas católicos”. Afortunadamente allá en aquel siglo remoto usted no era diputado. 

También dijo usted que era suficiente expresar diferencias contra las creencias religiosas en “Textos, canciones, libros, comunicados… Es decir, no necesitás ir a quemar un santo a la plaza. Podés hacer una apología (contraria a la fe) escrita en un texto”. ¿Cree que yo merezco ir preso por escribir aquello en lo que creo? ¿O lo que realmente cree que debe ser penalizado es pensar diferente?

Fíjese en lo que dice su modificación al artículo 296 del código penal: “El que de cualquier manera impidiere,  interrumpiere o perturbare el libre ejercicio de una religión u ofendiere públicamente los sentimientos o creencias de la misma, escarneciendo de hecho alguno de los dogmas de cualquier religión…  haciendo apología contraria a las tradiciones y costumbres religiosas… (pagará) de seis meses a dos años de prisión.

¿“De cualquier manera”? ¿Cómo piensa legislar sobre los sentimientos? ¿Por qué debo plegarme a los dogmas de otros? ¿Por qué no puedo decir que algunas “tradiciones y costumbres religiosas” me parecen ridículas?

Qué suerte tiene, Rodolfo, de ser diputado de un país lleno de gente que acepta sin chistar sus desmanes autoritarios e inquisicionales. Tiene suerte de que su contraparte ideológica tenga miedo de que en la campaña electoral les llamen “no católicos”, “apóstatas”, tiene suerte de que ellos sean inconscientes y cobardes.

Yo le pregunto: ¿Cuánto va a tardar en decir que quienes defienden el divorcio, o el aborto, o la eutanasia, o el matrimonio entre homosexuales deben ser tratados como herejes que escarnecen los dogmas de una religión o que hacen apología contraria a las tradiciones y costumbres religiosas? ¿Cuánto va a tardar en prohibirnos, a secas, no ser religiosos? ¿Hacia dónde nos llevan, diputado?

Usted habla de la inmoralidad, Rodolfo, yo creo que lo verdaderamente inmoral es que usted sea diputado; yo creo que lo verdaderamente inmoral es que el resto de sus compañeros (salvo dos escasos e irrelevantes sensatos) sean capaces de derrotar sus profundas diferencias ideológicas, sólo –y sólo- para prohibirnos contradecir públicamente los dogmas religiosos; yo creo que lo terriblemente inmoral, Rodolfo, es que ustedes puedan hacer esto sin que nadie mueva un dedo.

En fin, Rodolfo Parker, le escribía solo para reservarme el derecho a disentir, a elegir otra cosa, a decirle que no.

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