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Red interminable

A un lado del campo de batalla

Roberto Turcios
cartas@elfaro.net
Publicada en enero 2002- El Faro
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Advertencias no faltaron. "El cuadro social ya está listo para la confrontación total", decía un artículo en la edición de diciembre de la revista de la UCA.

Unos días después de la advertencia, la guerra se convirtió en el hecho más importante de la vida salvadoreña. "Al término de 1980 –decía la revista ECA– el país está más lejos que nunca de una solución pacífica a sus problemas. El proyecto (del golpe de octubre) ha agotado todas sus posibilidades y ya no queda más salida que la guerra civil."

Así ocurrió. En enero de 1981, el FMLN lanzó una ofensiva final que no alcanzó los objetivos previstos de triunfo. Pero aquella acción oficializó la guerra. Y sería una guerra larga, profunda y trágica.

¿Pudo evitarse la guerra? Quién sabe. El hecho es que se produjo e impregnó con violencia despiadada todos los resquicios de la vida nacional. Lo hizo en tal forma que, quizás, todavía no es posible el análisis frío de aquella secuencia vertiginosa de episodios.

Pero la guerra no estalló de la nada. Había una larga historia de dominación política violenta y dictatorial. En todo el siglo XX sólo había un antecedente de competencia electoral, el de 1931. Aparte de esa excepción, la regla era el ritual, la mascarada, el fraude y la imposición.

En el pasado del dominio dictatorial se gestó y consolidó una cultura política que desconocía los derechos y negaba la libertad. Por eso, el patrón de evolución de los conflictos sociales era la acumulación irremediable, hasta que la tensión estallaba. Para no ir tan lejos, 12 años antes se había librado una guerra contra Honduras. ¡En doce años, dos guerras!

Así que, en 1981, el patrón salvadoreño de conflictos llegaba a su punto máximo. Entonces, casi todo se transformó. Qué contraste: la guerra era destrucción y, al mismo tiempo, transformación. En medio de la guerra emergieron transformaciones históricas, como las competencias electorales. De la guerra salió la negociación. Y la guerra abrió las condiciones para que se desplegara la transición a la democracia.

Guerra, negociación y transición a la democracia. Es una secuencia contradictoria. También es increíble. El acuerdo político más fértil del siglo XX se logró en una mesa de negociación. Atención: y la mesa estaba a un lado del campo de batalla. El acontecimiento es revelador: ninguna lucha pacífica había logrado nada parecido frente al dominio político y militar que implantó el golpe de Estado de 1931.

Hacen falta muchos análisis sobre la guerra. Si también fue un conflicto internacional, fue, primero y sobre todo, un conflicto nacional. A esos ingredientes nacionales hace falta escudriñarlos. Ellos enseñarían bastante sobre las peculiaridades que forman nuestra historia. Ellos ayudarían a entender esa combinación de la mesa de negociación a un lado del campo de batalla. Podrían contribuir a más que eso: a un enjuiciamiento crítico de lo que fue el siglo XX y es el inicio del siglo XXI en El Salvador. Un ejercicio como ese se vuelve indispensable diez años después de los Acuerdos de Paz.

 

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