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¿Dónde se encontraba usted durante guerra? Y ¿Qué hacía?
Yo estaba en un campamento guerrillero donde había un experimento de las primeras fuerzas conjuntas de el FMLN, entonces habíamos combatientes de las cinco organizaciones en un sólo campamento. El jefe de ese campamento era Bernardo Torres, un comandante de las FPL que cayó en 1983. Esas fuerzas conjuntas de el FMLN, eran un experimento, era la primera vez que operaban juntas, se llamaba Batallón Che Guevara, y, uno de los jefes de ese batallón era Juan José Dalton, de hecho, él fue uno de mis instructores militares, eso fue en 1981.
Luego de la instrucción militar, algunos salieron a operar a distintos frentes, otros se fueron a especializar aun más a La Habana y otros salieron a Nicaragua a hacer trabajo de retaguardia. Yo fui uno de los que salí a Nicaragua a hacer ese trabajo de retaguardia y estaba en el asunto que se llamaba Comando Internacional de Información (COMIN) del ERP.
Yo estaba en el ERP y desde ahí, yo hacía un trabajo de soporte para La Radio Venceremos: haciendo editoriales, comentarios, notas, entrevistas y alimentándolos con diversa información. Hacíamos otro tipo de trabajo, pero tiene más que ver con prensa internacional, propaganda y algún trabajo de apoyo para la comandancia, en términos de elaboración de documentos. En ese trabajo estuve hasta 1984.
Luego, yo me fui de Nicaragua, de la guerra y de la idea de la revolución armada sandinista. Me asquié, me cansé, me pareció que eso ya no tenía razón de ser y me fui. Regresé a El Salvador, estuve un tiempo aquí. Fue insostenible porque la represión era muy dura a mediados de los ochenta. Luego viaje, me fui a México, me casé, tuve una hija, trabajé como periodista, dirigí una revista de teatro llamada Correo Escénico, en la ciudad de México, escribí obras de teatro, se montaron, publiqué dos libros de teatro, y escribí un largo ensayo que se llama Alturas del Teatro Mexicano.
Desde mediados de los ochenta hasta los años noventa, yo lo que hice fue integrarme a la vida cultural-intelectual mexicana, básicamente trabajé como periodista y terminé de formarme como escritor.
Remontémonos al 31 de diciembre de 1991, están reunidos el alto mando del gobierno y la Comandancia General del FMLN en las instalaciones de la ONU, en Nueva York. ¿Qué estaba haciendo usted esa noche? ¿Qué pensó o qué imágenes se le vienen a la mente ?
Como te digo yo me integré a la vida cultural-intelectual mexicana y a partir de mi salida de la organización y de la guerra, que también fue una salida ideológica, me empezó a despreocupar la cuestión ideológica, la cuestión política, aunque no la cuestión informativa, pues yo siempre estuve al tanto de lo que pasaba, incluso porque seguía teniendo contactos personales y contactos afectivos con gente involucrada en la guerra.
De hecho, mi hermano, Marvin Galeas, continuaba en La Radio Venceremos y estuvo ahí algunos años, y todos los amigos que dejé, que luego pasaban por México, los veía, me escribían una nota o algo. Eran relaciones más afectivas.
Ese 31 de diciembre a las doce de la noche cuando estaban reunidos guerrilla y gobierno, cuando se concretaron los acuerdos de paz...
Digamos que la mayor expectativa para un salvadoreño autoexiliado y para alguien que, de buena manera, había participado en la guerra, porque mi participación no sólo se reduce a ese momento de 1981 para acá, pues antes hubo una etapa de acumulación que fue la guerra urbana o la lucha urbana de diferentes versiones: miliciana, de los grupos estudiantiles, conspirativa, guerrilleras, en eso participé también, que es la etapa previa, etapa de las organizaciones de masa, ...
Bueno, digamos que para mí, la mayor expectativa, era la firma de los acuerdos de paz, era por fin lograr salir de ese pantano que era la guerra.
Entonces, en ese momento, mi análisis personal era que no había otra alternativa que firmar la paz, para ninguna de los dos bandos.
Creo que la guerrilla prácticamente, había colapsado militarmente después de la Ofensiva General,y lo que podía haber era una especie de prolongación de la guerra, pero en estadios militares menores, es decir, volver a ser guerrilla dispersa, desconcentrar los frentes y quedarse como grupitos guerrilleros como pasó un gran tiempo en Colombia.
Yo creí que sí iba a firmarse la paz. Eso era un motivo de alegría profundo pues se abrían todas las expectativas de poder ingresar a El Salvador como un país pacífico, un país sin guerra. Pero lo que me sucedió anecdóticamente es más importante para mí, porque todo el proceso de negociación, la Comandancia, particularmente la comandancia de El E.R.P., que era la gente que yo más conocía, sacaron del Frente un equipo asesor que lo movieron a Managua, y luego a México.
En ese equipo asesor había muy buenos amigos míos, entre ellos estaba mi hermano, Marvin, que yo tenía muchos años de no ver y a veces no sabía si estaba muerto o qué, y estaba Maravilla, que es un venezolano que estuvo en la guerra desde el 81, que era, digamos, el alma de Radio Venceremos, junto a Santiago y Marvin.
Maravilla se llama Hernán Vera, es el que ahora es un rey de telenovelas en México, es productor de telenovelas, y por esos días, previo a la firma de la paz, yo recibí la visita de ellos en mi departamento. Yo vivía en el sur de la ciudad de México y un día, de repente, llegó mi hermano. Yo no sabía que andaba por ahí, no sé cómo llegó a mi casa.
Me dio una gran alegría verlo bien, un poco maltratado por la guerra, pero bien en general, es decir, no iba cojo, no iba manco.
Pocos días después llegó Maravilla,que es una persona especial. Marvin es mi hermano y fue un encuentro afectivo enorme y Maravilla es una fiesta, es de las personas más creativas que yo conozco y de las personas con más artisticidad que yo conozco. Ambos, Maravilla y Marvin, son narradores natos, y lo que hicieron fue pasarse noches y noches en mi casa tomando ron .
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El ron es una de las cosas que más me gusta en mi vida, pero quizá nunca he bebido tanto en tan poco tiempo como en esa ocasión. Aquellos tenían años de estar en el monte sin posibilidad de tomarse un trago y aprovecharon.
Lo que hicimos fue pasar noches y noches y noches, quizá una semana antes a la firma de la paz, hablando, hablando, hablando y bebiendo, bebiendo ron, yo invitaba amigos, amigas mexicanas y normalmente lo que hacíamos era que en mi departamento, espontáneamente, se organizaban fiestas de mis amigos mexicanos que, de una u otra manera, estaban permeados del espíritu de lo que pasaba en El Salvador.
Muchos querían conocer, hablar muy de cerca, recibir información de primera mano de protagonistas de la guerra, y Marvin y Maravilla eran dos protagonistas de primer nivel de la guerra, y la Radio Venceremos, para entonces, ya era una leyenda. Llegaban muchos amigos y se armaban rumbas. Cualquiera invitaba a cualquier lugar y nos ibamos a comer, salíamos a otras casas., era una rumba permanente desde una semana antes a la firma de la paz. Entonces, fue una rumba en la que hubo romances, cada quien bailó con su cada cual, se intercambiaban... y mucho ron, muchas historias.
Marvin y Maravilla se sentaron y no pararon de contar la guerra, de contarme la guerra y de contarle a los amigos, que estaban con nosotros la guerra. De repente, era una peregrinación de salvadoreños que iban por mi departamento, yo tenía un departamento chico. Yo no sé cómo cabíamos tantos.
En toda esa semana de la rumba, se tomaban 15 minutos, al menos, para hacerle un trabajo de asesoría a Villalobos. Por la información que ellos tenían sabía cuáles eran los puntos duros, por qué estaba enojado Shafick, por qué estaba enojado Joaquín, qué quería Shafik, qué quería Joaquín, qué quería Cristiani, por qué se habían peleado.
En general, así pasé, así recibí lo de la firma de la paz, con unas grandes expectativas, muy contento por haber visto a esta gente y un poco borracho.
¿El 16 de enero seguía usted en México?
Sí, seguía en México.
¿Cómo vivió ese día? Estaba trabajando en la revista cultural según me decía.
Fíjate que lo que pasa es que esa rumba que te cuento no se acabó el 31 de noviembre, sino que se prolongó hasta el 16 de enero. Ese día pasó algo muy curioso. En el interino, entre una semana antes que llega mi hermano Maravilla a México, las discusiones más grandes que se dieron fueron porque a estas alturas yo ya era un esceptico de la izquierda latinoamericana, de la izquierda armada, totalmente alejado de cualquier afectividad a Cuba, a Fidel Castro...
Una de las pocas desaveniencias que tuve en esa ocasión, no con Maravilla si no con Marvin, que era un asesor muy pegado a Villalobos, muy cercano, era que el análisis de Marvin seguía siendo parecido al que había sido nuestro análisis en los ochenta, al principio de los ochenta, entonces a Marvin lo molestaba un poco mi posición sobre Cuba, Fidel Castro y las posibilidades de la revolución latinoamericana, en alguna ocasión llego a llamarme reaccionario. Ahora Marvin está un poco más a la derecha que yo.
El día de la paz, el 16 de enero, Maravilla llegó a mi departamento, yo no fui a la firma, él vino después de la firma, inmediatamente después de la firma. Llegó a mi casa y me dice: "Bueno, acabo de renunciar con Villalobos y acabo de renunciar a la revolución salvadoreña", entonces le dijo a Joaquín, "mira Joaquín, se firmo la paz, ya lo mío terminó, voy a ver que hago."
Me dijo: "no tengo un peso, no tengo un centavo, no conozco a nadie en esta ciudad, pero me ha encantado, estoy enamorado de México, y aquí me quedo." Me hizo un par de preguntas, me pidió un par de pesos prestados, seguimos bebiendo un poco. Desde que se marchó de la casa ya no lo volví a ver, yo me vine a El Salvador y desde que vine me enamore de lo que estaba pasando en el país.
Años después Marvin pasa a trabajar de la Radio Venceremos a los medios de la Telecorporación Ssalvadoreña de Radio y Televisión (TCS), se hizo columnista de El Diariode Hoy, y Maravilla, se vuelve un millonario, el rey de las telenovelas.
Desde que yo vengo, regreso al país, hasta ahorita, he tenido una misma idea y es que ningún esfuerzo sobró, o sea, yo no estoy de acuerdo con la guerra como hecho, creo que hacer la guerra es y fue una locura, y en el caso salvadoreño fue una tontería, una aberración intelectual, sin embargo, es un hecho y hay que aceptarlo.
Lo que pensé al regresar es que ningún esfuerzo había sido en vano, ni suficientemente grande para conseguir lo que logramos: la paz.
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