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Seamos Incoherentes por el Bien del País

Eduardo Colindres
cartas@elfaro.net
Publicada en enero 2002- El Faro
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Al ofrecerme la oportunidad de reflexionar y poder hacerlo públicamente sobre el Presidente José Napoleón Duarte, pensaba que sería conveniente para mí como también para la sociedad salvadoreña releer nuestro pasado reciente a la luz del desarrollo real de los acontecimientos y hechos sociales, económicos, políticos del hoy que vivimos los salvadoreños, el cual es fruto en buena medida de nuestro actuar pasado, el de todos, de lo que hicimos, dejamos de hacer o permitimos hacer. Pasado que ahora nos cobra la factura.

Lectura de nuestra realidad actual que nos posibilite aprender a conocernos a nosotros mismos. Tratar de repetir menos nuestros comunes y frecuentes errores e incapacidades y repetir cada vez más nuestros muchos o escasos aciertos y triunfos.

El pueblo salvadoreño ha sufrido el desgarramiento, muerte, emigración masiva de sus integrantes antes, durante y después del conflicto armado que protagonizamos los salvadoreños en la década de los ochenta.

Ahora, fruto de la finalización negociada de dicho conflicto armado logramos un sistema político en el cual se han verificado procesos electorales para la Presidencia de la República, diputados y concejos municipales sin la acusación consistente de fraudes en el conteo de los votos.

Se visualiza y acepta por todos que existe la posibilidad de la alternabilidad en el gobierno por cualquier partido político en funcionamiento o que se constituya; por tanto, en ese sentido vivimos en una democracia, están funcionando los mecanismos formales de la democracia.

Nos encontramos con la paradoja que el partido en el gobierno hace muchas cosas para generar el deseo en la población para emitir un voto de castigo dándole el triunfo a la oposición; pero ésta hace todo lo posible para no convertirse en partido de gobierno.

Tanto el FMLN como ARENA son partidos cuya orientación y tradición no han privilegiado los mecanismos democráticos como manera primordial de solucionar, con propios y extraños, las divergencias y enfoques diferentes.

El FMLN ha entrado más que ARENA en el camino de aplicar la mejor medicina para curar y atacar los defectos y problemas del ejercicio de las formas democráticas, la cual es más democracia y más democracia. En esa perspectiva interpretamos el ejercicio democrático que hacen a través de las elecciones internas para elegir a todas sus autoridades.

Aunque al mismo tiempo, y en sentido contrario al fortalecimiento de las formas democráticas, aplican sanciones y expulsiones para combatir la divergencia interna. Utilizan la zanahoria y el garrote al mismo tiempo para afrontar sus conflictos internos. Deshacen con una mano, -la izquierda o la derecha, la que quieran-, lo que la otra había construido.

En lo económico desde la perspectiva macroeconómica estamos bien como país. ¡Qué bueno!. Tenemos una moneda estable, tan estable que hasta nos pudimos dolarizar. Nuestro principal producto de exportación como generador de divisas son nuestros compatriotas en el extranjero que nos envían sus dolaritos, que son más de mil millones de dólares anuales. Las tasas de interés bancario bajan, aún cuando no con la celeridad que debía producirse en una economía regida por el mercado, según su teoría económica.

A la par de lo bien que estamos en lo económico los índices de pobreza relativa y absoluta, no sólo son elevados sino a veces no cesan de incrementar. A pesar de lo bien que está la economía del país la mayoría de los salvadoreños y salvadoreñas, de todos los estratos sociales y económicos, tienen dificultades económicas, están insatisfechos, viven bajo el temor y ataque de la delincuencia común en sus múltiples expresiones que van del asalto en el bus al secuestro y muerte. Los índices de concentración de la riqueza deben ser mayores ahora que antes de la guerra.

Es incomprensible nuestra realidad, parece un juego de que quien gana pierde, pues si la economía está bien porque la mayoría de salvadoreños de carne y hueso están mal económicamente. También no se entendería si el país en lo macroeconómico estuviera mal y sus habitantes prosperidad económica, empleo bien remunerado, tranquilidad y seguridad.

Todo el sacrificio, dolor, destrucción de vidas, valores, bienes fue consecuencia directa e indirecta de todos los que actuaron, dejaron de actuar, en suma de todos los adultos que vivieron esa época.

Cada uno, tanto en lo individual como parte de un grupo o sector económico, social, cultural, religioso o político debemos hacernos un análisis de conciencia y responder con honestidad; por ejemplo, ¿cree usted que los sacrificios sufridos o infringidos guardan relación con los avances y progresos que hemos tenido como país?

Debemos quizás ser incoherentes, si incoherentes con nuestra tradicional forma de actuar –por acción u omisión- para afrontar con responsabilidad, apertura de mente, proyecto de nación, en un marco de derecho y libertad en qué podemos contribuir a la construcción del país que todos queremos. No cree que sería conveniente que todos, y todos es todos, en la medida de nuestras responsabilidades debemos pedirle perdón al otro y pensar que puede cada uno hacer para salir de esta crisis integral que vivimos.

Esto me recuerda una vivencia y me plantea una interrogante. Me recuerda que cuando el Partido Demócrata Cristiano en enero del 80 debía negociar con la Fuerza Armada su integración en la segunda Junta de Gobierno Revolucionaria ante el fracaso de la primera Junta surgida a consecuencia del golpe de estado de octubre de 1979.

Entre las condiciones para integrar el gobierno figuraba la reforma agraria, la nacionalización de la banca y del comercio exterior del café y azúcar. Para unos esas eran medidas que contribuían a superar las causas estructurales que propiciaban la guerra que se veía venir, que la estatización de la banca era inminente y necesaria por cuanto los sectores poderosos económicos del país habían descapitalizado los bancos, de los cuales eran propietarios, llevándose su dinero ante su temor y creencia de la pronta caída del país bajo el comunismo, para otros eran medidas de contrainsurgencia para quitarle el agua al pez e impedir con ello el apoyo de los sectores campesinos a las fuerzas guerrilleras en construcción.

Napoleón Duarte debía salir una noche en televisión junto a los miembros del Comité Ejecutivo del PDC expresando los puntos esenciales de la negociación que se iniciaría con la Fuerza Armada. Napoleón no estaba de acuerdo en dichas reformas económicas, -la reforma agraria, las nacionalizaciones de la banca y comercio exterior-. Diría que a nivel económico Napoleón Duarte más bien tenía una concepción favorable a la empresa privada, de "derecha" para decirlo de alguna manera. Napoleón era percibido al interior del partido como del sector de derecha del PDC.

Argumentó durante toda la reunión para que no se apoyaran esas reformas, hasta que casi como media hora antes de ir a la televisión dijo que a pesar de no estar de acuerdo con todos los que estaban en dicha reunión, que apoyaban dichas reformas, por disciplina aceptaría la decisión partidaria. Y agregó que con esa decisión que estaba tomando estaba perdiendo la Presidencia de la República.

Realmente me impresionó y me mereció un gran respeto, que adoptara esa decisión, que era incoherente a sus intereses personales, pues debía significar mucho el renunciar a una meta y deseo por el que había luchado mucho.

La interrogante que me he hecho siempre es que si los que luego conformaron el FMLN y FDR no se hubieran retirado del gobierno, si el sector empresarial no hubiese sido tan cerrado de pensamiento y con una visión de la nación que era posible construir, con justicia, con una mejor distribución de la riqueza que todos contribuimos a crear, se hubieran vencido con muchas dificultades, es verdad, a los sectores retrógrados de todos los signos políticos. No creen que viviéramos hoy en una democracia no sólo formal, sino que con más contenido político, económico, social, cultural habiendo evitado tanta sangre y dolor que produjo la guerra.

¿Valió la pena esa guerra para lo que estamos viviendo en lo político, económico, social, cultural, escala de valores, salud mental?.

¿No creen que es necesario reconocer los errores y pedir perdón construyendo una sociedad más humana y solidaria?

*El autor fue Ministro de Comunicaciones durante la presidencia de José Napoleón Duarte

 

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