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La guerra total Cuatro mil quinientos millones de dólares invirtió Estados Unidos en la guerra salvadoreña. De ese dinero, mil millones se destinaron a la campaña de contrainsurgencia. Aviones, entrenamientos al ejército y tecnología militar de avanzada formaron parte del plan del gobierno nacional para neutralizar a las fuerzas guerrilleras. El FMLN rigió su estrategia en "resistir, desarrollarse y avanzar". Secuestros a gente influyente, donaciones del extranjero y ayuda logística y económica de naciones socialistas mantenían a la insurgencia. La doctrina "guerra de baja intensidad", promulgada por la administración Reagan, hizo del conflicto salvadoreño una de las más complejas guerras de guerrillas de la historia. El enfrentamiento armado se generalizó en todo el país. Los efectos del conflicto repercutieron en todos las esferas sociales. Ni ricos, ni pobres, de la ciudad o del campo, se salvaron de la violencia. Las quemas de buses, las tomas de estaciones de radio, las capturas y torturas, los bombardeos, los secuestros, los asesinatos y ajusticiamientos, las bombas a las centrales eléctricas y demás prácticas "militares" de ambos bandos hacían que la guerra afectara a todos. En 1983, el asalto al cuartel "El Paraíso", en Chalatenago, por parte del FMLN, da un cambio cualitativo al conflicto. La correlación de fuerzas era distinta. Al 30 de diciembre de ese año, le seguirían otras operaciones similares. En unas la insurgencia avanzó, en otras dio pasos para atrás. Mientras la Fuerza Armada pasaba de ejército represivo a maquinaria de guerra irregular, el FMLN se organizaba para enfrentarse y ganar terreno a la milicia. En este contexto, poblaciones enteras emigraban de zonas rurales a la cuidad y al exterior. Más de medio millón se personas se desplazó de sus lugares de origen. La contrainsurgencia implicaba estrategias militares específicas que fueron evolucionando en ambas partes. Pero también guerra sicológica y propagandística. Había que "quitarle el agua al pez", decían los militares, para describir sus intentos por reducir la base de apoyo popular del enemigo. La guerrilla también transformó sus estrategias. El conflicto había cambiado, la apuesta era el triunfo por la vía armada. Las posibilidades de diálogo quedaban archivadas. Tres estrategas militares de la época describen aquí los dilemas, las perspectivas y las acciones de los años más cruentos del conflicto armado, y se defienden de las acusaciones de sus detractores. Sus reflexiones, reveladas aquí por primera vez a la luz de la distancia, son parte de nuestra historia. |
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