Entre 1990 y 1992 sucedieron muchas cosas. Luis Ángel Firpo era un vendaval que se alimentaba de campeonatos. Tres títulos en cuatro años. Su primera corona la había conseguido en 1989 y en la temporada 1991-1992 volvía a acariciar el triunfo dándole una golpiza a sus contrincantes en las primeras cuatro vueltas. Le sacó 8 puntos de ventaja a su más cercano perseguidor, el Alianza.
Sin embargo, en la cuadrangular, la situación fue diferente. Hasta la última fecha, el equipo capitalino sumaba un punto más que los usulutecos. Al Firpo sólo le servía ganar y lo hizo al vencer 3 por cero a los albos. Un equipo modesto de oriente se transformaba en gigante gracias al financiamiento de una rica familia proveniente de las clases populares salvadoreñas: los Torres.
Aparecieron, también, los racionamientos eléctricos . En un principio, fueron de ocho horas . Según el gobierno, los culpables eran la sequía y los golpes guerrilleros contra la infraestructura energética
Para hacer el trago menos amargo, CEL (Comisión Eléctrica del Río Lempa) diseñó un horario rotativo: mientras unos encendían un foco, otros se conformaban con las velas. Para ganar ratings, los programas de concursos regalaron electrodomésticos que funcionaban con gas propano. Había que adaptar lo anormal a la rutina y para eso servían la "Tropiplancha", un aparato que funcionaba con la sustancia gaseosa del momento y mandaba al olvido la activación eléctrica. Las amas de casa podían ya quitarle las arrugas a su ropa en la oscuridad.
En marzo de 1991, ARENA logró 39 diputados en la Asamblea Legislativa . Eran los tiempos mozos de la maquinaria tricolor que también arrasaba con las alcaldías municipales.
En la música, ese mismo año, salió a la venta el primer álbum de una de las ex cantantes del grupo Timbiriche. Thalía es el nombre del disco y de la intérprete que con un copete rubio se contoneaba cantando "Saliva", "Amarillo y Azul" y "Un pacto entre los dos". La solista se sumaba a los ídolos del momento: Luis Miguel, Bibi Gaytán, Chayanne y Lucero.
Thalía era sexy, un atributo del que carecía Aníbal Lecter, el psicópata de el "El Silencio de los inocentes". Ese año, la cinta ganó oscares por Mejor Película, Mejor Actor y Mejor actriz. La historia de una relación entre una policía y un asesino cautivó a los críticos de Hollywood. No obstante, "Terminator II: el Juicio Final" se llevó el galardón por efectos especiales, y llenó los cines salvadoreños con su oferta de balazos, explosiones y hombres que se hacían y se deshacían.
Afuera de las salas de filmes también resonaban los disparos, pero en menor frecuencia que en el pasado. El gobierno y el FMLN aceleraban la marcha hacia la conquista de los Acuerdos de Paz que quedarían como recuerdo del conflicto. También suvenirs serían las tropiplanchas y las cocinas de gas que hacen remontar a muchos salvadoreños a esa época en la que no se podía tener "luz" durante las 24 horas.