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Ambiente de guerra, renuncias y el Gordo PorcellRicardo José Valencia / Rafael Enrique Flores Empezaba una nueva década. El año de 1980 era, para algunos, el comienzo de una nueva etapa para El Salvador. La "Cruzada por Paz y Trabajo" así lo creía y, en los principales periódicos locales, firmaban un comunicado que rezaba: "Pon esta bandera en tu hogar, tu taller o tu tienda como muestra de TU FE INQUEBRANTABLE en que el año 1980 traerá paz y el trabajo que todos los salvadoreños anhelamos". En la página siguiente venía la bandera del tamaño de una página normal de periódico. Paradójicamente, en los primeros días de enero, todos los miembros de la Unión Democrática Nacionalista (UDN) renunciaron a sus cargos en el gobierno. Ministros y Junta de Gobierno se reunieron para buscar una solución a la crisis que se planteaba en el gobierno, pero, ante esto, solo hubo una respuesta: más disidencias a cargos. Entre los que abandonaron su cargo estaba Enrique Álvarez Córdova (Ministro de Agricultura) y Salvador Samayoa (Ministro de Educación). La Junta Revolucionaria de Gobierno recibió una llamada de atención en la que se exigía detener los niveles represivos que el pueblo estaba sufriendo y hacer algunos cambios en el planteamiento del gobierno. La carta fue firmada por algunos ministros. Guillermo Manuel Ungo y Román Mayorga Quirós amenazaron con renunciar a la Junta si el Ejército no aceptaba las sugerencias de los ministros. El Ejército respondió con otra carta en la que dejaron claro que algunas peticiones eran inaceptables por quebrantar "la base en que descansa la Institución Armada y el Orden Jurídico Institucional". Argumentaron que el Ejército tenía que responder a su papel constitucional histórico, el cual desaparecería si no se cumplieran los principios de jerarquía, disciplina y obediencia. Además, para que los ingresos del país sean bien distribuidos, el rol de la Fuerza Armada es primordial, afirmaron. El último punto de esta respuesta decía: "reiteramos la absoluta necesidad de la unidad e indivisibilidad de la Fuerza Armada y, en consecuencia, estamos listos para actuar en defensa de la patria". Mayorga y Ungo salieron del gobierno el 3 de enero. La población vivía un ambiente tenso, pero, para los que querían un poco de distracción, en los cines había una opción no menos violenta e impresionante que lo que se observaba en la realidad: los estrenos de Rocky II: La Revancha y de La Guerra de las Galaxias figuraban en los principales cines del país. 22 de enero Una manifestación histórica para las organizaciones de izquierda se llevó a cabo en esta fecha. Era la primera vez que todos los grupos izquierdistas lograban reunir a todos sus adeptos en una manifestación que llenó entre doce y veinte cuadras de personas. La manifestación fue disuelta con balas que, según los militares, no provenían del ejército porque este estaba completamente acuartelado. Muchos fueron los muertos de esta masacre. Este era un bautizo fuerte para Héctor Dada quien después de renunciar a la Primera Junta, integra la Segunda y que, según sus palabras, la represión de la manifestación lo llevó a enfrentarse verbalmente con los temidos militares. Pero Dada se queda en el gobierno por un mes más. En ese lapso, matan a uno de los líderes democristianos más liberales, Mario Zamora, hermano del político Rubén Zamora. Las versiones sobre los autores del crimen comienzan a salir. En una noticia publicada en La Prensa Gráfica, el día 3 de marzo, una organización autodenominada Brigadas Populares Salvadoreñas (BPS) se atribuía el acto. Según el texto, las BPS tildaban de "pequeño burgués" a Zamora. La presunta participación de que un grupo guerrillero hubiese "ajusticiado" a Zamora no disminuyó la agresividad de las organizaciones de masas. El Movimiento por la Liberación Popular (MLP) clamó por un alto a la represión en Suchitoto y Aguilares (4/3/1980). El Bloque Popular Revolucionario (BPR) se sumaba con otro comunicado (4/3/1980). Por otro lado, el General García trataba de mantener el perfil de la Junta. "Quiero enfatizar que la fuerza Armada no está con ninguna extrema. Ni está con la derecha, ni con la izquierda. Está con el pueblo salvadoreño..." señaló el militar. La extrema derecha atacaba ferozmente a los democristianos. El PCN tildaba al PDC de "entreguista" porque permitía la intromisión de los Estados Unidos y dos ciudadanos, entre ellos Ricardo Jiménez Castillo, señalaba "Demócratas (Cristianos y Comunistas) ¡renuncien, hagánlo por El Salvador! ¡Patria Si, comunismo no!" (5/3/1980). El slogan, luego, se convertiría en un himno de batalla de un partido político salvadoreño. Para esa publicación, Jiménez Castillo no se había dado cuenta de que Dada renunciaba el 4 de marzo," sin pedirles permiso a nadie (...) dejando comprometida a la patria en una nueva crisis", aseguraba René Segovia, Secretario General del Partido Orientación Popular (POP). Alfredo Mena Lagos, entonces conservador radical, aparecía de nuevo en los medios pidiendo el arresto de los responsables que mantenían secuestrado a un diplomático extranjero. Mena Lagos es preciso y da los nombres de Cayetano Carpio y Salvador Samayoa, el ex ministro de Educación, convertido a guerrillero de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL)(5/3/1980). La situación era digna de una película de vampiros. En el Cine Libertad se exhibía la película argentina "Los vampiros los prefieren gorditos", con la actuación del Gordo Porcell y un regimiento de vedettes. En el Universal, un cine especializado en piezas de Artes Marciales, se presentaba "Bruce Lee en Guinea" y otra película china llamada "La Espada Justiciera". La entrada costaba dos colones, 4 veces más que una libra del frijol de Primera Calidad del estatal Instituto Regulador de Abastecimiento (IRA).
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