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Entrevista con Antonio Morales Erlich, ex miembro de la Segunda Junta :

"Teníamos militares que no creían en la democracia"

Luego de la desarticulación de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno, los militares buscaron formar otra alianza que les permitiera mantener un brazo político en el gobierno. El Partido Demócrata Cristiano (PDC), por entonces la mayor agrupación política del país, selló el pacto.

El secretario general del PDC era Antonio Morales Erlich. Un demócrata cristiano, de hueso duro, que había sido alcalde de San Salvador en el período 74-76. Morales Erlich regresaba de su exilio en Costa Rica, adonde llegó huyendo de las persecuciones que siguieron a su candidatura vicepresidencial de la oposición en las elecciones de 1977, en las que fue declarado ganador el Gral. Carlos Humberto Romero.

Su objetivo al regresar del exilio, según él lo explica, era mantener una lucha pública en contra del Gral. Romero. Para ese entonces era miembro del Foro Popular. Al suceder el golpe de estado de octubre del 79 sus proyecciones cambiaron. Después del desbaratamiento de la primera junta, su partido hizo un acuerdo con los militares y él ocupó un puesto en la segunda Junta Revolucionaria de Gobierno. Morales Erlich aceptóp nuestra invitación para reflexionar sobre una etapa clave en la vida del país, que hoy parece muy lejana.


Marcelo Betancourt
cartas@elfaro.net
Publicada en enero 2002- El Faro

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EL FARO: ¿Cuales fueron las primeras conversaciones que mantuvo el PDC con los militares?

Antonio Morales Erlich: Cuando sucede el golpe de estado del 79, en el que realmente no tuvimos nada que ver -eso fue armado a niveles de militares-, la Fuerza Armada pidió al Foro (Popular) que propusiéramos candidatos para la primera junta. Aunque esa junta fracasó y sólo duró un par de meses, ya que había demasiadas fuerzas políticas reunidas y ninguna con la intención de avanzar hacia un proceso democrático.

¿Y las conversaciones para aliarse en una junta de gobierno?

En diciembre hablamos con ellos. Ya estaba en crisis la primera junta.

¿Cuáles eran sus posturas frente a la Fuerza Armada?

Nosotros lo que veíamos y se lo planteábamos a ellos, primero: la derecha, o sea el capital, había fracasado en su modelo liberal agroexportador, y el dinero ya lo habían sacado del país. Por otro lado los militares querían reprimir… tampoco podían hacerlo. El presidente Carter no apoyaba ese tipo de gobierno. Los partidos políticos habían sido golpeados por la dictadura anterior y no tenían la fuerza para mandar en el país. Por último la guerrilla tampoco tenía la fuerza para lograr una insurrección. Ante ese empate, lo que venía era una matanza espantosa. Para nosotros lo que se tenía que hacer era unir las fuerzas que en ese momento pensaban en el sistema democrático.

¿Quienes pensaban así?

Los militares que, al menos, habían manifestado proclamas democráticas al dar el golpe de estado y los partidos de lo que fue la Unión Nacional Opositora (UNO). Estos eran el Partido Comunista, los socialdemócratas y el PDC.

¿Cómo se llevó acabo la alianza?

El Partido Comunista decidió no participar y se unió con el FMLN. Y el partido socialdemócrata, horas antes del arreglo con los militares, dijo que tampoco, y se pasó al FDR. Y quedábamos sólo el PDC que era el partido fuerte, y que teníamos la capacidad de poner alcaldes en todos los municipios del país. Entonces se da la alianza. Esa alianza, como me decía un periodista gringo, no se mantenía por el amor sino por los hijos, o sea el pueblo.

¿Por qué el PDC tomó la decisión?

Porque creímos que en manos de la guerrilla o de la derecha hubiera sido un caos. Entonces había que jugársela para salvar al país. Y yo creo honradamente que el país se salvó.

¿Por qué se salvo?

Debido a que hicimos reformas que cambiaron la estructura del país en la segunda junta, como la reforma agraria, nacionalizamos la banca. Logramos contener en lo posible a un ejército que se desbocaba y cometía excesos. Tratábamos que la población se mantuviera en el sistema democrático. Tratamos de obtener el apoyo de los países occidentales y por eso tratamos de volver al estado de derecho, por eso convocamos a Asamblea Constituyente en el 82. El problema es que teníamos militares que no creían en la democracia.

En la junta, antes que renunciara Héctor Dada Hirezi y lo sustituyera Napoleón Duarte, ¿cuál era el ambiente en el interior de ella?

Mire, era de mucho trabajo y de salvar el país. Es que estábamos convencidos de lo que estábamos haciendo.

¿Y en la tercera junta?

Para mí no existe esa diferencia. Simplemente hubo renuncias cómo la de Héctor Dada. Y era duro estar en esa posición. Una vez un ministro me dijo: "Mirá, allí te dejé la renuncia en el escritorio, mi nivel de sangre ya topó". Todo proceso social tiene un costo. Lo importante no era satisfacernos sino salvar el país. A mi me repugnaba la sangre, la violencia y todo eso, y tratábamos de pelear y todos los días nos enseñábamos los dientes con los militares y exigíamos.

¿Tuvo ud. confrontaciones con algunos militares?

En el fondo había una derecha que le decía a los militares véngase con nosotros y ataque al PDC, y a veces había una izquierda que nos decía vénganse con nosotros y sepárense del ejército.

Y nosotros reclamábamos cuando nos arruinaban todos los planes con un par de muertos en la noche. Mataron las monjas. Era difícil gobernar. Uno tenía todos los planes. Y de repente matan a Monseñor Romero. Se le cae todo.

¿Qué errores cometió esta junta de gobierno?

Yo creo que en este mundo todos cometen errores. Si cometimos muchos. Algunos más bien de táctica y estrategia. El propósito de la junta estuvo bueno, los resultados han sido buenos.

¿Se tenía como objetivo detener la guerra civil?

Eso era todo. Porque en la guerra civil todos matan a todos.

Pero hubo guerra civil y ud. menciona que los resultados fueron buenos…

Sí, pero las dimensiones… Cómo le dijera… En vez de 70, 000 muertos habría habido medio millón y hubiera sido espantoso. Y eso al menos es un resultado positivo.

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