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Entrevista con Mario Andino, Miembro de la Primera Junta de Gobierno:

"Mi labor fue poner un poco de racionalidad"

Mario Andino llegó a la primera Junta de Gobierno representando al sector privado. Su paso por el Gobierno duró pocos meses, enfrentado a la presión por reformas que, a su entender, sólo pretendían dañar a la empresa privada. Andino se jubiló el año pasado. Ahora, con la calma que dan las horas de reflexión, habla con EL FARO sobre los convulsos días posteriores al 15 de octubre de 1979.


Christian Guevara
cartas@elfaro.net
Publicada en enero 2002- El Faro

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EL FARO: ¿Cómo llegó a la junta?

MARIO ANDINO: El golpe se llevó a cabo un lunes 15 de octubre. Fue un golpe anunciado porque ya el gobierno del General Romero venía dando muchas señales de debilitamiento, incluso había quedado aislado de todas las fuerzas vivas del país: la iglesia en particular, el gobierno norteamericano, mucha de la comunidad internacional, una fuerte oposición de parte de los sindicatos y grupos sociales y el último que le quitó el respaldo, o sea que empezaron a pedir cambios, fue el sector privado, no del todo organizado pero sí de parte de los personeros, y quedaba únicamente sostenido por la estructura militar, la Fuerza Armada, a tal grado que llegaron a la conclusión de que tenía que haber un cambio. El cambio también fue propiciado por el gane de los Sandinistas en Nicaragua, que se llevó a cabo ante la guardia somocista ese 19 de julio de 1979.

"El sector privado me ve como un elemento moderador, catalizador, para que las cosas no estuvieran inclinadas hacia la izquierda".

En esos meses, aquí se recibieron a cientos de ex guardias nacionales, a los cuales los oficiales y militares de aquí les dieron asilo, especialmente refugio en las escuelas de La Unión y vieron que estos militares venían huyendo, prácticamente derrotados. Y eso influyó en la mente de los militares salvadoreños, que, al final de cuentas, iba a haber un movimiento de izquierda y que mejor se integraban con los ganadores y no con los perdedores. Por otro lado, la embajada americana, a través de sus personeros, instigaba al cambio. La Iglesia Católica, sobre todo en ese tiempo y liderada por Monseñor Romero, pedía cambios. Entonces, los militares dieron ese golpe y sale el General Romero hacia Guatemala. Hay dos grupos muy diferenciados entre los militares pero dan el golpe.

Esa noche se anunció que se da el golpe y que hay una junta formada por dos militares, Majano y Gutiérrez, y que van a conformar una Junta Revolucionaria de Gobierno con mayoría civil, que si ya estaban ellos dos había que entender que por lo menos iban a haber tres civiles, Se anuncia primero que Román Mayorga está en la junta, venía de la UCA y tenía el apoyo de Monseñor Romero y la iglesia; luego, anuncian que Manuel Ungo está propuesto y aceptado por la Fuerza Armada por el llamado Foro Popular, que era una fuerza social que se supone se había formado para dialogar con el gobierno pero nunca lograron mayores progresos. Entonces quedaba un tercer civil que no se había nombrado.

A nivel del sector privado, y no en convocatoria porque eran momentos de emergencia, me llamaron a presentarme a lo que es el edificio de la Cámara de Comercio y estaban ahí delegados de las gremiales más representativas. Cuando yo llegué, el anuncio es que el Coronel Majano nos había dado una audiencia en el Cuartel San Carlos, que en ese momento es el centro de operaciones, y que lo que había que llevarle era una propuesta de colaboración desde el sector privado y que había que colaborar con el gobierno al más alto nivel. Me proponían a mí.

¿Quién lo propuso?

El sector privado, no sería propio decir que ANEP o la Cámara porque no fue una convocatoria, sino que fueron los representativos de todas las gremiales, que me dijeron: queremos que tú vayas.

¿Hubo otra propuesta?

Por razones de forma, de no decirle es Mario Andino, hicieron una terna, pero con el entendido de que las otras dos personas sólo iban para presentar la terna y que en ningún momento iban a aceptar.

¿En ese momento, usted se consideró un representante empresarial o un representante de la derecha en la Junta de Gobierno?

"Yo creo que, en parte, la primera junta fracasa porque pasamos prácticamente el resto de octubre y buena parte de noviembre tratando de formar el gobierno".

Empresarial, pero es que en ese momento, bueno hay que poner las cosas en su propio contexto, en la coyuntura y en el tiempo, y ese era un momento donde las ideas de izquierda estaban muy de moda, hasta la embajada americana y la iglesia la promulgaban. Entonces, en el sector privado se consideró que había que promover a alguien que fuera aceptable o potable para el momento en que se vivía, al contrario, no podía ser de una derecha recalcitrante o contundente y que, en particular, no estuviera ligado a los sectores tradicionales agrícolas. Yo llenaba esos requisitos porque yo había trabajado toda mi carrera con una transnacional americana; tenía actividad comunitaria muy orientada a favor del público; había sido director de CEPA, de la Asociación Demográfica Salvadoreña, por muchos años fui director de la Cámara de Comercio, había sido fundador de la Asociación Salvadoreña de Ingenieros. Entonces yo me siento identificado como un hombre muy diversificado en el quehacer comunitario y no necesariamente identificado con la derecha.

En ese tiempo estaba de moda hablar de empresarios progresistas, que era una manera de decir que somos empresarios de avanzada en la identificación con el pueblo o con las causas del pueblo. Yo diría que así fue como se me reconoció en ese momento, que yo era la representación de los empresarios progresistas del país.

¿Usted ya había participado en política?

Había participado en muchas actividades de civiles pero nunca en la política.

¿Esa fue su carta de presentación para integrar la Junta de Gobierno?

En parte sí. Pero no era necesario porque después entró mucha gente al Gabinete de la Democracia Cristiana

¿Por qué entró a la Junta de Gobierno, que es lo que le había propuesto y lo que usted esperaba?

En primer lugar, representar al sector privado como me lo dijeron: esto es una junta que lleva un matiz muy marcado hacia la izquierda, va Ungo y va Román, no se juzgaba a los dos militares porque no se les conocía mayormente de qué tendencia podían ser. Pero sí se conocía la tendencia de Ungo y de Román, entonces el sector privado me ve como un elemento moderador, catalizador, para que las cosas no estuvieran inclinadas hacia la izquierda, pero que fuera lo suficientemente potable para que me aceptaran como miembro de la Junta

¿Qué pasó dentro de la junta?

"La Fuerza Armada y la Junta forman equipo y es en el gabinete en donde empiezan las diferencias, porque entran un buen número de profesionales de la UCA".

Llegamos los tres civiles, ya nos conocíamos de nombre. El país es pequeño y uno se encuentra por todos lados. Pero yo nunca había tenido oportunidad de tener interrelación con Guillermo Ungo o con Román. Prácticamente nos conocemos, entendemos que tenemos una situación muy difícil, hay que tratar de resolverla; lo primero que había que hacer era deshacerse de todo vestigio del pasado de una manera legal. O sea, nosotros queríamos, en particular, entrar en un proceso de legalidad y no de arbitrariedad, pues parte de la acusación o la justificación del golpe en la proclama de la Fuerza Armada son las violaciones de los derechos humanos. Nosotros no íbamos a entrar violando los derechos humanos. No hubo encarcelamientos, el PCN, el partido que había estado en el gobierno por muchos años, no se disolvió por ley, prueba de ello es que está ahí todavía, únicamente se disolvió una organización paramilitar llamada ORDEN, que actuaba en el campo y que tenía más que todo acciones represivas. Se elimina ORDEN pero no el PCN, no hay encarcelamientos y se trata, en un inicio, de decir que vamos a ir a un sistema democrático. Y en eso sí había consenso. Otro de los puntos de la proclama era el combate a la corrupción de funcionarios públicos y ahí también había consenso. Decíamos que estábamos en contra de la corrupción, pero no necesariamente todos los funcionarios eran discriminadamente corruptos, pero había que poner las bases de funcionarios nuevos, identificados con la causa del pueblo y con valores. Otro punto de la proclama era velar por las clases populares, como se diría hoy: "combatir la pobreza". Había que crear oportunidades de trabajo, reganar en el extranjero la imagen de El Salvador. En todas esas cosas coincidíamos. Era muy difícil no coincidir en esa lista de buenas intenciones. Eso nos dio la base para entrar sin conflicto.

Posteriormente, ya con eso, entramos a la formación del gabinete y de los otros puestos de trabajo. Se deroga la constitución, se disuelve la Asamblea, se disuelva el poder judicial y se destituye todo el gabinete. Así empezamos a formar los cuadros que iban a gobernar y ese fue un proceso de desgaste bastante grande. Yo creo que, en parte, la primera junta fracasa y en enero tenemos que salir porque pasamos prácticamente el resto de octubre y buena parte de noviembre tratando de formar el gobierno. Porque ahí sí entraban los distintos intereses particulares de los que estábamos en esa junta. Entonces, para formar parte, un funcionario tenía que llevar la aprobación de todos los demás y eso era difícil. Bastaba cualquier sospecha, rumor o entredicho para que esa persona quedara descartada y había que buscar otra. También hubo un reparto de actividades. A mí, por ser del sector privado, me dejaron buscar los funcionarios del sector económico del gobierno, por eso me toca a mí nombrar un Ministro de Economía, un Ministro de Hacienda, me recae a mí la responsabilidad de hacer enlace con relaciones exteriores por lo de la exportación y con educación. A los otros les toca las otras áreas: justicia, interior y los demás ministerios. Entre los cinco teníamos repartidos las distintas responsabilidades. Pero eso nos desgastó mucho

Usted menciona que una parte de la proclama era evitar los encarcelamientos y violaciones a los derechos humanos, pero, si usted ve las estadísticas, la espiral de violencia aumentó en esa época. ¿Cuánto control tuvo la Junta de Gobierno sobre la Fuerza Armada?

"La programática que llevaba la junta era precisamente para afectar al sector privado. Era una reforma a los sectores agrario, financiero y exportador, a los que los grupos de izquierda daban a llamar la oligarquía, con esa famosa leyenda de las 14 familias y de la concentración de riquezas en pocas manos".

Yo diría que durante la primera junta esos fenómenos de violencia y de represión que usted menciona no se dan de una manera tan obvia, pero sí coinciden con el incremento de las acciones guerrilleras. Entonces, la Fuerza Armada, como junta, como gobierno, se vio, nos vimos, en el derecho de utilizar la fuerza como legítima defensa. La Fuerza Armada actuaba pero no era necesariamente represora, pero, más bien, en ese momento, se había depurado, el decreto número 2, que dan los dos militares antes de que llegáramos los civiles, depura a los militares, aunque no está dicho que todos los que se retiraran eran represivos. Como era un cambio, le dan de baja como a 50 coroneles, pero ellos mismos. La Juventud Militar forma una organización que se llama COPEFA (Consejo Permanente de la Fuerza Armada) que está formada por capitanes y jóvenes oficiales. Entonces, no podían ser represivos, porque ellos mismos se declaran representantes de las inquietudes populares. La primera junta se cuida y trata de borrar esa imagen y ya con los nuevos jefes, con la Cruz Roja Internacional y otras organizaciones de derechos humanos se va a las cárceles de todas las instituciones donde podía haber prisioneros y se registra para ver que no haya alguien detenido por razones políticas.

No obstante, hay movimientos porque era una época muy convulsionada, algo así como las Madres de los Desaparecidos, y decían que habían como trescientas personas desaparecidas del régimen o regímenes anteriores y nos exigían y cuestionaban qué había pasado y que dedujéramos responsabilidades. Cosa que fue muy difícil, porque se iba a las cárceles y no se hallaba a nadie y no había récord. Pero la Fuerza Armada y las instituciones militares colaboraban y los jefes, que eran jefes nuevos y contaban con el apoyo del COPEFA de los militares jóvenes. Fue una época en la que el ejército y la Fuerza Armada y la Junta estaban de acuerdo, pero no quiere decir que todo era ideal. Pero los cuerpos de seguridad tenían su formación básica y era difícil cambiar las mentes de toda la gente de la noche a la mañana. Además, fue el tiempo en que se empezaron a formar grupos que no creían en el movimiento, que lo veían marcadamente como de izquierda y que no había que plegarse. Así es que, yo diría que la Fuerza Armada y la Junta forman equipo y es en el gabinete en donde empiezan las diferencias, porque entran a la junta un buen número de profesionales que vienen de la UCA y te menciono a Salvador Samayoa y muchos otros o de la Democracia Cristiana, como Zamora o Héctor Dada, Héctor Oquelí, Padilla, es una junta, un gobierno o un gabinete orientado por gente que tenía ideas de izquierda muy marcadas. Empiezan ellos a exigirle a la Junta que entre de lleno en las reformas prometidas como la agraria, la del sistema financiero o la de exportaciones.

Las organizaciones de izquierda, como las FPL o el ERP que se estaban formando o ya estaban formadas, no aceptaban esa primera Junta, y usted menciona a grupos de derecha que los acusan de estar plegados a la izquierda. ¿Ustedes estaban entre dos paredes? ¿No recibieron ayuda de la derecha o de la izquierda?

"No estoy diciendo que la embajada americana tomaba las decisiones, pero obviamente ejercía una gran influencia como ha sido toda la vida".

No recibimos ayuda de la derecha, no digamos de la ultra. La Junta tuvo un problema de identidad y lo reconocimos. Eso se sentía, porque los grupos de izquierda, e incluso dentro del gobierno, nos exigían más acción. La derecha no se veía representada, aunque yo era su representante. Porque la programática que llevaba la junta era precisamente para afectar al sector privado. Era una reforma a los sectores agrario, financiero y exportador, a los que los grupos de izquierda daban a llamar la oligarquía, con esa famosa leyenda de las 14 familias y de la concentración de riquezas en pocas manos. Afloraban las peticiones de cuándo íbamos a actuar y era una situación bastante irracional, al grado que la mayor tarea que nos tocaba, a mí y a otros que llegaron y estaban muy cuerdos era de poner un poco de racionalidad en un proceso que estaba desbocado. Había que llamar al orden y recordarles que estábamos ahí para no cometer los mismos abusos que la gente había sufrido en el pasado, porque si cambiábamos el esquema era actuando dentro de la ley. Entonces, había que poner racionalidad en un clima muy agitado. Era la labor principal que yo tomé.

Déjeme decirle que, increíblemente, y lo digo porque yo lo aprecio mucho, Guillermo Ungo fue otro que puso mucha personalidad como político ya maduro y que también veía que todas esas exaltaciones no iban a conducir a nada bueno. Memo Ungo demostró ahí, y se lo debo como reconocimiento, ser un gran político y moderado. No apoyaba posiciones exaltadas.

¿Por qué se disuelve la Junta? Ungo y Mayorga afirman en sus cartas de renuncia que había presiones, el único que no aduce presiones es usted ¿Por qué lo hace entonces?

Yo no digo que no había presiones. Los grupos estos querían que se fueran más aceleradamente con las reformas, pero las reformas no eran necesariamente racionales, como lo probó las que llevó a cabo Napoleón Duarte. Él entró a los bancos con el ejército y quitó a las fincas con el ejército. Me explico, lo que no queríamos era llegar a eso, lo que no quería yo por lo menos. Pero, entonces, viene una confrontación con los altos mandos del ejército, porque empiezan a decirle a todo este movimiento: espérense, no se van hacer todas esas reformas como ustedes dicen. Si ellos aducen presiones podrían ser esas, yo diría una falta de eco. O sea, no encuentran eco en la alta dirigencia militar en los meses de noviembre y diciembre para llevar a cabo las reformas en la manera en que ellos querían. Entonces, en enero, ese grupo pone un ultimátum....

¿Se refiere a los grupos de izquierda?

Sí, a todo ese grupo que se fue. Pues pone un ultimátum a la Fuerza Armada, diciéndoles que las reformas que ellos habían prometido no se estaban cumpliendo y que, por lo tanto, pedían una rectificación porque ellos no podían seguir en el gobierno si no se daba. Y eso llevó a un enfrentamiento verbal, en Casa Presidencial, en la cual en términos no muy corteses se dijeron bastantes cosas, al punto que el vocero de la Fuerza Armada nos dijo: con qué derecho nos vienen a reclamar, porque si ustedes están aquí es porque la Fuerza Armada quiere que ustedes estén en esos puestos.

¿Se dirigía a Román Mayorga Quiróz y a Guillermo Ungo?

A Román y a Ungo. Pero ellos no habían hablado mucho en esa reunión, aunque también a otros.

¿Ahí renuncia usted?

No, no. Prácticamente nos dimos cuenta que ese gobierno ya no era viable y que había que formar otro gobierno. Yo mismo fui a varias reuniones del sector privado, que me había nombrado, y les dije que mi participación en el gobierno no dejaba de ser un poco conflictiva. En realidad, había una fuerte tendencia a implementar esas reformas que les iban a afectar. Pero la conclusión era de que yo permaneciera en el gobierno, que entendían que las reformas se iban a dar pero que intentara que se volvieran lo más racional posible. En ese entendido fue que me quedé. Pero se veía la necesidad de tener un gobierno con una convocatoria política y en ese momento el único partido con esa posibilidad era la Democracia Cristiana.

Ellos renuncian (Mayorga y Ungo) porque se sienten defraudados de las promesas que hizo la Fuerza Armada y que no se las cumplen. Yo me voy porque me quedé con los dos militares, pero la Fuerza Armada me dio su total respaldo y me dicen que me quede para formar un nuevo gobierno. Y ahí me di cuenta que no era posible gobernar con individualidades y que había que haber representación política. No íbamos a formar un gobierno corporativo que solo podía ser soportado por gremiales o empresarios. Así que opté por retirarme, me llamaron, yo acepté, he servido en esta primera sacudida, no podemos conciliar pensamientos y símbolos tan variados y, entonces, en el ejército había un gran deseo que entrara la Democracia Cristiana. Yo dije me retiro, misión cumplida y que entre la Democracia y que hiciera un buen gobierno.

¿Qué tanta influencia tuvo Estados Unidos en este proceso?

A mí, en la Embajada Norteamericana, un representante del presidente Carter me pidió que me retirara para permitir que llegara Napoleón Duarte. Aunque eso no fue lo que mandó mi decisión, pero cuando me pregunta qué influencia tuvo, yo le digo que influencias tuve.

¿Qué interés tenía el gobierno de Carter y los militares para que llegara la Democracia Cristiana?

Porque creían que Duarte, en particular, más que la Democracia Cristiana, que era un líder carismático, casi el único, y que iba a detener la situación y la guerra que se avecinaba. Es más, en parte es lo mismo que lo que lleva a derrocar a Romero y colocar una junta. No estoy diciendo que la embajada americana tomaba las decisiones, pero obviamente ejercía una gran influencia como ha sido toda la vida. Los americanos les decían a los militares: si llega Duarte, que es lo que queremos, se puede evitar la guerra y, si se da, nosotros los vamos a ayudar.

A 22 años de aquellos momentos, ¿fue un error o un acierto salirse de la Junta?

Bueno, yo no hubiera detenido la guerra si me quedaba. Posiblemente, tampoco pudiera haber evitado que llegara Napoleón Duarte o cambiar el pensamiento norteamericano de aquel tiempo, tampoco hubiera cambiado a los intelectuales. Por eso digo que hay que ponerse en el contexto, en una época en la que se veía el avance continuado y avasallador de las ideas comunistas. En ese momento, la mano pesada la tenían las ideas socialistas. Entonces, había un pensamiento negativo hacia el capitalismo, ser capitalista era mala palabra, tener utilidades era mala palabra, es decir, todo se quería cubrir con un velo de estado paternalista, de subsidios, con una injerencia total del gobierno, ya había muchas injerencias del gobierno en las empresas, compraba y vendía cereales, tenía una participación muy prominente en la vida pública nacional y esas ideas socialistas buscaban un dominio más grande del estado y ese era la manera de ver las cosas. Era que el gobierno debería ser un buen repartidor y lo que pasó cuando llegó Duarte es que llegó con una camarilla de ladrones, se apropiaron de los bancos, dieron créditos a sus amigos y a empresas fantasmas que ellos habían formado, violaron las leyes más de lo que se había imaginado. Entonces, la guerra se desencadenó porque el gobierno de Duarte y de la Democracia Cristiana no pudo hacer impacto en esa guerra que se avecinaba y que se dio.

Nunca se ha vuelto más cierto que el tiempo cura todas las heridas, al menos las sana. Usted me pregunta si a 22 años hice mal o bien en salirme, nunca las cosas en la vida se pueden ver retrospectivamente, porque es parte de la vida y se dieron en esa circunstancia. Tuve gente que me dio apoyo, ánimo, tanto en la Fuerza Armada, como en el sector privado, los profesionales, al igual que tuve muchos detractores. Hubo gente que creyó que no cumplí con la misión que se me había asignado, pero, con el tiempo, yo creo que mi labor fundamental, queriendo o no, fue poner un poco de racionalidad en un ambiente totalmente convulsionado.

 

 

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