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La mitad de los salvadoreños en edad de trabajar está subempleado o desempleado y sólo el 20% de la población económicamente activa (PEA) tiene “trabajo decente” -según los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)-, revela el Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas 2007-2008, que se presenta oficialmente este miércoles.
Según la OIT, un empleo decente garantiza una remuneración que permite un nivel de vida digno; presenta garantías de seguridad laboral por medio de un contrato justo y tiene redes sociales de protección como salud pública y fondos de pensiones, entre otras.
“Estos no son los únicos datos alarmantes del informe, pero demuestra que el empleo no ha estado dentro de los planes gubernamentales históricamente. Es alarmante y ojalá así sea tomado por los actores sociales del país”, comenta William Pleitez, economista del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y coordinador del equipo que realizó la investigación en El Salvador. “Existe una relación entre trabajo decente y desarrollo humano”, argumenta, al justificar que el informe, esta vez, se centre en el empleo.
Según Pleitez, el desarrollo humano se garantiza al asegurar dos componentes esenciales. El primero, un acceso a educación de calidad; el segundo, que la sociedad aproveche lo aprendido por los individuos. “Este segundo componente es el empleo, pero un empleo decente o ‘digno’, como se le llama en la calle. Desde el punto de vista de desarrollo humano, es este tipo de empleo el que interesa, el empleo que dignifica a la persona.”
El informe, denominado “El empleo en uno de los pueblos más trabajadores del mundo”, está basado en los datos de la Encuesta de Hogares que cada año elabora la Dirección General de Estadística y Censos (Digestyc) correspondiente a 2006, y el censo de población de 2007. Cuando habla de PEA, se refiere a la población en edad de trabajar (a partir de 14 años) que está empleada o que anda buscando trabajo.
El PNUD subraya que la diferencia de acceso a oportunidades laborales se traduce en distintos niveles de desarrollo humano. Para el caso, el 20% con trabajo decente alcanza estándares de vida similares a los de Latvia y Uruguay, en los puestos 45 y 46 del ránking mundial, respectivamente. Esto es, logran un nivel de vida 60 escaños más arriba que el promedio de la población salvadoreña. El Salvador está en la casilla 103 del ránking mundial de desarrollo humano, que incluye 177 naciones.
Y no solo se trata de tener trabajo, porque aún si alguien está empleado, puede no ser un trabajo digno. “Incluso, los que tienen trabajo pleno, sin redes de protección social, están por debajo del promedio salvadoreño”, dice Pleitez, para ilustrar. Eso sí, la pasan peor aún quienes están subempleados o desempleados, que tienen niveles de vida similares al promedio de las poblaciones de Gabón (119) y Botswana (124), respectivamente.
¿Y quiénes son esos a los que el PNUD, en su informe, llama “subempleados”, y que constituían el 43% de la fuerza laboral? El mismo documento lo explica. “Rebuscarse, ponerse a trabajar en lo que sea, aunque se obtenga menos del salario mínimo (...) aunque no alcance para mantener a la familia, aunque no se puedan satisfacer las necesidades básicas, aunque se carezca de acceso a las redes de seguridad social. En eso consiste estar subempleado”, dice.
Según el estudio, el alto nivel de subempleo es parte de la explicación de las bajas tasas de desempleo en el país. El desempleado es quien aún buscando trabajo no ha podido hallarlo y no ha podido ocuparse a sí mismo en alguna labor. “El desempleo es un ‘lujo’ que, en el país, pocos pueden darse”, comenta el informe. Se refiere a que la mayoría de las personas que buscan y requieren un empleo no pueden mantenerse mucho tiempo sin trabajar.
Hasta ahora, en El Salvador se había manejado cifras relativas a empleo básicamente en tres categorías distintas: los empleados, los subempleados y los desempleados. El PNUD decidió auscultar la condición de aquellos que tienen un empleo pleno, asumiendo que tener trabajo es una situación que debería ponerse como prioridad uno en busca del desarrollo del país. “El no estar desempleado no significa necesariamente que se esté plenamente empleado o, menos aún, que se tenga empleo decente”, sostiene Pleitez. Los desempleados son el 6.6% de la PEA.
La masa de desempleados y subempleados, que constituyen la mitad de la población económicamente activa, son lo que el PNUD llama población subutilizada. A Naciones Unidas le llama la atención ver cómo un país vecino, Costa Rica, tiene niveles de subutilización abismalmente distintos a El Salvador. Mientras que la tasa de subutilización en El Salvador era del 50% en 2006, en Costa Rica apenas se acercaba al 16%.
Y aunque la revelación de la tasa de empleo decente es novedosa, la situación del subempleo es crónica y no sorprende a nadie. “Este no es un problema de ahora. Nos hemos acostumbrado a vivir con altísimos niveles de subempleo, de gente que trabaja menos de 40 horas a la semana o perciben un salario inferior al mínimo”, dice el investigador.
El Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe (PREALC), en un estudio en 1981, preveía una disminución en el porcentaje del subempleo en El Salvador a partir de la década de los años 80. La explicación: “Primero, que la tasa de crecimiento de la PEA disminuiría debido a un menor crecimiento demográfico; y, segundo, que la migración internacional serviría de válvula de escape a las presiones de la oferta de trabajo”. Sin embargo, tras el período de la guerra, el porcentaje de subempleo en el país creció del 42% al 53.6% en 1992, alcanzando valores más altos que en 1950 (46.1%).
En los cuatro años siguientes bajó hasta el 34.6%, para volver a aumentar hasta el 43.3% actual. A Pleitez no deja de sorprenderle que, siendo un problema viejo, en los planes de gobierno el gran ausente en las últimas cuatro décadas ha sido justo ese punto. “Hemos revisado todos los planes de gobierno desde el período del presidente Rivera a la actualidad y solo en uno de ellos, el de Sánchez Hernández, se planteaba reducir los niveles de subempleo”, sostiene Pleitez.
Y si las condiciones de empleo para los salvadoreños en general son precarias, lo son aún más para los más jóvenes. En el caso de la población de 15 a 24 años, que incluye al 18.93% de la población en edad de trabajar -según el último censo de población-, el desempleo sube al 12.4% y el subempleo al 50%. Esto es preocupante, dice el PNUD, porque la combinación de jóvenes excluidos, que no encuentran vías de entrada a la vida laboral, de baja educación, y que provienen en muchos casos de entornos familiares altamente disfuncionales, los expone a mayor riesgo ante la violencia, ya sea como victimarios o como víctimas.
Salario ofrecido vrs. salario deseado
En promedio, las mujeres trabajan una hora más que los hombres, concluye el PNUD. A eso le suma el hallazgo de que el valor pecuniario del trabajo doméstico no remunerado -medido en 2005- equivaldría a una tercera parte del producto interno bruto. “El aporte económico del trabajo doméstico no remunerado en 2005 se ha estimado en 32% del PIB total, es decir, 5,436 millones de dólares. De forma desagregada, el aporte por sexo refleja que el sector femenino representa el 27% y el masculino, el 5%” del grupo poblacional que hace labores domésticas sin recibir paga a cambio.
El informe consigna la necesidad de invertir en educación pero enfatiza la importancia de capitalizar ese recurso, de no descuidar el uso de las capacidades aprendidas en el sistema escolar. “El empleo y la educación siguen siendo los principales mecanismos de inclusión social en El Salvador. Encontramos que las tasas de subempleo son mayores entre las personas con menor nivel de escolaridad”, dice Pleitez. Sin embargo, también se detalla que a los jóvenes entre 15 y 29 años, aún con mayores niveles educativos, les es igual de difícil encontrar un trabajo decente como a las personas de entre 50 y 64 años y con un menor grado de escolaridad.
El estudio también señala el “desencuentro” entre las racionalidades de empleados y empleadores, porque mientras unos quieren mejores salarios, los otros optan por pagar salarios de mercado. Eso explica por qué a pesar de que, en efecto, hay trabajo que hacer en El Salvador, muchos salvadoreños optan por no tomar esos empleos y buscan, a veces, tratar de ubicarse en el extranjero. “Pagan por debajo del salario de reserva, que es la mínima remuneración por la cual la gente está dispuesta a hacer un trabajo”, explica Pleitez. Y eso explica por qué los cañeros, por ejemplo, se ven obligados a importar mano de obra para la zafra.
El PNUD estableció las brechas entre el salario de reserva y el de mercado. Es un 27% menos en el sector agropecuario; el 14% menos en la industria, y el 6% en el salario medio. Sin embargo, la oferta de mano de obra de países vecinos, como Nicaragua y Honduras, que ven atractivo estos sueldos, permite a los empleadores no aumentarlos.
“Por un lado tenés salvadoreños que no ven atractivo trabajar con esos salarios porque tienen mayores niveles de escolaridad y conocen de las mejores ofertas laborales que existen fuera del país. Y, por el otro, empresarios que siguen encontrando mano de obra dispuesta a trabajar por esos salarios. Esa lógica choca de frente”, dice Pleitez.
Tanto el sector subempleado como el sector de trabajo doméstico no remunerado deberían tener acceso a una red de protección social a mediano plazo, según el PNUD. “Éste no se puede limitar a los empleados del sector formal. Esto tiene que cambiar”, demanda Pleitez. Y justo eso aparece en el final del informe, en el que el PNUD se atreve a lanzar un desafío al país: que se empuje un pacto por el empleo.
Ese pacto, al que el informe delinea y que incluye hasta metas de reducción de subutilización laboral, pretende que el país asuma como eje central de su desarrollo el tema del empleo.
El PNUD entregó este martes a los candidatos presidenciales de FMLN y Arena, Mauricio Funes y Rodrigo Ávila, una copia del informe. Ambos candidatos le dieron una buena acogida preliminar a la propuesta del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. “La idea de un pacto es interesante y nosotros, como fórmula, estamos dispuestos a tomar los insumos y analizarlo”, manifestó Mauricio Funes.
Rodrigo Ávila incluso hizo un paralelo entre la propuesta del PNUD y su visión de país: “Yo estoy en sintonía con un pacto que yo he dado en llamar el acuerdo nacional por el trabajo, en el que se incluye mayores oportunidades para los jóvenes y aumentar las capacidades de los salvadoreños para aumentar el nivel de vida.”
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