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NOTICIAS Directiva de Asamblea “privatiza” información sobre trabajo legislativoSolo para sus ojos. La junta directiva de la Asamblea Legislativa se arrogó la potestad de divulgar o guardarse antojadizamente el informe mensual sobre el trabajo en las comisiones parlamentarias, con el argumento de que la prensa a veces no contextualiza los datos y comete injusticias. La decisión se tomó después de que algunos diputados se indigestaron por una publicación que los acusaba de trabajar con desgano. Sergio Arauz / Daniel Valencia
El jueves 17 de abril fue casi un domingo. Al menos para los diputados que tenían que desarrollar ese día la sesión número 98 de la Asamblea Legislativa. Una cita que se suspendió después de que el presidente Antonio Saca convocara a la dirección del PCN -y a casi toda la bancada legislativa- a una reunión político electoral en horas laborales con el candidato presidencial de Arena, Rodrigo Ávila. La reunión entre dirigentes duró tres horas en la quinta del mandatario, en Panchimalco.
Ese jueves, Arena y PCN movieron los hilos para que la sesión del Congreso se trasladara para el viernes. Cuánto impactó esa maniobra en el trabajo legislativo tal vez nunca se sepa. En qué medida privilegiar el trabajo meramente partidario perjudicó la labor de la Asamblea quizás nunca salga a la luz: la junta directiva decidió cortar las alas a los informes mensuales que detallan tiempo trabajado y labor realizada por las comisiones. En un acuerdo del miércoles 9 de abril en el que seis directivos estamparon su firma se establece que esos reportes, que permiten hacerse una idea de cuánto trabajan los equipos legislativos, solo podrán ser entregados a los 10 miembros de la junta directiva. Se trata de una decisión que algunos jefes de bancada conocieron hasta esta semana y que no pocos legisladores consideran un atentado contra la transparencia en un sector estatal que depende del apoyo de los ciudadanos expresado en las urnas.
Hasta ahora esos informes han circulado de manera más o menos libre en el parlamento, pero a partir del reporte de abril, los directivos podrán hacer uso antojadizo de ellos y quien no quiera darlos a conocer los podrá guardar en virtud de que ahora se invistieron a sí mismos como dueños de la información. No faltan los muy dispuestos a defender la mordaza, argumentando una serie de supuestos inconvenientes en un tono tal que parecieran describir una peligrosa amenaza para la salud física o mental de la población. Otros, sin embargo, revelan que detrás de la decisión está la llana incomodidad de algunos legisladores al sentirse expuestos ante la opinión pública por lo que reflejan los números del trabajo de algunas de las 18 comisiones permanentes y las 5 especiales. El presidente de la junta directiva, Rubén Orellana, del PCN, pertenece a los primeros. Y es el primero que aparece suscribiendo el acuerdo. Su razón es que los reportes que prepara la unidad de Estadísticas eran “filtrados” y con ello se viola alguna ley. “Todos lo aprobamos porque personas ajenas a esto estaban filtrando información de manera ilegal”. Orellana no contestó por qué considera que la difusión de la información es ilegal. No hay ninguna normativa que especifique que el trabajo de los diputados es secreto o reservado.
Zoila Quijada, secretaria de la directiva por el FMLN, pide aclarar que el acuerdo no plantea que no se produzca el informe o que no se difunda, aunque advierte sobre él como si se tratara de una bomba a punto de estallar y, por lo tanto, como si en lugar de criticarles la censura hubiera que agradecerles el gesto. “Para algunos son herramientas de trabajo que no deberían ponerse en manos de la prensa sin un análisis previo del contenido”. La justificación general de los opositores a que los datos viajen de boca en boca o de mano en mano es que los números pueden ser sacados de contexto. Temen, por ejemplo, que el reporte indique que la primera semana de marzo refleje a secas que 13 de las 23 comisiones trabajaron cero horas porque no se reunieron. Es decir, una semana en que los legisladores que integran esas comisiones devengaron unos $1,100 cada uno sin reunirse a trabajar.
El informe mensual que quieren esconder los directivos cuenta los acuerdos, dictámenes, decretos y las horas de sesión de trabajo. El de marzo, por ejemplo, permite saber que en ese mes las 18 comisiones de trabajo permanentes y las 5 creadas para abordar temas especiales lograron siete acuerdos y que sólo una de las 23 -sólo una-, la comisión del Ambiente, logró establecer quórum las cuatro semanas que le corresponde sesionar al mes. Aunque el informe nunca fue del todo público, hasta marzo de este año circulaba entre un grupo de 20 diputados –los 10 miembros de la junta directiva y los 10 que conducen las bancadas legislativas- y de algunas de esas manos solían saltar hacia la prensa, que los divulgaba con alguna regularidad. El Faro averiguó que el detonante del acuerdo número 2933 fue una queja que surgió de la comisión ad hoc que estudia un nuevo código procesal civil. Su objeción era a un recuadro publicado en una nota de La Prensa Gráfica del 25 de marzo. La nota se titula “Campaña ya afecta trabajo legislativo” y el recuadro que disgustó a los miembros de la comisión les imputa “desgano” laboral. Ese martes, el presidente de la comisión ad hoc, el arenero Guillermo Ávila Qüehl, leyó la nota que le disgustó. Minutos más tarde le expuso su malestar a Rolando Alvarenga, vicepresidente de la directiva, también de Arena, quien posteriormente llevó el tema a la reunión de los directivos. Ahí recibió el respaldo necesario. Con seis de 10 firmas posibles, el acuerdo se cocinó el miércoles 9 de abril. Por el PCN firmó el presidente Rubén Orellana. Por el FMLN el vicepresidente Francisco Roberto Lorenzana, la secretaria Zoila Quijada y el secretario Gerson Martínez. De Arena estuvieron de acuerdo Alvarenga y el secretario Roberto d´Aubuisson.
Qüehl admite que su queja, o la queja de la comisión que dirige, fue el origen del acuerdo mordaza. Argumenta que la publicación de ese 25 de marzo no estaba contextualizada adecuadamente y por eso no reflejaba el trabajo que han hecho, pues los acusaba de “desgano” y no informaba al público que de los 721 artículos del anteproyecto de ley “ya tenemos aprobados 603”. “Lógicamente no vamos a dar un resultado de inmediato, la comisión aparece como que no produce nada. Pero hemos tenido como 26 reuniones y ahorita –a raíz de esa publicación- hicimos una conferencia de prensa.” El acuerdo quedó redactado así: “A partir del mes de abril del corriente año, los reportes mensuales estadísticos del trabajo de las comisiones legislativas se entregarán únicamente a los miembros de junta directiva. Comuníquese”.
Y se comunicó. D´Aubuisson firmó la circular que con fecha 10 de abril informaba a jefes de bancada y algunos empleados administrativos sobre la decisión. El directivo arenero alega que la información sobre el trabajo de las comisiones solo le es útil a la directiva. “Sólo sirve para insumo interno para catalogar si vale la pena pedir almuerzos si una comisión no se está reuniendo constantemente”. Según dice, mucho del trabajo legislativo y los acuerdos se amarran en reuniones bilaterales, lo que iría en contra del espíritu de trabajar en comisiones para transparentar la labor a la vista de todos los partidos. “Que no se refleje en el trabajo de una comisión, no significa que no se trabaje”, dice. Rolando Alvarenga acepta que tomaron ese acuerdo a partir de la publicación, pero asegura que eso no significa que ese documento sea de carácter privado. “Es administrativo”, dice. Y eso no le quita el sello de prohibido, porque cuando se le preguntó si la directiva entregaría un informe mensual si un periodista lo pidiera, su respuesta fue que eso aún no lo discuten los directivos. Coincide con Qüehl en el injusto retrato de la comisión ad hoc como haragana, cuando ya llevaban más de 500 artículos consensuados. “Es como que a ustedes (los periodistas) les tomaran una foto en el momento en que están tomando una siesta y luego saliera que eso hacen mientras se desarrolla la plenaria”.
La interpretación del acuerdo aún no queda clara, pues otros directivos dicen que si los medios piden la información, se les dará. Lorenzana, del FMLN, dice que los reportes pueden seguirse difundiendo como antes y dice haber firmado sólo para que la directiva se hiciera responsable de los datos, aunque no explica la utilidad que eso tendría para nadie. “La decisión se tomó para que la junta administrara esa información”. Orellana deja más clara la intención, pues argumenta que hay mecanismos administrativos para llegar a la información de la sección de Estadísticas. No obstante, según dijo, por ahora “la decisión de entregar esos datos solo estará en manos de la junta.” Aunque Orellana asegura que todos los directivos estuvieron de acuerdo, en el documento solo aparecen seis firmas. No está, por ejemplo, la de su compañero de partido José Almendáriz, secretario, y éste no quiere que esté. “No estoy de acuerdo porque esa es información pública y la gente tiene derecho a saber quién trabaja más y quién menos.”
El acuerdo 2933 carece además de las rúbricas del secretario Enrique Valdés, de Arena, del secretario pecenista Rafael Machuca y del vicepresidente Rodolfo Parker, del PDC. Lo que se avecina puede ser un pulso entre los directivos que optan por ocultar la información y los que están dispuestos a aceptar la vigilancia de los periodistas, aún con el riesgo de que cometan errores en las publicaciones. Valdés se pronuncia en contra del acuerdo, aunque no da un paso más. “Yo siempre he creído que todo debe ser del conocimiento de la prensa”. Este diputado evitó valorar más la decisión porque dijo que no había estado en esa sesión de junta directiva. Almendáriz, en cambio, anuncia que iniciará una lucha: “Voy a pedir que se revierta ese acuerdo.” Fuera de la directiva parece haber voces mayoritarias contra la maniobra de silenciar. Diputados de CD (que no tiene representantes en la directiva), PCN, PDC, FMLN y Arena se manifiestan inconformes. El argumento del pedecista Rolando Herrarte, jefe de la bancada, es que no se puede privar de información a la gente: “El pueblo nos eligió, y si los medios informan al pueblo, ¿por qué ocultar eso?” El jefe de la fracción efemelenista en funciones, Humberto Centeno, dijo conocer el texto y se manifestó en contra de la restricción informativa. “Eso lo planteamos a la junta, que esto no significa que estos documentos son de carácter privado. Toda la legislación, todo lo que se apruebe en el pleno y las comisiones es público, por lo tanto, este acuerdo no debe coartar la libertad que deben tener los representantes y trabajadores de los medios de comunicación”. Estos intentos por impedir que la información fluya hacia la gente no son nuevos. En 2003, una vez que FMLN y PCN se repartieron la junta directiva, un acuerdo prohibió expresamente a los empleados facilitar información o documentos a los periodistas sin el consentimiento de los directivos. Este año, la nota que originó la mordaza consignaba algunos juicios del diputado arenero Renato Pérez, quien como presidente de la comisión de Defensa ya advertía de cómo la campaña electoral estaba erosionando el trabajo legislativo. El jueves 17, cuando los diputados pecenistas salieron en desbandada hacia la quinta en Panchimalco, parecía reflejar a cabalidad la queja de Pérez, porque un grupo de legisladores prefirió sacrificar el trabajo meramente legislativo por el partidario electoral. Y en contraste con las voces críticas, D´Aubuisson no acepta diagnósticos con algún grado de independencia sobre el trabajo que hace la Asamblea. Defiende la decisión con el argumento de que la rendición de cuentas la dará cada partido cuando hable de lo que prometió y de lo que cumplió. Según dice, la subjetividad de los números de la sección de Estadísticas debe complementarse con contenidos cualitativos. “La Junta Directiva ha encargado que se elabore otro tipo de informe mejor trabajado y que incorpore criterios cualitativos y no solo cuantitativos del trabajo de las comisiones”. E incluso ese informe, hecho a la medida y al gusto de la directiva, se daría solo a esta. Comentarios de nuestros lectores
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