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Neumonía, el reflejo de la salud salvadoreña

El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MISPAS) asegura que se está frente a una “comportamiento normal” de la enfermedad y que la solución debe ser “integral”, algo que se sale de la capacidad económica y funcional de la institución.

Rodrigo Baires Quezada
cartas@elfaro.net
Publicada el 13 de agosto de 2007 - El Faro

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El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MISPAS) mantendrá durante esta semana la alerta amarilla por neumonía a nivel nacional. Hasta el martes 7 de agosto, 286 personas –entre ellos 70 niños menores de un año- han muerto por neumonía en el país.

Ese día, el Ministerio registraba 30 mil 735 casos de neumonía, un aumento del 10.6 por ciento comparado con los 27 mil 797 casos detectados durante el mismo período en 2006 y ocho muertes más por este enfermedad que en 2006; pero, según dijo el viceministro, la enfermedad tiende a “estabilizarse”.

A mediados de julio, con 252 fallecimientos, el MISPAS decretó el estado de alerta verde en todo el país y un estado de alerta amarillo en seis hospitales generales. Para entonces, el Ministerio regsitraba más de 23 mil casos, con un promedio de 340 consultas diarias por esta enfermedad. El 1 de agosto, se amplió la alerta amarilla a todo el país por la cantidad de casos registrados y previniendo que los casos se complicaran durante las Fiestas Agostinas de San Salvador.

“Los casos siguen un clara tendencia a una mesesta”, dice el viceministro de Salud, Ernesto Navarro, y agrega que para esta semana se espera atender una cantidad de casos similar:  dos mil 116.  “Hay una tendencia franca a mantener las cifras”, sentencia Navarro, aunque advierte que “la alerta amarilla seguirá por lo menos las próximas dos semanas”,

“Es una enfermedad ciclica”, explica el Ministro de Salud Pública, Guillermo Maza. “Lo normal es que cada dos años tenemos elevaciones en los casos por la cantidad de personas vulnerables, niños menores de dos años. Esa es la explicación epidemiológica de por qué tenemos estas elevaciones, como pasó en el 2003, 2005 y 2007.”

Tras dispararse los casos en 2003 (87 mil 514 casos), el MISPAS registra caídas en la cantidad de personas que padecieron la enfermedad en 2004 y 2006, con 48 mil 53 y 46 mil 599 casos, respectivamente; y un aumento a 52 mil en 2005. "Siguiendo este comportamiento esperábamos que los casos se elevaran un poco para este año", resume Maza.

La epidemia de 2003

Según Navarro, ese aumento de casos habría llegado a su máxima expresión en estas semanas y luego tendería a bajar si se siguen las recomendaciones. “Se tienen que evitar los sitios donde hay hacinamiento, mucha acumulación de personas. Tratar de arropar a sus niños cuando hay mucho viento y tratar de evitar de sacarlo cuando cae lluvia y cambios de temperatura bruscos”, recomienda  el viceministro.  

Por ello, las autoridades de Salud Pública se han desmarcado de las críticas que han recibido  desde los medios de comunicación frente a una “posible epidemia de neumonía” para este año. “Estamos ante algo totalmente diferente a lo que pasó en 2003, cuando sí tuvimos una epidemia”, explica Maza, quien observa las gráficas de casos atendidos semanalmente desde 2003 a la fecha y asegura que el comportamiento de la enfermedad ha cambiado a partir de 2004.

El 1 de agosto de 2003, el gobierno decretó alerta roja por una epidemia de neumonía. Dos días después, la Dirección de Control y Vigilancia Epidemiológica del MISPAS informaba las estadísticas: 56 mil 847 casos acumulados de neumonía y 312 defunciones asociadas. Sólo en esa última semana se detectaron seis mil 453 casos, para un promedio de 921 casos diarios.

La alerta roja permitió la compra de medicamentos y la contratación de más médicos, así como la colaboración de estudiates de medicina para brindar asistencia respiratoria en diferentes hospitales. Hasta entonces, los 30 hospitales de la red pública de salud habían atendido a más de 21 mil casos de hospitalización. 

El problema llegó a la Asamblea Legislativa, que decretó dos días después el Estado de Calamidad  Pública por 30 días para facilitar al Ejecutivo la concesión de fondos extraordinarios al MISPAS y frenar la epidemia. Adicionalmente, la epidemia también encontró la renuncia del entonces ministro de Salud, José Francisco López Beltrán, quien fue sustituido por el entonces viceministro Herbert Betancourt.

Según autoridades médicas, el país reunía todas las condiciones para que la neumonía afectara a sus habitantes: alta contaminación ambiental, que favorecía enfermedades alérgicas y respiratorias, y la alta virulencia de la cepa de la gripe de ese año.

Entre las líneas de colores, Maza fija ahora la mirada en el repunte de casos de hace cuatro años y encuentra una explicación: “Creemos que esta cantidad elevada eran casos de neumonías secundarias al virus de influenza –para el cual se empezó una campaña nacional de vacunación en 2004-. Y si ve las gráficas vamos para abajo y, a menos que algo inusual pase, se va a seguir bajando.”

Sin embargo, Maza asegura que la posibilidad de detener los 49 mil casos promedio que ha habido en los últimos tres años se sale del control y supera los recursos de su ministerio. “Esto, creo yo, no se puede evitar por más medidas que se toman”, dice y hace hincapié en que el ambiente contaminado, la falta de un tratamiento adecuado de desperdicios, agua potable y la carencia de viviendas adecuadas, por mencionar algunas características, aumentan los riesgos. “Por supuesto, en aquellos países donde tenemos tenemos todos estos problemas hay más posibilidades de que se adquiera esta enfermedad”.

Betancourt suma otros elementos: “Hablamos de un problema estructural que tiene que ver con otras instituciones y con factores culturales y actitudinales de los salvadoreños. Esa es la única manera de reducir no sólo la neumonía, sino también el dengue, la diarrea y otro montón de enfermedades”. Entre ellos menciona la poca higiene personal –“sólo con lavarse las manos reducimos en un 50 por ciento los problemas gastrointestinales”, asegura- y la lactancia materna.

Los costos
“La verdadera enfermedad es la pobreza; y mientras ésta no sea de alguna manera reducida, seguiremos teniendo enfermedades. Por más medidas que tomemos, si no vamos a la raíz del problema, los resultados que vamos a tener serán pobres”, dice Betancourt.

Pobreza que también recae en la partida presupuestaria que recibe el ministerio.

Para cuando se decretó la alerta amarilla parcial, el 41 por ciento de las camas existentes en el sistema hospitalario público estaban siendo utilizadas por parcientes con neumonía. El martes, esto no había cambiado y los hospitales de San Bartolo y Santa Anamantenían sus áreas de pediatría sobresaturadas.

Según explicó Maza, la cantidad de hospitalizaciones se ha disparado por la decisión de dejar en observación a todo paciente que viva a más de dos horas de un centro de asistencia médica. “Queremos evitar las complicaciones y que la enfermedad se propague entre familiares”.

La medida choca de frente con la disponibilidad financiera del ministerio, que año con año se sigue atando a las promesas de refuerzos presupuestarios desde la presidencia para terminar el ejercicio. Una consulta normal tiene un costo de 12 dólares promedio más los costos de medicamentos. Así, con 30 mil 988 casos de neumonía registrados, se requieren unos 371 mil 856 dólares.

Además, mantener una persona en observación por neumonía sumaría entre 350 y 450 dólares más. “Y no hablamos de una persona en cuidados intensivos”, dice Maza, quien también destaca que los costos sociales de la enfermedad llegarían a cifras de seis ceros.

De acuerdo a Maza, el presupuesto otorgado para el MISPAS –que ha aumentado en casi 100 millones en los últimos cinco años- no alcanza para asegurar la asistencia médica a la totalidad de casos de neumonía. Con 324 millones disponibles para este año, Maza asegura que el gasto per capita del Ministerio no pasa de los 45 dólares anuales. “¿Si quisiéramos más dinero para salud?, claro que lo quisiéramos pero hay que ser concientes de la realidad económica del país”, dice.

Para Betancourt el problema es que el presupuesto destinado para salud no es “un instrumento de desarrollo, sino una forma de paliar algunas necesidades. Se basa en un techo que da Hacienda y no en las necesidades que tiene el Ministerio”.

Este techo para 2008 ronda los 356 millones de dólares. El aumento, según dijo Maza, servirá en su mayoría para pagar salarios de nuevas plazas, aumentos en el escalafón y los aguinaldos. “El presidente Antonio Saca ya dijo que nos darán los refuerzos presupuestarios que sean necesarios”, asegura el ministro. “No es una discusión que esté cerrada. Puede ser un poco más.”

Betancourt explica que bajo su gestión como ministro, en los últimos años del presidente Francisco Flores, calculó que para hacer “algo por la salud” se tendría que aumentar el presupuesto del ministerio hasta llegar a los 480 millones de dólares, incluyendo la compra de insumos y gastos de inversión en infraestructura. “Era una carta al niño Dios donde estaba todo lo que queríamos… al final nos dijeron que no”.

Por ello, Betancourt es crítico ante el trabajo que realiza el ministerio. “¿Puede el MISPAS garantizar el derecho de la salud pública?”, pregunta y responde con un determinante “no”. “¿Puede el MISPAS garantizar la asistencia médica y hospitalaria ante las enfermedad que tenemos en el país?... tampoco. Con este presupuesto no puede con todos los casos de neumonías… ni con los de dengue, los de diarreas y de infecciones respiratorias agudas”.

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