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La huída y captura del más buscado

Se arrastró por las cloacas, cortó un manojo de monte de medio metro para su “cabra” y se lo llevó con la única pretensión de utilizarlo de disfraz. Pero despertó sospechas en un oficial, al que se negaba a mostrarle el rostro enjuagándoselo con agua, mientras hablaba como retrasado mental.

Daniel Valencia y Alexis Henríquez / Fotos: Juan Carlos Recinos
cartas@elfaro.net
Publicada el 09 de julio de 2007 - El Faro

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Los “famosos” túneles de la UES son, en realidad, un entramado de tuberías de aguas negras y aguas lluvias por las que un hombre agachado puede pasar.

Hay un manojo de monte colgado sobre el muro de la colonia San Luis frente al Hospital Militar. Los que saben quién lo dejó ahí, toman un poco de monte como recuerdo. Otros se toman una fotografía para tener evidencia de que estuvieron en ese lugar donde la persecución del hombre más buscado en El Salvador, sin querer, terminó.

El monte lo dejó el lunes 2 de julio un hombre con aspecto de indigente que caminaba a paso lento y tambaleaba por las aceras del bulevar universitario. Con su mano derecha sostenía un fajo de maleza que le servía para taparse la cara. Con su mano izquierda se empinaba una botella de agua. Iba descalzo, con los pies llenos de lodo seco; llevaba puesta una camisa mugrienta y una calzoneta igual de sucia y seca.

En la esquina de la avenida 1 y el bulevar de la residencial San Luis, dos taxistas tomaban un café. Sentados sobre una banca de cemento, frente a un comedor de la zona, observaban cómo la ciudad despertaba. Cuando vieron al “loco” comenzaron a bromear, y comentaron que en la zona “abunda este tipo de gente”.

Uno de los taxistas recuerda: “Iba caminando despacio cuando apareció el carro patrulla del 911. Él no se detuvo y siguió avanzando. De la patrulla se bajó un policía y le gritó para que se detuviera. El baboso tuvo que detenerse”.

El supuesto mendigo interpretaba bien su papel. Balbuceaba y, cabeza agachada, evitaba mostrarle el rostro al oficial. “¿Cómo te llamas?”, cuestionaba el agente. El sujeto no respondía. Tenía apoyada su frente sobre el muro que protege la residencial San Luis. Aún tenía la maleza sobre el hombro derecho. Se echaba agua en las manos y se levaba la cara, con tal destreza que el oficial no le miraba el rostro. “Después de unos minutos, cuando el policía le preguntaba que para qué andaba el monte ese, el sólo respondió que era para unas cabras que tenía en la casa. Ja,ja,ja…”, añade entre risas el segundo taxista.

La versión oficial de la captura de José Mario Belloso Castillo, según la Policía Nacional Civil (PNC), cuenta que tres agentes del servicio de emergencias 911  interceptaron al sospechoso a las 6:30 de la mañana. Belloso no opuso resistencia. Los policías lo identificaron de inmediato. “Confirmado, el sujeto es José Mario Belloso Castillo”, dijo horas más tarde el ministro de Seguridad, René Figueroa.

La versión de los taxistas, sin embargo, muestra a unos policías que incluso pensaron en dejar en paz al mendigo que se encontraron. “No crea que sabían que era él. No. Los otros dos policías, que no se bajaron, le gritaban al que se bajó que lo dejara en paz, que sólo era un mendigo”, señala el segundo taxista.

El carro patrulla se parqueó y los otros dos policías se bajaron. A los tres, Belloso les seguía negando el rostro. El monte, la apariencia de mendigo que ya ningún policía se la tragaba, pues la suciedad no aparentaba ser vieja; más el hecho de que el día anterior un amplio operativo se había realizado a más de dos kilómetros, encendió la alerta en los oficiales.

Minutos más tarde, una segunda patrulla llegó, pero los oficiales tampoco lo identificaron. “Uno de los policías le ofrecía una cora para que el baboso les diera la cara, pero no era bruto. No lo aceptaba”, añade el otro taxista. Nadie lo arrestaba ni lo obligaba a mostrar la cara.

Una tercera patrulla llegó al lugar, antes de que se fuera la segunda, y tampoco capturó a Belloso. “No lo identificaban. Fue hasta que vino una cuarta patrulla y uno de los oficiales se bajó con un periódico que tenía una foto de Belloso. Hasta ahí comprobaron que era él”, dice el segundo taxista.

El subinspector Mauricio Morales asegura que él llegó en la última patrulla, antes de que Belloso fuera capturado. “Mis compañeros ya lo tenían aprehendido. Nosotros llegamos para corroborar su identidad”, dijo el lunes por la mañana, después de que Belloso fuera presentado a los medios, en la sede de la ex División de Investigación Criminal en San Salvador.

El escape

Si la policía le hubiera hecho caso a los fotoperiodistas y camarógrafos que pedían a gritos un José Mario Belloso sin camisa, en las fotos y en las tomas de video de los medios de comunicación habría aparecido el abdomen lacerado del ex prófugo #1 de El Salvador.

Pero el pasado lunes 2, casi cuatro horas después de ser capturado, los rayones en el estómago de Belloso pasaron desapercibidos. A lo mejor porque para verlos había que hacer un esfuerzo para localizarlos a través del único orificio de la camisa rota y mugrienta que traía puesta.

El zacate que Mario Belloso llevaba en la cabeza en el momento de su arresto se encontraba todavía la semana pasada en la intersección del bulevar universitario con la avenida 1 de la residencial San Luis.

Las cicatrices daban fe de la espectacular huída que Belloso hizo la noche anterior. “Como lagartija”, dijo el director de la PNC, Rodrigo Ávila, “se fue como lagartija y no lo alcanzamos”. Belloso había abierto un túnel en su casa que conectaba con el alcantarillado de aguas lluvias. Un grupo del GRP lo intentó seguir pero no le dieron alcance.

“Los policías, cuando iban detrás de él, lo lograron detectar como a un kilómetro de aquí. (Lo perseguían) como si fuera Pacman. Si metimos medio GRP detrás de él. Y un baboso gordo del GRP se quedó trabado ahí”, relató Ávila.

Era entonces domingo. Llovía en San Salvador. A los esfuerzos por encontrar a Belloso se sumó el ejército, quienes acompañados de policías recorrieron las quebradas aledañas a la casa de Belloso. A la búsqueda se unió el helicóptero de la policía que alumbraba desde el cielo la exploración. Pero todo fue en vano.

Una serie de tuberías solo conducían a un punto: a una de las tres quebradas que forman el río San Antonio, a la altura de la avenida José Matías Delgado, en la zona conocida como “El Tobogán”. La primera de las quebradas está a cinco cuadras de la casa de Belloso. El recorrido por el desagüe sería largo y culminaría, según García Funes, en la quebrada ubicada la norponiente de la Universidad de El Salvador. La noche del domingo, este oficial señalaba que Belloso pudo haber ingresado al campus universitario.

“Las alcantarillas son túneles normales. Quien los conoce los utiliza a su conveniencia. Hace un par de días estuve hablando con una persona que dice que hace 35 años él vivía por esa zona y él jugaba en esas alcantarillas y salía por la Universidad de El Salvador. Durante la época del conflicto, esas alcantarillas fueron utilizadas por los guerrilleros para entrar y salir de la universidad”, añadió Ávila el 5 de julio, un año después de los disturbios en los que cayeron muertos dos agentes de la policía y otros diez heridos. Estos hechos son los que se le imputan a Belloso, y lo que lo llevó, desde entonces, a ocupar el primer lugar en la lista de los salvadoreños más buscados.

Pero miembros de la Brigada Revolucionaria de Estudiantes Salvadoreños (BRES) y de las Fuerzas de Acción Universitaria (FAU, organización apéndice del Bloque Popular Juvenil); ambas con sedes dentro de la universidad, consideran que lo de las alcantarillas es solo un mito “al que se la ha dado demasiada fuerza”.

Hace un año, el 5 de julio, la policía señaló que Belloso y la gente que participó en los disturbios frente a la UES pudieron haber “escapado” del recinto a través de estas alcantarillas.

“Pero lo más lógico es que haya salido por cualquiera de las entradas de la universidad luego de la balacera. La de Derecho, Economía… Si la Universidad no fue sitiada sino muchos minutos después de los disturbios”, dice un joven miembro de la BRES.

Dentro del campus, el único conducto de cañerías que podría ser utilizado para salir de la universidad –para aparecer en la quebrada- está ubicado frente a la Facultad de Agronomía. Este sistema de alcantarillado está sellado por una reja de hierro gruesa. Trabajadores de mantenimiento de la Universidad aseguran que esos conductos llevan el agua lluvia de las canaletas hacia la quebrada.

En el norponiente del campus, atrás de la facultad de ingeniería –y contiguo al polideportivo de la universidad- está el desagüe de esas tuberías. Para salir de la universidad por esa ruta, es más fácil caminar por el campus, atravesar los edificios de ingeniería y bajar por la quebrada hasta el río.

“Si hubiese ocupado ese lugar de fuga hace un año, le era más fácil salir caminado que estarse metiendo por tuberías. Sólo se saltaba la malla para llegar a la calle o bajarse por la barranca”, dice otro estudiante. De haber ingresado a la universidad el pasado domingo, como presume García Funes, este era el lugar más indicado.

La mala decisión

El último punto en el que Belloso fue “visibilizado” el domingo por la noche fue en al quebrada que está atrás de la universidad. Si Belloso permaneció escondido en ese lugar, esperando que amaneciera, tuvo que haber recorrido unas cinco cuadras, entre bóvedas y espacios al aire libre –de la quebrada-, hasta llegar a la bóveda ubicada bajo la avenida José Matías Delgado.

Dada la ubicación de su captura y de testigos que vieron deambular a un mendigo algo extraño por la zona, esa pudo ser su primer lugar de salida el lunes. Antes no, pues el accidente geográfico –lleno de pendientes- y las casas marginales alrededor del río podrían habérselo impedido. El domingo, la Policía ya lo había buscado en esa zona, sin éxito.

La maleza que crece en la quebrada que está detrás de la universidad es muy similar a la que utilizó Belloso para intentar ocultar su identidad. De ese mismo tipo de zacate hay en las vaguadas y pendientes a la orilla de toda la quebrada, hasta llegar a la bóveda de la avenida José Matías Delgado. Esta arteria conecta con el semáforo que separa la avenida Izalco y el bulevar universitario.

Para llegar a este punto, que fue el que Belloso utilizó para caminar rumbo a la avenida 1, hay varios trayectos. El primero es tomando la avenida Aguilares, que de la universidad atraviesa el colegio Ricaldone y empalma siempre con la Matías Delgado. El segundo es tomando la calle de la entrada de la zona de apartamentos conocida como  “El pañuelo”, que también desemboca en la Matías Delgado. El último es tomando la avenida Don Bosco, el trayecto más largo, que rodea tres entradas de la universidad –ingeniería, economía y derecho- hasta tomar el bulevar universitario. En vehículo, a una velocidad de 20 kilómetros por hora, el trayecto –de todas las rutas- desde la quebrada en donde la policía vio por última vez a Belloso, dura cinco minutos aproximadamente.

Belloso, el hombre que escapó como lagartija y se escabulló entre tuberías y quebradas, tomó al menos uno de estos caminos para aparecer en el semáforo de la Izalco y el bulevar Universitario. Ahí, un taxista decidió cederle el paso. Belloso cambió de acera. Luego, al caminar tres cuadras al norte, fue detenido por un agente que ignoró las peticiones de sus compañeros, que le pedían dejar en paz al mendigo. “Hay que reconocer que sin la necedad del primer policía de la primera patrulla se les hubiera ido. ‘¡Déjalo ir!’, le gritaban sus compañeros al principio”, repite el primer taxista.

A las 6:40 de la mañana - 30 minutos después de que la primera patrulla detuviera al supuesto indigente, según la versión de los taxistas –, y más de 10 horas después de una persecución por aire y tierra, en un perímetro de 4 kilómetros, con participación de entre 60 y 70 elementos de fuerzas especiales de la policía y Fuerza Armada, Belloso fue esposado.

“Patrullábamos por casualidad el sector. Teníamos conocimiento (de) que este sujeto… que habían hecho el operativo en la noche y que se les había escapado a las unidades especializadas de la policía. Cuando nos desplazábamos por el bulevar Universitario y avenida 1, alguien nos dijo que andaba un sujeto parecido a Mario Belloso, por lo que comenzamos a rastrear el lugar”, dice uno de los tres agentes, quien pide el anonimato pero se adjudica ser el captor principal de José Mario Belloso.

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