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El día de la “prueba”

El Ministerio de Salud estima que superó con creces las expectativas del I Día Nacional para la Prueba del VIH, aún cuando no ha dado a conocer las cifras oficiales. La asistencia masiva en algunos centros de salud permite ver un cambio de mentalidad en la población que venció el miedo social a la prueba.

Rodrigo Baires Quezada *
cartas@elfaro.net
Publicada el 02 de julio de 2007 - El Faro

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Miércoles 27 de junio. 7:05 a.m. y la fila no camina. Los técnicos del laboratorio del Ministerio de Salud y Asistencia Social (MISPAS) en la Unidad de Salud de Zacamil, en Mejicanos, apuran el paso para colocar sobre las mesas de plástico la cesta con tubos de ensayo, las jeringas, las bolas de algodón empapadas de alcohol y los formularios para la prueba del VIH.

El retraso no importaría si no fuera porque las cámaras de televisión y de los fotógrafos de diferentes medios de comunicación, convocados para el lanzamiento oficial del Día Nacional para la Prueba del VIH en El Salvador, no se fijaran en los rostros de las personas que esperan. Minutos antes, la gente se mantenía en silencio; la mirada fija en un tríptico que invita a no tener relaciones sexuales, en el suelo o en algún rincón lejano de la unidad de salud; como esperando pasar desapercibidos.

“Dijeron que era un examen confidencial”, reclama Ana, una joven espigada de 17 años que ve un problema “tremendo”: cómo explicarle a su madre que ella, quien le ha jurado que llegará virgen al matrimonio, fue a hacerse la prueba del VIH y –“para colmo”, dice- sale en el noticiero del mediodía. Ana esconde su rostro tras su mano derecha y se marcha sin hacerse la prueba. “Quizás más tarde no haya tanta gente”, se despide y camina rápido, zigzagueando entre periodistas, funcionarios e invitados especiales, hacia la salida.

Afuera, en la calle, un grupo de jóvenes pasa de largo de la Unidad de Salud. El rótulo de “Hazte la prueba” no les llama la atención. “Esa babosada sólo le da a los culeros…”, “Yo me cuido…”, “Yo estoy sano, ni gripe me da…”, dicen entre risas. Unos minutos de conversación bastan para que confiesen la verdadera razón de no hacerse la prueba: “¿Y si me dicen que soy sidoso? ¿Qué hago?, morirme solo, porque a nadie le va a importar… vale verga, no conviene ese volado. Mejor me quedo ignorante… no gracias”, dice Rafael, el más pequeño del grupo, que dibuja una mueca y con sus manos hace un ademán de despedida.

“El principal problema para controlar el SIDA es el miedo. Más que a la muerte misma, es el temor al qué dirán de ti si se sabe que estás contagiado”, dice Odir Miranda, director ejecutivo de la Fundación Atlacatl Vivo Positivo, organización que trabaja en pro de personas afectadas con la enfermedad. “Miedo, temor y dejadez… falta de conciencia de muchos”.

Carlos Balcáceres, coordinador de la actividad, está a pocos pasos de Miranda dando declaraciones a los medios de comunicación y hablando de los alcances de los programas preventivos contra el VIH y el SIDA: “Se han dado grandes pasos en concienciar a la población. La creación del día nacional de la prueba del VIH es un ejemplo del trabajo que se está realizando. Buscamos realizar 40 mil exámenes, el doble de lo que se hace mensualmente”.

Desde 1984, cuando fue registrado el primer caso de VIH/SIDA en el país, el MISPAS contabiliza 18 mil 284 personas infectadas. La cifra aumentaría a 30 mil casos al sumar el sub registro calculado por el gobierno y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de personas que desconocen ser portadoras. “Esa gente es el problema… es la gente que está contagiando a más personas y a la que queremos llegar con este tipo de programas”, dice Balcáceres.

Según datos del MISPAS, en 2005 se realizaron 200 mil pruebas. Un año después  aumentaron a 230 mil. Para este año, Salud Pública espera superar esas cifras.
“Se trabaja en ambos aspectos: prevención y detección de portadores”, dice Balcáceres. “Detectar la presencia del VIH tempranamente permite dar una atención médica adecuada, eso hace posible alargar la esperanza de vida de una persona contagiada, además de ayudar a no aumentar los casos de contagio”.

Frente a Balcáceres, la fila sigue creciendo. A las 8:00 a.m. ya se contabilizan más de 30 personas en espera y otros 20 ya se han hecho la prueba. Para entonces los reportes de asistencia de la Unidad Móvil dispuesta en el centro comercial Plaza Mundo y en otras Unidades de Salud y clínicas del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) son halagadores.

El miedo

Raúl mira la cola de personas a la distancia. A las 7:30 a.m., cuando llegó a relevar al vigilante de turno en la Unidad de Salud de San Miguelito, ya había media docena de personas haciendo fila. “No parece que camina pero es que toda la mañana ha venido gente a hacerse el examen”, comenta y mira su reloj. “Y apenas son las 9:30 a.m.”, sentencia.

El entusiasmo de los asistentes a la prueba no lo contagia. Raúl hizo sus propias cuentas hace ratos: a los 17 años se acompañó y ahora, con 55 años y seis hijos hombres, dice tener “la conciencia tranquila porque no he sido tan corrupto con esos volados”. De inmediato matiza sus palabras por temor a que sean mal interpretadas. “Me gustan las mujeres… no vaya a creer que soy de esos”, resume y ríe. “Yo me hecho mis cervezas y me gusta ver a las mujeres… pero nada de irme con ellas. Bueno, ni en los 17 años que trabajé en un motel me metí con una de las clientes… porque eso de que las enfermedades siempre estaban ahí”.

“Eso sí, los jóvenes tienen que hacérsela porque ahora ya ni se atina… como se van con una mujer fácil, se van con una ‘loca’ (homosexual)… como que la cosa es meterla nada más”, dice el vigilante. Frente a él, una pareja de homosexuales guarda silencio absoluto.

Minutos atrás, ante la presencia de algunos periodistas, un grupo de jóvenes lanzó un grito: “¡Vayan a hablar con la ‘rubia’!, esa ha de ser experta en esto de la prueba del VIH”. “Carla” no se inmuta con el comentario, arregla su pelo platinado y mira fijamente a través de sus lentes de contacto azules: “Preferiría no hablar”, dice a manera de disculpa, cruza una mirada y aprieta con fuerza la mano a su compañero. “No, gracias”, responde él.

“Hay abstinencia de la comunidad homosexual a la prueba del VIH/SIDA por miedo al rechazo, por burla  o por que han sufrido malas experiencias”, reconoce Joaquín Cáceres, coordinador del Programa de Educación y técnico consejero en el tema de la Fundación Entre Amigos, donde más de 75 personas gay y lesbianas se hicieron la prueba.

No son los únicos que sienten temor a que alguien se entere de que asistió a hacerse la prueba. “No me tome fotos”, dice una joven a un fotógrafo de Diario El Mundo. La solicitud llega acompañada de una súplica: “Por favor… Si se dan cuenta en la oficina voy a ser la comidilla durante todo el mes”.

Para beneplácito de los organizadores, muchos vencieron el miedo y coparon los 105 centros de salud, entre unidades médicas del ISSS, hospitales públicos o los centros comerciales donde estaban las dos unidades móviles del MISPAS. Aún sin datos oficiales,  la campaña de “Hazte la prueba” superó las expectativas. El  material –pruebas, papelería e insumos de laboratorio-  se acabó en varios centros.

“Esto tiene que ser una conciencia de país”, recalca Miranda. “La comunidad homosexual es conciente de la necesidad de hacerse el examen, aunque no es el grupo con mayor incidencia de contagio”. Tradicionalmente, el SIDA se vinculó con los homosexuales y prostitutas, por sus prácticas sexuales. A ellos se suman los drogadictos, en peligro de contagio por el uso común de jeringas infectadas.

“En la actualidad, esto ha cambiado y el grupo de mayor riesgo son las personas que no practican responsablemente sus relaciones sexuales, que mantienen relaciones sexuales sin protección o con parejas múltiples”, dice Miranda. Las estadísticas en El Salvador apuntan a que un 70 por ciento de personas infectadas son hombres heterosexuales con edades entre los 18 y los 40 años.

Franklin se apoya en la pared. La espera se le hizo larga. Un día atrás, un compañero le sacó la promesa de que lo acompañaría a hacerse el examen. “Se ahuevaba de venir solo… Yo ni quería pero igual me vine”, cuenta. Su compañero nunca llegó y él dejó de esperarlo media hora atrás. “¿Miedo? No… para nada pero igual no deja de ser hostigue porque como se tarda tanto la cola uno se pone a pensar en todo lo que ha hecho, en que si la fulana o la otra podían tener algo… y es que es jodido que te digan que tenés algo… porque… pues sí… usted sabe… si es así te jodés para toda la vida”, dice.

“Queremos llegar a los jóvenes, a los hombres”, repite Balcáceres. Pero en la práctica, la mayoría de personas que se realizan la prueba en El Salvador son mujeres que han planificado quedar embarazadas o en período de gestación. Eso garantiza que sólo entre un 10 y un 15 por ciento de las personas que inician el proceso para hacerse el examen -charla previa y toma de muestra- no lo completan o no regresan por los resultados.

La prueba rápida, que garantiza el resultado en un promedio de 30 minutos, hace las cosas más fáciles para muchos. “Cuando uno sabe en lo que anda, lo que ha hecho, se le meten un montón de cosas en la cabeza. Entonces decidirse a venir es más yuca… y luego uno se queda ‘capiando’ porque salga negativo (no reactivo) un par de días… eso es lo verdaderamente yuca”, reflexiona Juan Carlos, quien a sus 30 años decidió hacerse la prueba por primera vez.

Francisco, a sus 19, hizo lo mismo. “Me metí con una chava que tiene fama de loca como hace cinco meses… me había echado algunas… un par de cervezas… Yo creo que no, pero igual, hay que hacerle huevos a la prueba”, dice y repasa un folleto preventivo del Consejo Nacional del SIDA (CONASIDA). Hora y media después, Francisco celebra. “Nada de nada ‘men’… dice que no tengo nada viejo”, dice a quien va encontrando a su paso entre el grupo de gente que espera hacerse la prueba en la Unidad de Salud Gerardo Barrios. Y muestra una enorme sonrisa de alivio.

(*) Con reportes de Yesica Escalante

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