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Entrevista a Ricardo Tejada, Oficial de Operaciones del Banco Mundial

“Hay una falta palpable de consenso en temas prioritarios”

El responsable de la oficina del Banco Mundial en El Salvador sugiere a la Asamblea incluir garantías de transparencia en las propuestas de ley enviadas por el Ejecutivo, y manifiesta su preocupación porque se tenga que recurrir a medidas como el fideicomiso debido a la falta de acuerdos mínimos sobre los principales problemas del país y le preocupa que estas medidas terminen polarizando aún más el espectro político.

Alexis Henríquez / Fotos: Jaqueline Lazo
cartas@elfaro.net
Publicada el 11 de junio de 2007 - El Faro
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¿Cómo afecta al Banco Mundial que el crédito para educación y el DPL para seguridad se hayan sustituido por un fideicomiso?
El Banco Mundial siempre está dispuesto a ayudar al gobierno salvadoreño con sus programas sociales prioritarios, especialmente en las áreas donde nosotros trabajamos más. Obviamente menos proyectos indican una menor actividad de nuestros técnicos. Durante la última visita de nuestra directora (Jean Armitage, directora para América Central del Banco Mundial) se señaló que era justamente lo que íbamos a hacer en este contexto: trabajar en instrumentos alternativos, no necesariamente empréstitos; sino con asistencia técnica, pequeñas donaciones, asesoría en el sentido de reformas políticas, que no son actividades que necesitan de financiamiento. Nuestro interés es seguir acompañando a El Salvador en su futuro desarrollo.

Jean Armitage mencionaba que estaban por enviar técnicos para colaborar en el  fideicomiso de pensiones. ¿Han enviado ya esos técnicos?
No era sobre el fideicomiso de pensiones, sino el asesorar sobre el tema general del financiamiento de pensiones. Es una problemática a nivel mundial, específicamente de Estados donde su población se ha hecho mucho más vieja comparado con la población que paga los impuestos fijados. Nosotros no hemos dado una asesoría directa al Gobierno sobre el tema de pensiones.

Al Estado salvadoreño, según el ministro de Hacienda, le saldrá más costoso utilizar la figura del fideicomiso que haber aprobado préstamos internacionales.
¿Cuánto era la tasa del DPL (Préstamos de Políticas de Desarrollo) que no se aprobó?
Se expresa en un índice. Es la tasa LIBOR (London Interbank Offered Rate, ofrecida por el mercado londinense) de seis meses más 0. 25 por ciento. Si la tasa LIBOR aumenta o disminuye, esto aumenta o disminuye. Nosotros damos la opción de fijar la tasa, una vez desembolsado el préstamo. En resumen, esto implicaría alrededor de un 5 por ciento para un período de 17 años de amortización del préstamo. Tengo entendido que esta figura del fideicomiso será más cara que nuestro financiamiento, lo cual es lógico que lo sea porque es deuda sin garantía soberana. Entonces, el mercado exige un retorno a cambio de esa diferencia.

Algunos analistas señalan que la tasa de los títulos, que oscila entre el 6 y el 7 por ciento, podría aumentar a la hora de entrar en el mercado. Esto debido a que hay otros títulos atractivos, y habrá que aumentar la tasa para hacerlos competitivos.  
En esencia es cierto. Es la diferencia entre una deuda con garantía soberana o no. El mercado pone una prima, como cualquier seguro, sobre esta diferencia de emisión. Es perfectamente razonable que, a la hora de colocarlos, personas o instituciones que quieran comprar estos certificados exijan una tasa más alta que la que se pagaría bajo nuestros préstamos.

¿Cómo puede afectar esto las finanzas salvadoreñas?
La diferencia de tasas no creo que haga una diferencia importante. Definitivamente habrá un egreso mayor, pero no que sea de peso para que ponga en riesgo la estabilidad de país. Esto gracias a que aquí hay un nivel de deuda bajo o muy sostenible. Yo diría que lo más importante no es la diferencia del costo financiero, sino el uso que se le da a esos fondos para asegurar que tenga un retorno social aceptable. El uso de los fondos, el buen manejo, el destino social, es lo que define realmente el retorno que tendría. Esa pequeña diferencia, entre 5 por ciento con el préstamo y 6 por ciento con el fideicomiso, no me parece relevante.

¿A menos que llegara a 10 por ciento la tasa o más?
Sí, exacto. Estaríamos hablando del doble de costo. En sentido de gastos de financiamiento estarías duplicándolo.

¿Eso puede ocurrir en el mercado?
No creo bajo el contexto salvadoreño, porque tampoco estamos hablando de un Estado insolvente o con problemas.

¿Y la calificación de riesgo de El Salvador se vería afectada? Una casa evaluadora de riesgos dice que estas medidas son síntomas de que en El Salvador es difícil llegar a consensos, y eso afecta.
No sé cómo lo ven exactamente las calificadoras de riesgo. La verdad es que este tipo de financiamientos no es una innovación salvadoreña. Deuda pública a través de autónomas y a través de fideicomisos sin garantías soberanas es una figura que se utiliza en muchos países. Hay instituciones como nuestra Corporación Financiera Internacional (CFI) que presta a nivel sub nacional. No es algo inventado de los últimos meses. Lo que sí es preocupante es que a nivel político no se pueda llegar a un consenso en temas tan importantes como es educación, gasto social, seguridad. Es realmente preocupante que se llegue a estas alternativas para financiar gastos que son prioritarios. Por eso es que yo hago el énfasis: cómo se van a manejar estos recursos, el buen manejo de los mismos, que estén sometidos a la Corte de Cuentas, que estén controlados como si fueran un proyecto.

Precisamente una de las preocupaciones de los analistas es que este dinero no entra directamente al Presupuesto General de la Nación. Las únicas formas de fiscalizarlo son las que establece la ley: Corte de Cuentas y auditoría externa contratada por el fiduciario.
Es cierto, no habría control adicional por parte de los organismos financieros internacionales ya que no son proyectos que estamos financiando. Se manejaría como el resto del gasto público (a través del presupuesto).

¿Este es gasto público?
Sí, se va a utilizar para educación, para seguridad…

Al ser gasto público, ¿esta sería deuda soberana?
No… Es que hay aquí un tema legal. Yo no tengo la potestad… Eso lo decidirá un juez, una Corte. Pero deuda soberana incluye la aprobación de la Asamblea, que es el visto bueno del Estado. Esa es la garantía soberana. En este caso no es así. Es importante que el Gobierno explique realmente lo que es. Aquí creo realmente que no es el primer fideicomiso que se maneja, todos bajo la misma fórmula. Lo importante es que un inversionista no piense que esto tiene garantía soberana cuando de verdad no la tiene.

El préstamo para seguridad no fue el único que no se aprobó. A partir de estas negativas, el Banco Mundial y el BID señalaron que no van a continuar aprobando nuevos préstamos durante los próximos dos años. ¿Mantienen esta postura?
No. Esa postura realmente creo que fue un error de redacción de la prensa, porque justo se vino aquí a decir lo contrario. Se vino a decir que el Banco, aunque no puede trabajar de la forma regular dada la falta de consenso y aprobación de nuestros préstamos que necesitan garantía soberana, estaba dispuesto a continuar apoyando a El Salvador con medidas creativas como asistencia técnica, pequeñas donaciones en temas claves. Eso es muy diferente a decir que venimos a declarar una veda de préstamos. Francamente si en seis u ocho meses cambia el panorama y hay consenso en la Asamblea sobre temas prioritarios, que el Banco Mundial puede apoyar, nosotros estaríamos listos para hacerlo. Pero en ningún momento se ha declarado una veda.

Se habló de dos años sin préstamos…
Sí, pero por la pregunta que el periodista hizo. La pregunta se formuló de la siguiente forma: “Si de aquí a dos años por las elecciones no hay cambios, ¿el Banco Mundial seguiría preparando nuevos préstamos?”. Obviamente no. No lo va a solicitar el gobierno y no tiene sentido práctico que se prepare. Todo esto involucra gasto de recurso, de personal. Gastamos entre $400 mil a $500 mil para preparar un préstamo. Pero si hubiese consenso, que puede ser en seis, siete, ocho meses o dos años, estaremos dispuestos a hacerlo.

¿Cuánto tiempo se lleva preparar un proyecto?
El ciclo de proyecto entre seis y nueve meses. Depende del tipo de proyecto. 

¿Qué sentido tiene mantener abierta la oficina del Banco Mundial en San Salvador si cuesta tanto prepararlos y no hay ahora?
Nos interesa darle seguimiento cercano a los proyectos que tenemos en ejecución. Son pocos, pero hay uno que es verdaderamente importante en la región, que es el de la reconstrucción de hospitales. Además, para el otro tipo de intervenciones – asistencia técnica, donaciones – y para poder responder rápidamente si el panorama de consenso político cambia, nos ayudaría con la presencia acá. Hemos hecho una inversión en esta oficina, nos interesa estar aquí. También, aunque la parte del Banco Mundial más conocida es el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento), son cinco instituciones. La CFI están muy activa en el país, trabajando con las municipalidades y sub nacional. Ellos, como no tienen que ir por el filtro político, siguen sus actividades normalmente. Inclusive se va ampliar la oficina para que haya una persona más permanente de la CFI trabajando con El Salvador y el sector privado.

¿El Banco Mundial podría otorgar préstamos a autónomas como FOVIAL o CNR, aún cuando no se trate de deuda soberana?
El BIRF necesita garantía soberana para hacer esos préstamos.

¿La CFI sí podría?
Sí, podría. Saldría un poco más caro. Aunque no estamos contemplando eso ahorita.

¿Hay antecedentes del Banco realizando préstamos cuando no hay garantía soberana?
No en el pasado reciente. La CFI acaba de financiar, por ejemplo, en Guatemala el proyecto Transmilenio de autobuses. Es un consorcio privado-público, y la CFI es parte de los que financia eso. Pero acá en el país hemos trabajado más con el sector privado y municipalidades directamente. Ha sido con las municipalidades más grandes.  Pero el BIRF no puede entregar préstamos sin garantía soberana.

Estas figuras para financiar proyectos cierran espacios para que el Banco Mundial actué o participe en proyectos. El Salvador, después de Venezuela, es el otro país  que le ha cerrado las puertas al Banco Mundial. 
De una forma diferente. Muuuy diferente. No creo que sea algo en contra del Banco Mundial. Creo que el problema aquí es la falta de diálogo político en temas donde se decide, obligatoriamente, por consenso. Es evidente que no puede llegar ahí. Es importante que este nuevo método de financiamiento no fomente más esa situación.

¿Qué no se vuelva cotidiano esta forma de financiar proyectos?
No. Que no fomente una polarización. Hay una falta palpable de consenso en temas prioritarios. Hay ciertas cosas mínimas que se espera en todo Estado, y eso no está ocurriendo como debería acá. Es importante que a la hora de ejecutar estos fondos el gobierno mantenga puertas abiertas, mantenga un diálogo con los beneficiarios, con los impactados con este tipo de préstamos, y que esté abierto a críticas y sugerencias por parte de personas que no son necesariamente del gobierno. Que en el tema de la seguridad se trabaje de la mano con las municipalidades y diferentes instituciones. Y que se pongan controles y fiscalizaciones para que este gasto sea productivo, tenga retorno y sea transparente. Que no sea un financiamiento abierto, diferente al gasto público. Aquí se tiene que poner un énfasis y pedir en la Asamblea que en los decretos que se aprueben incluyan esas disposiciones.

Aún con la fiscalización del Banco Mundial han surgido polémicas. Desde la experiencia del caso de reconstrucción de hospitales, ¿se han mejorado las formas de supervisión?
Ha habido mucha acusación, pero no ha habido ningún tipo de decisión legal al respecto. De acuerdo a la supervisión que hemos hecho, no ha habido ningún tipo de problemas ni irregularidades preocupantes con este proyecto.

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